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09-11-2003

LA MUJER RURAL ZAMORANA EN LA ULTIMA DECADA DEL SIGLO XX

Radiografía en femenino

 

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Valentina Maya Frades, profesora zamorana autora de la investigación de la mujer rural 

Valentina Maya Frades, profesora de la Universidad de Salamanca y natural de Villaescusa, es la autora de una investigación sobre la mujer rural zamorana durante la última década del siglo XX. El análisis, que ha servido de base para su Tesis Doctoral, es una radiografía sobre la realidad social de la mujer asentada en el pueblo, un entorno en el que la propia autora se crió y que desde siempre ha añorado estudiar. La investigación revela que la evolución de la mujer rural hacia la igualdad es lenta, y más en el Oeste provincial.

La mujer rural en la provincia de Zamora durante la década 1990-2000 es el tema de la tesis doctoral de la profesora Valentina Maya Frades, una zamorana de Villaescusa que tuvo en sus propios orígenes el caldo de cultivo para la investigación que ha avalado su doctorado. Profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Salamanca, Valentina Maya ha pretendido conocer la realidad de la mujer rural en diversas facetas de la vida, como los servicios públicos que tienen los pueblos zamoranos, su papel en el ámbito doméstico o su tiempo libre.
Para ello ha entrevistado a 639 mujeres mayores de 16 años de 72 pueblos de la provincia y de todos los estados civiles. La encuesta-cuestionario ha sido el método utilizado por la autora, que se ha afianzado con la entrevista en profundidad para conocer opiniones, aptitudes o percepciones que las mujeres tienen de su propia situación.
De acuerdo con el censo de población del año 1991, el número de mujeres residentes en la provincia era de 62.260, reduciéndose a 53.833 las mayores de 16 años, todas ellas asentadas en 245 municipios menores de dos mil habitantes. Esa ha sido la base que ha dado contenido a un minucioso estudio que la profesora de Villaescusa espera ver publicado, con ayuda institucional, para enriquecer y alumbrar datos sobre las mujeres asentadas en los pueblos.
El trabajo toca los aspectos más significativos de la vida de la mujer rural, un medio que Valentina Maya conoce muy bien porque se ha criado en el pueblo, aunque fue de las contadas de su generación que se lanzaron a estudiar carrera universitaria. «Cuando iba los veranos al pueblo veía a mi madre tan sacrificada trabajando y los hombres cuando llegaban a casa no hacían nada. En aquella época estaba mal visto ir al bar, hablar con los chicos... Aquella situación me inquietó y me planteé hacer la tesis doctoral sobre la mujer rural para ver si había evolucionado», explica.
Las conclusiones no son alentadoras porque el cambio es lento, y más en el Oeste de la provincia, donde las mentalidades todavía aceptan el machismo con algo normal. El estudio empírico lleva a la profesora a deducir que «todavía tienen que pasar varias generaciones; esto no es de hoy para mañana».
La investigación analiza diversos aspectos como los servicios públicos, que en el medio rural «se caracterizan por la escasez de dotaciones en equipamientos de cualquier tipo» y esta carencia «influye, modifica y determina los medios de vida de las personas, y en particular de las mujeres», apunta la profesora Valentina Maya.
Porque aunque la Administración ha ido paliando en los últimos años tales deficiencias, aún así «son insuficientes para garantizar la calidad de vida en el medio rural», situación que se acentúa en las comarcas más desfavorecidas, más despobladas y más aisladas.
El estudio revela que las comarcas de Zamora no cuentan todas ellas con los mismos servicios públicos. De acuerdo con las informaciones aportadas por las entrevistadas, prácticamente todas las comarcas tienen Ayuntamiento e iglesia. En tiendas y pescadería las mayores carencias se dan en las comarcas del Oeste. Aliste, Fuentesaúco y Sayago son las que menos cuentan con teléfono público; mientras que la menor dotación de clubs de jubilados se localiza en Aliste, Benavente, Sanabria y Tierra del Pan. «Son muy pocas las mujeres que dicen tener este servicio en su pueblo», matiza la autora.
En Aliste, Sanabria, Sayago y Villalpando es donde existe un menor número de escuelas; y vuelve a ser el Oeste (Aliste, Sanabria y Sayago) el que presenta más carencias en el servicio médico. En cuanto a farmacias es la comarca de Aliste la que menos tiene, «y con diferencia respecto al resto». En cuanto a centros culturales, no llegan al cincuenta por ciento las mujeres que dicen tenerlo. La situación es más crítica en las comarcas de Aliste, Sanabria y Tierra del Pan.
Las encuestas revelan una situación curiosa, como es que si las mujeres del Oeste son las que admiten disponer de menos servicios públicos, son también las que menos demanda hacen de ellos. Por el contrario reclaman más agua corriente Sanabria y Villalpando; más iluminación y pavimentación, Pan y Toro; más servicio médico Sanabria y Tierra del Pan; más centros culturales, Pan y Villalpando; más instalaciones deportivas, Pan. Toro y Villalpando; y más residencias de ancianos, Benavente, Fuentesaúco y Tierra del Pan.
La calidad de vida de las mujeres se somete también a estudio, comprobando que ha mejorado gracias al incremento de los equipamientos básicos dentro del ámbito familiar, aunque son las del Oeste provincial (Aliste, Sanabria y Sayago) las que cuentan con menos servicios.
El rol hombre-mujer en la sociedad rural tradicional, marcado por la diferenciación de papeles, se ha ido reduciendo «debido a las transformaciones que ha experimentado el campo», indica la profesora Valentina Maya. De acuerdo con los datos recabados para la tesis doctoral, más de la mitad de las mujeres entrevistadas en las comarcas de Aliste, Benavente, Pan y Toro ayudan al marido en sus tareas. Las mayores de 51 años son las que más apoyan en actividades de recolección y sacar a pastar al ganado, especialmente las de Fuentesaúco, Sanabria, Aliste y Pan. Y las más jóvenes (26 a 30 años) lo hacen en el negocio que regenta el marido, fundamentalmente en Aliste, Sanabria, Sayago y Toro. «En esta edad las mujeres tienen una mayor formación y en algunos negocios de los maridos son ellas las encargadas de llevar la contabilidad», apunta la autora de la tesis doctoral.
Pero son las esposas de los agricultores las que tienen la jornada de trabajo más larga, sobre todo las del Oeste, que dedican más de seis horas diarias a sostener la explotación familiar. «Esta participación es considerada como "ayuda familiar" independientemente del número de horas invertidas y de la dureza del trabajo realizado. Es el trabajo invisible de todas estas mujeres, que no tiene un reconocimiento institucional ni social», se indica en la tesis doctoral.

Más de seis horas diarias para sostener la explotación familiar
En cuanto a las solteras que viven en el medio rural se aprecia un cambio de hábitos, porque ya no trabajan en el campo como lo han venido haciendo durante décadas. Según la muestra realizada por la profesora zamorana, una de cada cuatro mujeres que carecen de pareja tiene su propio trabajo y dos de ellas lo hacen en tareas domésticas.
El trabajo en la casa es una faceta del campo estudiado que revela que las mujeres rurales zamoranas emplean más de seis horas en las tareas domésticas, pero son las de Benavente las que más dedicación tienen, mientras que entre las de Aliste la cifra se reduce «ostensiblemente» porque dedican más tiempo a contribuir a la ayuda familiar. Del estudio se desprende que se mantiene la discriminación de la mujer en las tareas domésticas, aunque entre las generaciones más jóvenes se van introduciendo «poco a poco» cambios, «pero sólo como colaboración o ayuda. Aunque la mujer trabaje fuera de hogar, cuando llega a casa, ella es la responsable de todas las tareas».
El informe de la profesora Valentina Maya destaca que uno de cada cuatro maridos colabora en las tareas domésticas, pero son los jóvenes «quienes más hacen, reparando desperfectos y de vez en cuando», matiza.
Respecto a la percepción de las mujeres de su propia realidad, la tesis revela el papel determinante de las mujeres solteras estudiantes, quienes, en general, al haber tenido un contacto más directo con el medio urbano, han contribuido a la evolución de la mentalidad de las del medio rural. Y aunque aún no se da la igualdad entre ambos sexos, «es verdad que los planes de igualdad han empezado a tener en cuenta a este grupo, pero sólo en el ámbito laboral, no en otros ámbitos de la vida». La conclusión es que las jóvenes mantienen la percepción del «poder dominador» del marido, especialmente en la franja de 16 a 25 años, y la mitad de las mujeres entrevistadas «piensan que, a pesar de que se va mejorando, aún sigue habiendo desigualdades entre hombres y mujeres»; sobre todo se observa en las entrevistadas de Tierra del Pan, Fuentesaúco y Sanabria; las del Oeste provincial son las que más piensan que siguen igual de sacrificadas. La percepción de dependencia la tienen las mujeres con mayor nivel educativo.
El estilo de vida de las mujeres asentadas en los pueblos es otro de los aspectos estudiados por la profesora Valentina Maya. La investigación revela que los espacios utilizados en el medio rural son distintos en el caso de ellas y ellos, entre otras cosas porque «los cambios experimentados en los estilos de vida de la mujer rural zamorana no son tan significativos». Prueba de ello es que en el medio rural «hay todavía muchas mujeres que los fines de semana no cambian el ritmo de vida respecto al resto de la semana».
Sin embargo, un indicador del nuevo estilo es que son «bastantes» -tres de cada cuatro- las que salen con sus maridos los fines de semana y festivos, «hecho impensable hasta no hace tantos años». Una de cada cuatro féminas confiesa que no suele salir los festivos, un hecho que puede interpretarse negativamente, «en la medida que para estas mujeres, amas de casa, no hay diferencia entre los espacios que ocupan los días de la semana y los de fiesta, sino que todos son iguales».
No obstante, destaca la profesora Valentina Maya, los cambios experimentados por la sociedad rural han hecho que la mujer también tenga su propio tiempo para hacer lo que les apetezca. En el caso de las que poseen estudios empiezan a tener presencia en las asociaciones culturales, aunque aún muy limitado a festejos y trabajos manuales.
También la introducción de la maquinaria en el campo ha sido favorable para que la mujer disponga de más tiempo libre, aunque la mayor parte lo emplea en ver la televisión, seguido de la radio que escuchan mientras realizan las tareas domésticas. No obstante, una tercera parte de la muestra no escucha nunca la radio. Sin duda, concluye la doctora Maya, «la televisión absorbe gran cantidad de tiempo, y para demostrarle te puedo comentar una anécdota. Cuando estábamos haciendo las entrevistas, algunas me decían que volviera en un rato porque estaban viendo la novela».
Con tal volumen de datos, impresiones y sensaciones, Valentina maya ha elaborado una radiografía «lo más completa posible» de la realidad social de la mujer y su propio entorno». El trabajo es también la base de un estudio más amplio que la doctora zamorana quiere extender al resto de la región. La mujer como centro de una investigación con un campo muy amplio para estudiar.

 

Irene Gómez   

 

 
 Esta página se publicó por última vez el Friday, 01 June 2007 Copyright © 2006 J. N. A,