
Valentina Maya
Frades, profesora zamorana autora de la investigación de la mujer
rural |
Valentina Maya Frades, profesora de la Universidad de Salamanca y
natural de Villaescusa, es la autora de una investigación sobre la
mujer rural zamorana durante la última década del siglo XX. El
análisis, que ha servido de base para su Tesis Doctoral, es una
radiografía sobre la realidad social de la mujer asentada en el
pueblo, un entorno en el que la propia autora se crió y que desde
siempre ha añorado estudiar. La investigación revela que la
evolución de la mujer rural hacia la igualdad es lenta, y más en el
Oeste provincial.
La mujer rural en la provincia de Zamora durante la década 1990-2000
es el tema de la tesis doctoral de la profesora Valentina Maya
Frades, una zamorana de Villaescusa que tuvo en sus propios orígenes
el caldo de cultivo para la investigación que ha avalado su
doctorado. Profesora de la Facultad de Educación de la Universidad
de Salamanca, Valentina Maya ha pretendido conocer la realidad de la
mujer rural en diversas facetas de la vida, como los servicios
públicos que tienen los pueblos zamoranos, su papel en el ámbito
doméstico o su tiempo libre.
Para ello ha entrevistado a 639 mujeres mayores de 16 años de 72
pueblos de la provincia y de todos los estados civiles. La
encuesta-cuestionario ha sido el método utilizado por la autora, que
se ha afianzado con la entrevista en profundidad para conocer
opiniones, aptitudes o percepciones que las mujeres tienen de su
propia situación.
De acuerdo con el censo de población del año 1991, el número de
mujeres residentes en la provincia era de 62.260, reduciéndose a
53.833 las mayores de 16 años, todas ellas asentadas en 245
municipios menores de dos mil habitantes. Esa ha sido la base que ha
dado contenido a un minucioso estudio que la profesora de
Villaescusa espera ver publicado, con ayuda institucional, para
enriquecer y alumbrar datos sobre las mujeres asentadas en los
pueblos.
El trabajo toca los aspectos más significativos de la vida de la
mujer rural, un medio que Valentina Maya conoce muy bien porque se
ha criado en el pueblo, aunque fue de las contadas de su generación
que se lanzaron a estudiar carrera universitaria. «Cuando iba los
veranos al pueblo veía a mi madre tan sacrificada trabajando y los
hombres cuando llegaban a casa no hacían nada. En aquella época
estaba mal visto ir al bar, hablar con los chicos... Aquella
situación me inquietó y me planteé hacer la tesis doctoral sobre la
mujer rural para ver si había evolucionado», explica.
Las conclusiones no son alentadoras porque el cambio es lento, y más
en el Oeste de la provincia, donde las mentalidades todavía aceptan
el machismo con algo normal. El estudio empírico lleva a la
profesora a deducir que «todavía tienen que pasar varias
generaciones; esto no es de hoy para mañana».
La investigación analiza diversos aspectos como los servicios
públicos, que en el medio rural «se caracterizan por la escasez de
dotaciones en equipamientos de cualquier tipo» y esta carencia
«influye, modifica y determina los medios de vida de las personas, y
en particular de las mujeres», apunta la profesora Valentina Maya.
Porque aunque la Administración ha ido paliando en los últimos años
tales deficiencias, aún así «son insuficientes para garantizar la
calidad de vida en el medio rural», situación que se acentúa en las
comarcas más desfavorecidas, más despobladas y más aisladas.
El estudio revela que las comarcas de Zamora no cuentan todas ellas
con los mismos servicios públicos. De acuerdo con las informaciones
aportadas por las entrevistadas, prácticamente todas las comarcas
tienen Ayuntamiento e iglesia. En tiendas y pescadería las mayores
carencias se dan en las comarcas del Oeste. Aliste, Fuentesaúco y
Sayago son las que menos cuentan con teléfono público; mientras que
la menor dotación de clubs de jubilados se localiza en Aliste,
Benavente, Sanabria y Tierra del Pan. «Son muy pocas las mujeres que
dicen tener este servicio en su pueblo», matiza la autora.
En Aliste, Sanabria, Sayago y Villalpando es donde existe un menor
número de escuelas; y vuelve a ser el Oeste (Aliste, Sanabria y
Sayago) el que presenta más carencias en el servicio médico. En
cuanto a farmacias es la comarca de Aliste la que menos tiene, «y
con diferencia respecto al resto». En cuanto a centros culturales,
no llegan al cincuenta por ciento las mujeres que dicen tenerlo. La
situación es más crítica en las comarcas de Aliste, Sanabria y
Tierra del Pan.
Las encuestas revelan una situación curiosa, como es que si las
mujeres del Oeste son las que admiten disponer de menos servicios
públicos, son también las que menos demanda hacen de ellos. Por el
contrario reclaman más agua corriente Sanabria y Villalpando; más
iluminación y pavimentación, Pan y Toro; más servicio médico
Sanabria y Tierra del Pan; más centros culturales, Pan y
Villalpando; más instalaciones deportivas, Pan. Toro y Villalpando;
y más residencias de ancianos, Benavente, Fuentesaúco y Tierra del
Pan.
La calidad de vida de las mujeres se somete también a estudio,
comprobando que ha mejorado gracias al incremento de los
equipamientos básicos dentro del ámbito familiar, aunque son las del
Oeste provincial (Aliste, Sanabria y Sayago) las que cuentan con
menos servicios.
El rol hombre-mujer en la sociedad rural tradicional, marcado por la
diferenciación de papeles, se ha ido reduciendo «debido a las
transformaciones que ha experimentado el campo», indica la profesora
Valentina Maya. De acuerdo con los datos recabados para la tesis
doctoral, más de la mitad de las mujeres entrevistadas en las
comarcas de Aliste, Benavente, Pan y Toro ayudan al marido en sus
tareas. Las mayores de 51 años son las que más apoyan en actividades
de recolección y sacar a pastar al ganado, especialmente las de
Fuentesaúco, Sanabria, Aliste y Pan. Y las más jóvenes (26 a 30
años) lo hacen en el negocio que regenta el marido, fundamentalmente
en Aliste, Sanabria, Sayago y Toro. «En esta edad las mujeres tienen
una mayor formación y en algunos negocios de los maridos son ellas
las encargadas de llevar la contabilidad», apunta la autora de la
tesis doctoral.
Pero son las esposas de los agricultores las que tienen la jornada
de trabajo más larga, sobre todo las del Oeste, que dedican más de
seis horas diarias a sostener la explotación familiar. «Esta
participación es considerada como "ayuda familiar"
independientemente del número de horas invertidas y de la dureza del
trabajo realizado. Es el trabajo invisible de todas estas mujeres,
que no tiene un reconocimiento institucional ni social», se indica
en la tesis doctoral.
Más de seis horas diarias para sostener la explotación familiar
En cuanto a las solteras que viven en el medio rural se aprecia un
cambio de hábitos, porque ya no trabajan en el campo como lo han
venido haciendo durante décadas. Según la muestra realizada por la
profesora zamorana, una de cada cuatro mujeres que carecen de pareja
tiene su propio trabajo y dos de ellas lo hacen en tareas
domésticas.
El trabajo en la casa es una faceta del campo estudiado que revela
que las mujeres rurales zamoranas emplean más de seis horas en las
tareas domésticas, pero son las de Benavente las que más dedicación
tienen, mientras que entre las de Aliste la cifra se reduce
«ostensiblemente» porque dedican más tiempo a contribuir a la ayuda
familiar. Del estudio se desprende que se mantiene la discriminación
de la mujer en las tareas domésticas, aunque entre las generaciones
más jóvenes se van introduciendo «poco a poco» cambios, «pero sólo
como colaboración o ayuda. Aunque la mujer trabaje fuera de hogar,
cuando llega a casa, ella es la responsable de todas las tareas».
El informe de la profesora Valentina Maya destaca que uno de cada
cuatro maridos colabora en las tareas domésticas, pero son los
jóvenes «quienes más hacen, reparando desperfectos y de vez en
cuando», matiza.
Respecto a la percepción de las mujeres de su propia realidad, la
tesis revela el papel determinante de las mujeres solteras
estudiantes, quienes, en general, al haber tenido un contacto más
directo con el medio urbano, han contribuido a la evolución de la
mentalidad de las del medio rural. Y aunque aún no se da la igualdad
entre ambos sexos, «es verdad que los planes de igualdad han
empezado a tener en cuenta a este grupo, pero sólo en el ámbito
laboral, no en otros ámbitos de la vida». La conclusión es que las
jóvenes mantienen la percepción del «poder dominador» del marido,
especialmente en la franja de 16 a 25 años, y la mitad de las
mujeres entrevistadas «piensan que, a pesar de que se va mejorando,
aún sigue habiendo desigualdades entre hombres y mujeres»; sobre
todo se observa en las entrevistadas de Tierra del Pan, Fuentesaúco
y Sanabria; las del Oeste provincial son las que más piensan que
siguen igual de sacrificadas. La percepción de dependencia la tienen
las mujeres con mayor nivel educativo.
El estilo de vida de las mujeres asentadas en los pueblos es otro de
los aspectos estudiados por la profesora Valentina Maya. La
investigación revela que los espacios utilizados en el medio rural
son distintos en el caso de ellas y ellos, entre otras cosas porque
«los cambios experimentados en los estilos de vida de la mujer rural
zamorana no son tan significativos». Prueba de ello es que en el
medio rural «hay todavía muchas mujeres que los fines de semana no
cambian el ritmo de vida respecto al resto de la semana».
Sin embargo, un indicador del nuevo estilo es que son «bastantes»
-tres de cada cuatro- las que salen con sus maridos los fines de
semana y festivos, «hecho impensable hasta no hace tantos años». Una
de cada cuatro féminas confiesa que no suele salir los festivos, un
hecho que puede interpretarse negativamente, «en la medida que para
estas mujeres, amas de casa, no hay diferencia entre los espacios
que ocupan los días de la semana y los de fiesta, sino que todos son
iguales».
No obstante, destaca la profesora Valentina Maya, los cambios
experimentados por la sociedad rural han hecho que la mujer también
tenga su propio tiempo para hacer lo que les apetezca. En el caso de
las que poseen estudios empiezan a tener presencia en las
asociaciones culturales, aunque aún muy limitado a festejos y
trabajos manuales.
También la introducción de la maquinaria en el campo ha sido
favorable para que la mujer disponga de más tiempo libre, aunque la
mayor parte lo emplea en ver la televisión, seguido de la radio que
escuchan mientras realizan las tareas domésticas. No obstante, una
tercera parte de la muestra no escucha nunca la radio. Sin duda,
concluye la doctora Maya, «la televisión absorbe gran cantidad de
tiempo, y para demostrarle te puedo comentar una anécdota. Cuando
estábamos haciendo las entrevistas, algunas me decían que volviera
en un rato porque estaban viendo la novela».
Con tal volumen de datos, impresiones y sensaciones, Valentina maya
ha elaborado una radiografía «lo más completa posible» de la
realidad social de la mujer y su propio entorno». El trabajo es
también la base de un estudio más amplio que la doctora zamorana
quiere extender al resto de la región. La mujer como centro de una
investigación con un campo muy amplio para estudiar.
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