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Cuatro
zamoranos acaban de protagonizar durante ocho días de julio una
auténtica vuelta cicloturista a la provincia de Zamora. Con la ayuda
de sus bicicletas de montaña y un coche de apoyo, estos entusiastas
del deporte del pedal han recorrido 525 kilómetros del perímetro
provincial, a través de caminos rurales. La falta de tiempo les ha
impedido completar el recorrido total, que suma más de 800
kilómetros, pero el año que viene piensan realizar las etapas que
les faltan, desde Muelas de los Caballeros hasta Villadepera.
Paco Fernández, Tomás Pedrero y Horacio Calles, acompañados por José
Manuel Pedrero en el coche de apoyo, han completado en ocho etapas
525 kilómetros del perímetro provincial a bordo de sus bicicletas de
montaña y aprovechando la red de caminos rurales y tradicionales que
surcan la geografía zamorana. El 19 de julio partía la expedición
desde Villadepera, localidad próxima al Puente Pino, con dirección
al sur, hacia Fermoselle. El camino se lo tenían muy bien estudiado,
ya que a lo largo de los dos últimos años han ido recorriendo
durante los fines de semana y en pequeños tramos la ruta que este
verano abordaban de un tirón. Esa primera etapa, que discurrió por
los impresionantes paisajes de los Arribes del Duero, fue la que más
problemas dió a los ciclistas, por los pinchazos y los tramos
excesivamente duros que era necesario abordar a pie. «Las etapas
oscilaban entre los 60 y los 75 kilómetros», explica Paco Fernández,
uno de los expedicionarios. Comenzaban a pedalear a las siete de la
mañana y no paraban hasta las dos de la tarde. En el trayecto se
alimentaban fundamentalmente fruta para el avituallamiento de media
mañana, y se hacían sus propias ensaladas, para acompañar la comida
de lata y embutidos, a la hora del almuerzo. Por la tarde tocaba
descansar para reponer fuerzas y hacer un poco de turismo en los
pueblos de final de etapa. La comida fuerte y caliente del día era
la cena, normalmente en restaurantes locales, mientras que el
alojamiento nocturno lo solucionaron pidiendo albergue en los
lugares de destino. «Hemos dormido en colegios, ayuntamientos,
polideportivos, parroquias y un albergue municipal», explica
Fernández, agradecido por la colaboración encontrada por parte de
los lugareños.
La segunda etapa discurrió entre Fermoselle y Moraleja de Sayago,
tierra de encinas, caminos que seguían el borde del embalse de
Almendra y zonas de grandes dehesas: «Alguna vez anduvimos por entre
ganado, y aunque el dueño decían que las vacas no hacían nada...».
La ermita del pueblo anegado de Argusinos o el centro de
interpretación de Salce. La tercera jornada les llevó hasta
Fuentesaúco, fue una de las más largas y aunque discurre por
terrenos de cultivo de cereal, también tiene sus espacios verdes,
como el pinar de Mayalde o la dehesa de El Cubeto. La cuarta etapa
se consumó entre Fuentesaúco y Toro, por Vallesa de la Guareña, zona
de cultivo de girasoles, maíz y otros de regadío. De Toro a
Villalpando, en la quinta etapa, el ciclista encuentra toboganes en
un recorrido de largas rectas que pasa por lugares como el castillo
de Villalonso. A partir de Belver de los Montes aparecen ya las
cuestas. Llama la atención a los viajeros las tierras de alfalfa sin
recoger «que suponemos son las parcelas cultivadas por la Junta para
alimento de las avutaradas». El recorrido entre Villalpando y San
Cristóbal de Entreviñas y entre esta localidad y Ayoó de Vidriales,
sexta y séptima etapas, introduce a los ciclistas en los fértiles
valles, donde cambia el paisaje por completo. Coinciden, en las
obras de la futura autovía de Benavente León, con seis camiones que
llevan su mismo recorrido, pero levantan mucho más polvo. La última
etapa, Ayoó-Muelas de los Caballeros les mete en plena sierra. Será
este pueblo el punto de partida de la expedición el año que viene,
para completar todo el perímetro provincial por Sanabria y Aliste
hasta desembocar, de nuevo, en Villadepera.
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