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15-02-2003

Manuel Mesonero, ginecólogo: «Atendí mi primer parto en 1954 y además la madre traía gemelos»

«Durante un tiempo apuntaba en un libreta todos los alumbramientos; cuando llegué al centenar dejé de hacerlo»

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Manuel Mesonero, en las instalaciones de La Opinión de Zamora

En 1954 atendió su primer parto y trajo al mundo al hermano gemelo de un bebé que había nacido horas antes en el pueblo donde residía su abuela. Casi cincuenta años después, Manuel Mesonero, salmantino de Babilafuente, se jubila como ginecólogo, no sin antes recibir las muestras de cariño de sus compañeros de trabajo y amigos, que anoche le acompañaron en una cena de despedida. Faltó su mentor Pedro Almendral, que no asistió dada su avanzada edad.

-Ejerce desde el año 1954, ¿recuerda el primer parto que asistió?
-Comencé en cuarto curso a estudiar obstetricia y mi primer trabajo fue en el hospital de Salamanca. Recuerdo que el primer parto que asistí fue el de una madre que además traía gemelos. El primer niño había nacido en el pueblo de Coca de Alba, que casualmente era el municipio en el que había nacido mi abuela, sin ninguna complicación. Pero, como aquello no se acababa, llamaron a mi abuela para ver que hacían con el segundo bebé, que no salía. Ella les dijo que lo mejor era trasladar a la madre a Salamanca. Y allí estaba yo para atenderla.
?Durante unos años "aparcó" la ginecología y ejerció como médico de cabecera...
 

En 1958 me estrené como médico en Ayoó de Vidriales con un miedo atroz. Mi hermano, que era médico, tuvo la idea de casarse ese año y, con toda tranquilidad, se atrevió a decirme que hiciera yo la sustitución. Allí estuve un mes y tuve que ingeniármelas y estudiar cada caso. No salieron las cosas mal y aprendí de verdad medicina general.
-Su primer contacto con Zamora fue durante el servicio militar en Monte la Reina, ¿por qué regresó después a ejercer su profesión cuando en Salamanca tenía más posibilidades?
-En 1959 tuve que completar las milicias universitarias y lo hice en el hospital militar de Palma de Mallorca. Regresé a Salamanca en el 60, pero entonces me di cuenta de que con mi especialidad -entonces no había hospitales de la Seguridad Social y los puestos oficiales eran pocos- la única salida era poner una consulta privada. Como eso lo veía muy lejos decidí ejercer la medicina general en los Partidos de Asistencia Pública Domiciliaria. Coincidió que había una plaza vacante era un pueblo de Zamora, Vallesa de la Guareña, muy próximo a Salamanca. Desde entonces no he salido de esta provincia.
-¿Es capaz de recordar cuántos niños ha traído al mundo?
-Al principio apuntaba en una libreta cada parto que asistía. Los apuntes tenían una finalidad científica, no era un recordatorio. Cuando llevaba un centenar dejé aquella libreta. Aún hoy me encuentro con madres que recuerdan que fui yo la persona que les atendió. El otro día en el curso de Lenguajes de Signos una joven me comentaba que su madre le había dicho que yo era el ginecólogo que la atendió. Para mí es una satisfacción.
-¿Muchos partos difíciles?
-Recuerdo una Nochebuena en Pozoantiguo. Una madre primeriza traía un niño de nalgas, la tuve que colocar en la cama de forma transversal y afortunadamente todo salió bien. Otra vez tuve que romper un cántaro en Pueblica de Valverde para que cupieran los forceps y ponerlos a hervir a la lumbre. Teníamos lo más elemental, pero contábamos con buena formación. También ejercí diez años en Morales del Vino y sólo tengo buenos recuerdos.
-La píldora del día después, ¿anticonceptivo o método abortivo?
-Lo bonito es la maternidad y todas las circunstancias que la dificulten no dejan der ser negativas. La píldora del día después es un abortivo. El mejor anticonceptivo es el método ogino, lo que ocurre es que para utilizarlo se necesita cierto autocontrol. Es más eficaz que la píldora y los preservativos si se hace bien. Tiene una eficacia del 96 por ciento.
-Fecundación in vitro, epidural..., ¿cuál es el gran "invento" que le queda por descubrir a la ciencia en su especialidad?
-Nos falta por conseguir de forma plena la permeabilidad de las trompas de la mujer. La impermeabilidad de esas trompas es la causa de la esterilidad femenina y aquí es donde se debería gastar más dinero.
-¿Su tiempo libre lo va a dedicar a...?
- Si me da pena jubilarme es porque voy a perder el contacto con los compañeros de trabajo, pero no con los enfermos, ya que si ya no puedo curarles sí voy a seguir escuchándolos. Seguiré estudiando, dando conferencias y continuará mi labor en la Pastoral de la Salud.

 

 Silvia Fernández   

 

 
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