
Manuel Mesonero,
en las instalaciones de La Opinión de Zamora |
En 1954
atendió su primer parto y trajo al mundo al hermano gemelo de un
bebé que había nacido horas antes en el pueblo donde residía su
abuela. Casi cincuenta años después, Manuel Mesonero, salmantino de
Babilafuente, se jubila como ginecólogo, no sin antes recibir las
muestras de cariño de sus compañeros de trabajo y amigos, que anoche
le acompañaron en una cena de despedida. Faltó su mentor Pedro
Almendral, que no asistió dada su avanzada edad.
-Ejerce desde el año 1954, ¿recuerda el primer parto que asistió?
-Comencé en cuarto curso a estudiar obstetricia y mi primer trabajo
fue en el hospital de Salamanca. Recuerdo que el primer parto que
asistí fue el de una madre que además traía gemelos. El primer niño
había nacido en el pueblo de Coca de Alba, que casualmente era el
municipio en el que había nacido mi abuela, sin ninguna
complicación. Pero, como aquello no se acababa, llamaron a mi abuela
para ver que hacían con el segundo bebé, que no salía. Ella les dijo
que lo mejor era trasladar a la madre a Salamanca. Y allí estaba yo
para atenderla.
?Durante unos años "aparcó" la ginecología y ejerció como médico de
cabecera...
En 1958
me estrené como médico en Ayoó de Vidriales con un miedo
atroz. Mi hermano, que era médico, tuvo la idea de casarse ese año
y, con toda tranquilidad, se atrevió a decirme que hiciera yo la
sustitución. Allí estuve un mes y tuve que ingeniármelas y estudiar
cada caso. No salieron las cosas mal y aprendí de verdad medicina
general.
-Su primer contacto con Zamora fue durante el servicio militar en
Monte la Reina, ¿por qué regresó después a ejercer su profesión
cuando en Salamanca tenía más posibilidades?
-En 1959 tuve que completar las milicias universitarias y lo hice en
el hospital militar de Palma de Mallorca. Regresé a Salamanca en el
60, pero entonces me di cuenta de que con mi especialidad -entonces
no había hospitales de la Seguridad Social y los puestos oficiales
eran pocos- la única salida era poner una consulta privada. Como eso
lo veía muy lejos decidí ejercer la medicina general en los Partidos
de Asistencia Pública Domiciliaria. Coincidió que había una plaza
vacante era un pueblo de Zamora, Vallesa de la Guareña, muy próximo
a Salamanca. Desde entonces no he salido de esta provincia.
-¿Es capaz de recordar cuántos niños ha traído al mundo?
-Al principio apuntaba en una libreta cada parto que asistía. Los
apuntes tenían una finalidad científica, no era un recordatorio.
Cuando llevaba un centenar dejé aquella libreta. Aún hoy me
encuentro con madres que recuerdan que fui yo la persona que les
atendió. El otro día en el curso de Lenguajes de Signos una joven me
comentaba que su madre le había dicho que yo era el ginecólogo que
la atendió. Para mí es una satisfacción.
-¿Muchos partos difíciles?
-Recuerdo una Nochebuena en Pozoantiguo. Una madre primeriza traía
un niño de nalgas, la tuve que colocar en la cama de forma
transversal y afortunadamente todo salió bien. Otra vez tuve que
romper un cántaro en Pueblica de Valverde para que cupieran los
forceps y ponerlos a hervir a la lumbre. Teníamos lo más elemental,
pero contábamos con buena formación. También ejercí diez años en
Morales del Vino y sólo tengo buenos recuerdos.
-La píldora del día después, ¿anticonceptivo o método abortivo?
-Lo bonito es la maternidad y todas las circunstancias que la
dificulten no dejan der ser negativas. La píldora del día después es
un abortivo. El mejor anticonceptivo es el método ogino, lo que
ocurre es que para utilizarlo se necesita cierto autocontrol. Es más
eficaz que la píldora y los preservativos si se hace bien. Tiene una
eficacia del 96 por ciento.
-Fecundación in vitro, epidural..., ¿cuál es el gran "invento" que
le queda por descubrir a la ciencia en su especialidad?
-Nos falta por conseguir de forma plena la permeabilidad de las
trompas de la mujer. La impermeabilidad de esas trompas es la causa
de la esterilidad femenina y aquí es donde se debería gastar más
dinero.
-¿Su tiempo libre lo va a dedicar a...?
- Si me da pena jubilarme es porque voy a perder el contacto con los
compañeros de trabajo, pero no con los enfermos, ya que si ya no
puedo curarles sí voy a seguir escuchándolos. Seguiré estudiando,
dando conferencias y continuará mi labor en la Pastoral de la Salud.
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