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El
escudo de Ayoó de Vidriales refleja los principales
aconteceres que ha protagonizado la localidad a lo largo de los
tiempos, desde su fundación. Durante la Reconquista, colonos
procedentes del norte eligieron el lugar como asentamiento para la
repoblación de la Cuenca del Duero, en torno al Monasterio de Ageo,
que da nombre a la villa y ha marcado su historia con huella
indeleble. A partir de su creación la localidad profundiza ahora en
la documentación que dio pié a la configuración del emblema.
El escudo de armas de Ayoó de Vidriales «recoge lo más
entrañable de la villa y sus habitantes», escribe Mariano Rivera Vázquez,
autor del estudio en el que se ha cimentado la elaboración del
emblema local.
El báculo de oro que aparece en el segundo cuartel, sobre un fondo
azul, simboliza el antiguo monasterio de Ageo o Argeo, de donde
procede el nombre de la población. Las estancias del cenobio se
encontrarían «en lo que hoy es la iglesia de San Salvador» y se
completarían con la propiedad de numerosas tierras de labor en los
alrededores.
Los religiosos compaginarían el oficio de campesinos con el de
renteros de los agricultores, quienes les irían comprando esas
fincas poco a poco. La fundación se atribuye al monje Arandiselo,
pero sin duda el más conocido de sus abades fue San Genadio, que
creó numerosos monasterios en el Bierzo, entre ellos San Pedro de
Montes, en el valle del Silencio.
Para Felipe Gabriel Tostón, historiador del arte hijo del pueblo,
no está claro si fueron monjes cistercienses, la versión más
extendida, o cluniacienses, los que formaron la comunidad
espiritual.
En el lugar existió un scriptorium donde se copiaron numerosos
libros para dotar a la biblioteca y a los nuevos centros
benedictinos. Este hecho está representado en el tercer cuartel con
un códice de oro al que acompaña un azadón, imprescindible para
roturar las tierras de labor. Como recuerda un vecino, los monjes
llegaron para cultivar espiritualmente la zona «con la mitra en la
cabeza, el códice bajo el brazo y en la mano el azadón». El
cenobio, que al parecer floreció pronto, tuvo su época de
esplendor en los siglos IX y X. Recibió privilegios de los Reyes de
León, pero esto no impidió que fuera destruido al menos dos veces:
por las hordas de Almanzor y los caballeros templarios.
La cruz de estos últimos, sobre campo de plata, aparece en el
primer cuartel. Rivera cuenta que presumiblemente «construyeron la
torre defensiva y fueron los señores de Ayoó, Carracedo y Congosta
hasta que disolvieron la orden». Su llegada supuso la expulsión,
con la fuerza de las armas, de los monjes de Ageo, que acudieron
pedir auxilio a sus hermanos de San Martín de Castañeda.
El carácter y las virtudes de los vecinos también tienen cabida en
los colores y esmaltes del escudo de la localidad. Así, el color
rojo simboliza la caridad de su juventud, el azul la justicia de sus
hombres y la plata o color blanco la humildad de sus mujeres. La
corona real preside el conjunto, ya que Ayoó de Vidriales puede
presumir de ostentar el título de villa, como pocas localidades en
la comarca.
El premeditado olvido de las armas del Marqués de Alcañices, señor
feudal del término:
Los emblemas del Marqués de Alcañices, señor de Ayoó, no se han
recogido en el escudo. «Parece ser que no se portó nunca bien con
el pueblo, por eso hemos decidido centrarnos en San Genadio y el
monasterio», explica la alcaldesa, Sofía Tostón. Ésta es al
menos la creencia que existe entre los vecinos.
A falta de profundizar y clasificar la documentación histórica
recopilada, lo único cierto es que la decadencia del municipio
comenzó con el señorío de este noble, que contaba con un
administrador en el lugar para cobrar a sus moradores impuestos que
se tributaban en especie. «Con él la villa no experimentó ningún
progreso, todo lo contrario».
Tras la última reforma de la parroquia de San Salvador apareció,
al rebajar el suelo, un curioso enterramiento. Se ignora a quién
pudo pertenecer, pero la regidora está convencida de que alberga
los restos de «alguien importante», ya que la estructura es de
piedra negra, una variedad que no existe en la zona. Además, tiene
una gran magnitud y dos escaleras de acceso. Junto a él se descubrió
un cráneo y varias monedas que fueron trasladadas al Museo
Provincial de Zamora.
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