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25-08-2002

Emblema de un pasado monástico

Ayoó de Vidriales recupera su historia a partir de la creación de su escudo

arco_iglesia_bn.jpg (30775 bytes)El escudo de Ayoó de Vidriales refleja los principales aconteceres que ha protagonizado la localidad a lo largo de los tiempos, desde su fundación. Durante la Reconquista, colonos procedentes del norte eligieron el lugar como asentamiento para la repoblación de la Cuenca del Duero, en torno al Monasterio de Ageo, que da nombre a la villa y ha marcado su historia con huella indeleble. A partir de su creación la localidad profundiza ahora en la documentación que dio pié a la configuración del emblema.

El escudo de armas de Ayoó de Vidriales «recoge lo más entrañable de la villa y sus habitantes», escribe Mariano Rivera Vázquez, autor del estudio en el que se ha cimentado la elaboración del emblema local.
El báculo de oro que aparece en el segundo cuartel, sobre un fondo azul, simboliza el antiguo monasterio de Ageo o Argeo, de donde procede el nombre de la población. Las estancias del cenobio se encontrarían «en lo que hoy es la iglesia de San Salvador» y se completarían con la propiedad de numerosas tierras de labor en los alrededores.
Los religiosos compaginarían el oficio de campesinos con el de renteros de los agricultores, quienes les irían comprando esas fincas poco a poco. La fundación se atribuye al monje Arandiselo, pero sin duda el más conocido de sus abades fue San Genadio, que creó numerosos monasterios en el Bierzo, entre ellos San Pedro de Montes, en el valle del Silencio.
Para Felipe Gabriel Tostón, historiador del arte hijo del pueblo, no está claro si fueron monjes cistercienses, la versión más extendida, o cluniacienses, los que formaron la comunidad espiritual.
En el lugar existió un scriptorium donde se copiaron numerosos libros para dotar a la biblioteca y a los nuevos centros benedictinos. Este hecho está representado en el tercer cuartel con un códice de oro al que acompaña un azadón, imprescindible para roturar las tierras de labor. Como recuerda un vecino, los monjes llegaron para cultivar espiritualmente la zona «con la mitra en la cabeza, el códice bajo el brazo y en la mano el azadón». El cenobio, que al parecer floreció pronto, tuvo su época de esplendor en los siglos IX y X. Recibió privilegios de los Reyes de León, pero esto no impidió que fuera destruido al menos dos veces: por las hordas de Almanzor y los caballeros templarios.
La cruz de estos últimos, sobre campo de plata, aparece en el primer cuartel. Rivera cuenta que presumiblemente «construyeron la torre defensiva y fueron los señores de Ayoó, Carracedo y Congosta hasta que disolvieron la orden». Su llegada supuso la expulsión, con la fuerza de las armas, de los monjes de Ageo, que acudieron pedir auxilio a sus hermanos de San Martín de Castañeda.
El carácter y las virtudes de los vecinos también tienen cabida en los colores y esmaltes del escudo de la localidad. Así, el color rojo simboliza la caridad de su juventud, el azul la justicia de sus hombres y la plata o color blanco la humildad de sus mujeres. La corona real preside el conjunto, ya que Ayoó de Vidriales puede presumir de ostentar el título de villa, como pocas localidades en la comarca.
El premeditado olvido de las armas del Marqués de Alcañices, señor feudal del término:
Los emblemas del Marqués de Alcañices, señor de Ayoó, no se han recogido en el escudo. «Parece ser que no se portó nunca bien con el pueblo, por eso hemos decidido centrarnos en San Genadio y el monasterio», explica la alcaldesa, Sofía Tostón. Ésta es al menos la creencia que existe entre los vecinos.
A falta de profundizar y clasificar la documentación histórica recopilada, lo único cierto es que la decadencia del municipio comenzó con el señorío de este noble, que contaba con un administrador en el lugar para cobrar a sus moradores impuestos que se tributaban en especie. «Con él la villa no experimentó ningún progreso, todo lo contrario».
Tras la última reforma de la parroquia de San Salvador apareció, al rebajar el suelo, un curioso enterramiento. Se ignora a quién pudo pertenecer, pero la regidora está convencida de que alberga los restos de «alguien importante», ya que la estructura es de piedra negra, una variedad que no existe en la zona. Además, tiene una gran magnitud y dos escaleras de acceso. Junto a él se descubrió un cráneo y varias monedas que fueron trasladadas al Museo Provincial de Zamora.

 

María Martínez García - nº 178

 

 
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