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| Imagen
de de la procesión celebrada en Ayoó de Vidriales con motivo
de la festividad de San Mamés |
Cientos
de fieles participaron ayer en la tradicional procesión hasta
la ermita de Ayoó de Vidriales, que conmemoró la festividad de San Mamés.
La potente megafonía de la iglesia comenzó a mediodía a llenar las
calles del pueblo de cánticos religiosos. Media hora después las
campanas llamaban a los devotos, que se congregaron a la puerta del
templo para esperar la salida de la Virgen del Rosario.
Los hombres se colocaron delante, precedidos por el estandarte púrpura
del Santo, mientras las mujeres, algunas descalzas, eran las encargadas
de portar las andas. Numerosas personas se unieron a la comitiva en la
plaza del pueblo y varias ancianas salieron de sus casas para ver pasar
a la imagen. La hierbabuena que cubría algunas calles daba un olor muy
agradable al paso de los feligreses. Los sones de la dulzaina y
ocasionalmente los del tambor, acompañaron al cortejo durante todo el
trayecto.
En un ambiente recogido, se produjo, a mitad de camino, el encuentro con
la talla de San Mamés, que había partido de la ermita. Voces femeninas
entonaron entonces un himno con referencias a las dos figuras. «Se ha
recuperado de las antiguas canciones», explicó la alcaldesa, Sofía
Tostón. «Era muy tradicional la loa al santo, pero se perdió hace
unos años». La marcha se reanudó al terminar el cántico entre zonas
de huerta que iban dando paso a campos de trigo segados.
La regidora recordó cómo, antiguamente, muchas personas realizaban la
última parte del trayecto, la subida hasta el santuario y la posterior
vuelta a su alrededor, de rodillas. «Además, la gente traía a esta
pradera a sus vacadas y pasaba aquí el día». Una vez dentro de la
capilla, antes de comenzar la eucaristía, varios fieles pagaron un
donativo para colocar al santo en su trono. La cantidad se enunciaba en
pesetas, aunque se abonaba en euros. El dinero obtenido se dedica la
conservación de la ermita. «Antes, las ofrendas eran en especie y el
dinero obtenido de su venta se destinaba a arreglar el edificio»,
explicó Sofía Tostón. La talla de San Mamés ha sufrido hace unos
meses una restauración que le ha devuelto la policromía original y ha
eliminado añadidos posteriores.
Al entrar en el templo, prueba de la devoción que se procesa al santo,
los fieles no dejaron de besar la figura de San Mamés.
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