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Entre rocas
escarpadas
Y viejas montañas,
Entre soles
ardientes
y cielos estrellados,
Entre
inviernos heladores
y primavera de esperanza,
Acurrucado en
el seno de un monte,
al pie de una explanada,
se extiende con triste calma
aquel pueblo de sangre castellana.
Algunas
callejas escondidas,
Unas fuentes de antaño,
muros de barro y paja,
llenas sus plazas de encanto...
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Caminitos de
tierra y piedra,
senderos de los campos,
Agua pura, libre y transparente
que toque algún día con mis manos...
Mañanas frías
de nieve,
ráfagas de viento helado,
Noches de niebla en diciembre,
madrugadas tibias en verano.
Bonitos
atardeceres,
cuando ya va muriendo agosto...
Perezosa lluvia cae
cuando va naciendo el otoño...
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Lágrimas en
mis ojos siento,
cuando tengo que marcharme,
Despedirme con septiembre del verano,
Y olvidarme de nuevo, que pena me da dejarte...
Meteré en el
bolsillo
los recuerdos de tus tardes,
El sabor de las noches
y alguna piedra de tus calles,
Grabaré con
tristeza en mi pecho
tu nombre mientras me voy
Y
con un último susurro te diré:
Hasta otro año, querido Ayoó.
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