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El Ti Joaquin

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Actualizado: hace 1 hora 20 mins

El antruejo de Alixa (Alija del Infantado)

Dom, 02/22/2015 - 23:38





Una treintena de figurantes y el patio de un castillo de finales del medievo: interesante mezcla, bien sazonada con tradición ancestral, para disfrute de cuantos se acercan cada año a Alija del Infantado el sábado previo al Martes de Carnaval. Acontecimiento declarado Fiesta de Interés Turístico; merecidamente, esa es la sensación general del público, tras ser arte y parte en el desarrollo de una representación arcaica. A mi modo de ver, se debe de entender y valorar, desde algunas fases claras, la evolución de este un rito milenario.

Así tenemos un ejemplo de sincretismo y otro de adaptación para espectáculo. El primero sería la convivencia con las ceremonias cristianas, con inclusión de personajes y monumentos religiosos como son Doña Cuaresma y la Iglesia de San Verísimo, y elementos laicos, como son la Corregidora o el Castillo-Palacio. El otro es la representación para un público, como llamada turística, concentrando en un solo punto lo que antaño ocurría por todo el pueblo. Esto último ha requerido la vuelta al origen, al fundamento, a la rareza que lo hace ser un antruejo único y especial.

La historia comienza en Alixa, poblado celta precedente a la actual Alija del Infantado, situado en el patio amurallado del castillo, aderezado con varios elementos típicos: sobre las hogueras penden los calderos para cocinar, las pieles secan sobre bastidores, y símbolos y talismanes marcan límites a la aldea. Aparece la figura del druida, un sacerdote con largo sayo de lino que cubre con pieles la cabeza; en voz alta invoca a los dioses solicitando protección, avisando del inminente peligro que solo él puede presentir. Entonces el Gran Jurru despierta de un sueño anual y convoca a sus guerreros. Cada vez más nerviosos y agitados aparecen por todos los rincones para reunirse en torno a su líder. Sobre las vestimentas blancas ciñen un fajín rojo, y correas sujetando esquilas y cencerros. En sus cabezas melenudas despuntan diabólicos cuernos, y poblados bigotes y barbas indican desaliño y dejadez. En el desfigurado rostro resaltan bocas y ojos sangrientos, henchidos por el odio. Con destreza manipulan largas tenazas provistas de dientes de sierra, diseñadas para agarrar y no soltar. Sus atributos son el fuego, la bronca, la burla o cualquier tropelía que acabe con el silencio y la paz. El mensaje que reciben del Gran Jurru es claro: deben salir a jurrar por Alixa. Con sus saltos, carreras y andares cómicos recorren el poblado, armados con sus tenazas, incomodando a los castrones, sus pacíficos moradores. Harto de los desmanes, el Castrón Mayor reta a luchar al Gran Jurru contra su mejor guerrero. La lucha es intensa, sin reglas, a muerte; pero acaba prevaleciendo el castrón, obligando al malvado Jurru y a sus secuaces a deponer las armas y rendirse, siendo conducidos a las mazmorras del castillo, y después, sin juicio previo, condenados al averno eterno. En otro tiempo, el jefe era después quemado colgado de un árbol.

Es fácil sentirse castrón al verse amenazado por los Jurrus. Pero también es bueno saber como se siente un Jurru, así que he recurrido al testimonio de una incondicional figurante: María Guadalupe Martínez. Amablemente nos explica el ritual de la vestimenta y de la fiesta en general. La camisa es de “tirillas”, sin cuello, y como el calzado, los guantes y los calzones, todo debe ser blanco. Antiguamente parece ser que el fajín podía ser un “pañuelo de Tiber”, pequeño mantón o pañuelo de hombros en el que prevalece el rojo. Un pañuelo blanco también rodea el cuello, las orejas y el cabello; es necesario ocultar por completo cualquier rasgo para no ser reconocido. Por último, las máscaras, llamadas popularmente “carantoñas” eran de madera, labradas a mano, sustituidas posteriormente por las de cartón, más ligeras y fáciles de construir. María nos describe la fiesta completa, las comparsas del lunes por la mañana, y los quintos corriendo tras la gente, especialmente las mozas, para untarle la cara con tizones, o últimamente con pintalabios. El martes era el día grande, en el que junto a los jurrus participaban antruejos y un “toro”. Y el miércoles se celebraba “el entierro de la sardina” para concluir la fiesta.

Es una tardía mascarada de invierno representando la trama clásica: el fin del invierno, sus días cortos y fríos y el comienzo de la primavera fertilizadora; el conflicto entre orden y caos con final feliz. Entre disfraces con feas máscaras, sonoros cencerros, pieles y amuletos, con declamaciones propias de aquella era, y con grandes dosis de alegría e ilusión, el espectador se ve atrapado y obligado a participar, nadie queda indiferente. Una permanente banda de percusión pone ritmo étnico al acto, y unos cuantos fuegos luz y calor. Se dice que puede ser uno de los carnavales más antiguos de la península, y razón no ha de faltar. A la vista está la evocación a otros tiempos, otras culturas. Es llamativa, por ejemplo, la presencia en escena de un maestro de ceremonias, invocando a los dioses para pedir ayuda, que nos recuerda al druida, mezcla de sacerdote, juez y hechicero, indispensable en el orden comunal celta. Las pieles que adornan el poblado, las polainas de los Jurrus o que cubren los Castrones, son vestigios de la actividad ganadera de los pueblos astures, mucho más importante que la agrícola. Pero las vestimentas blancas revelan otro rasgo: conocían, cultivaban y tejían el lino. Las máscaras de los jurrus provocan más recelo que miedo, es la encarnación del mal presente en todas las culturas, el eterno juego entre lo bueno y lo perverso. En un par de horas, y fieles a la etnografía, vemos como tras un antruejo se esconde una gran historia que los alixanos se empeñan cada año en recordarnos.

Como en los buenos acontecimientos, la despedida al público se hace con dulzura, en forma de chocolate y pastas. Buen sabor de boca, también literal, nos hemos llevado de Tierras de La Bañeza de parte de los vecinos de la vieja y nueva Alixa. El año que viene es menester volver; os invito, de corazón, a pasar un rato ameno reviviendo curiosas costumbres ancestrales, únicas e imprescindibles en la historia de nuestra comarca.

Antruejo de Alija del Infantado, tradición en estado puro.





























Reportaje televisión 8 León
                      
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1 de febrero, preludio de primavera.

Lun, 02/02/2015 - 23:49


He oído decir, que si en los primeros instantes de febrero no se repican las campanas, será signo de mal agüero. Los hacedores de pedrisco, “los diablos que amasan la piedra”, comienzan entonces sin descanso a producir y almacenar granizo con el que destruir todas las cosechas del año. Según dicen, esos seres malignos y despiadados solo se amedrentan con una cosa, que el tañer de las campanas haga eco en sus grandes y afiladas orejotas. Su pequeño cerebro no es capaz de asimilar ese sonido metálico y huirán a su lejano mundo hasta un nuevo febrero. Por eso las gentes están alerta, y en muchos campanarios esta noche, esté como esté, las campanas volverán a vibrar con fuerza, así ha sido en Ayoó de Vidriales y así deberá continuar.
La rato se presentaba muy frío, sin nubes, con una luna creciente iluminada en un 91%. Tanta claridad no es impedimento para distinguir las estrellas más brillantes y orientarse entre constelaciones, vigiladas de cerca por el gigante errante, padre de dioses y de hombres: Júpiter, padre también de la luz. En el cénit campa a sus anchas una escena de montería: Orión el cazador, dos perros y una liebre; sobre el cuadro unos mellizos con la luna a los pies, flanqueado por un toro, un cangrejo y un lejano león que viene trotando por un camino de estrellas. No ha tantos años con una piña de ellas alguien descubrió un reloj con forma de arado, consultado a cualquier hora de la noche para computar los sueños y las tareas; allá se ve, al poniente. Y también desde el alto se ve el gran carro, los Septem Triones romanos en su lento caminar en el círculo de la vida. Cuanta leyenda en un puñado de soles lejanos.
El toque de esta noche, bien documentado en el viejo reino de León y en algunas zonas de España, es uno de los muchos enigmas sin respuesta. El origen se acepta como la cristianización del rito celta de “Imbolc”; la veneración a Santa Brígida de Kildare. Ni una sola imagen de esta santa ocupa hornacina en nuestros retablos, ni un solo templo consagrado a la patrona de Irlanda, al contrario de Santa Bárbara, nominada contra las tormentas y con representación en muchos lugares. Pero todos y cada uno de los años Santa Brígida está presente en nuestro más íntimo acervo popular, y en las torres de las iglesias se alternan campaneros dispuestos a prolongar la tradición.
Nuestras campanas voltearon, y repicaron, porque es el “día de Santa Brígida”. En Congosta hacen lo mismo para “echar a enero fuera” y en otros sitios para alejar los renuberos. Pero este toque es mucho más que eso, es una gran fiesta invernal preludio de la primavera: 31 de enero (noche y víspera), 1 de febrero Santa Brígida, 2 de febrero Las Candelas, 3 de febrero San Blas (la cigüeña verás) y 5 de febrero Las Águedas. A lo ancho y largo de nuestra geografía son todavía días festivos reconocidos. Nada, al parecer, comparado con la repercusión que tuvo en otros tiempos. Ésta fiesta se me antoja como la mañana de viernes de un fin de semana primaveral.
Como natural de Calzada de la Valdería, pueblo con larga tradición de toque de campanas para deshacer las nubes de tormenta, y como afincado en Ayoó y campanero de Santa Brígida, termino con una inscripción curiosa, que he encontrado en Internet, grabada en una campana:“Funera plango, fulmina frango, sabbata pango, excito lentos, dissipo ventos, paco cruentos.”Traducido podría ser: (En los funerales lloro, quiebro los rayos, llamo a fiesta; apresuro a los perezosos, alejo las tormentas, pacifico el derramamiento de sangre.)
Y también con estos versos, como homenaje a campanas y campaneros:
Campana de mi lugar,tú si que me quieres de veras,tocaste cuando nací,tocarás cuando me muera.
SANTA BRÍGIDA


http://www.ecured.cu/index.php/Santa_Br%C3%ADgida_de_Kildare_,Abadesa
Campanas y campaneros 2015











Enlaces de interés:
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2012/07/meparece-imposible-hablar-de-mi-pueblo.html
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2014/03/el-cacho-la-truena.html
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2013/02/santa-brigida-y-los-renoberos.html


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"Y todas las aguas se convirtieron en sangre", segunda parte.

Jue, 01/29/2015 - 20:26



Escribo contento y satisfecho el presente artículo por varios motivos: el más importante sería haber llamado la atención sobre un tema que me preocupa casi tanto como extraña, que es mucho: unos residuos rojos en el agua de lluvia recogida. Para quienes no conozcan la parte primera:
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2015/01/exodo-7-20-y-todas-las-aguas-se.html
Ya varias personas me han aportado sus hipótesis en torno a la explicación del fenómeno meteorológico, cada cual según su forma de ver las cosas. Voy a resaltar una de ellas, publicada el día 23 de enero en el Adelanto Bañezano, semanario comarcal de las Tierras de La Bañeza:
http://adelantobanezano.com/?p=27276
El autor del artículo, Javier Fernández Lozano, aparte de un amigo y de otros muchos títulos incluso más allá de nuestras fronteras, es, por resumir mucho, Doctor en Geología, Topografía y Fotometría, investigador y profesor en la Universidad de Salamanca. (En un próximo artículo desgranaremos su vertiginosa trayectoria académica y profesional, máxime cuando cuenta con poco más de 30 años). Javier nos aporta una muy buena explicación, al menos para algunos casos estudiados. Faltaría corroborar éste con las pertinentes pruebas de laboratorio y comparar. Me gusta su estilo de exagerar la situación para captar el interés del lector, y una vez metido dentro del artículo argumentar y enseñar un mucho de ciencia. Muy bien.
Yo solo sé que no sé nada, y aparte de exponer públicamente mi preocupación y extrañeza, también he seguido los pasos de la lógica para ahondar en la investigación y publicar resultados. Lo primero que hice fue mirar al microscopio las muestras rojas, como es obvio. De mis hijos tenemos dos microscopios, ambos poco más que de juguete y por tanto con importantes aberraciones ópticas. Con ellos ya se intuyen unas finísimas “células”, pero con muy mala calidad de visión.
El siguiente paso fue contactar con otro gran amigo, Manolo Cabezas, gran naturalista y muchos años profesor y director del CEIP “Sansueña”, para preguntarle acerca del laboratorio de éste colegio de Santibáñez de Vidriales. De los varios microscopios me recomendó uno, que por varios días me prestó con agrado el equipo directivo. Muchísimas gracias, ha supuesto una gran ayuda para descubrir un poco más la naturaleza de las pequeñísimas “células”. Como ya dije, mi intención también era publicar los resultados, esperando que alguien coteje este caso con otros parecidos y solucionados, pero lo que yo pudiera ver me tenía que ser muy difícil de contar.
Así que probé a fotografiar a través del ocular, con unos resultados bastante buenos, que resultaron muy buenos con la técnica de foco primario y ayudado del zoom de la cámara. Tengo una Olympus SZ-31MR, y abajo dejo unas tomas fotográficas con los objetivos 10-0,25 y 40-0,65 del microscopio y hasta 24X del zoom, pero no sabría hacer el cálculo de los aumentos reales. Eso lo dejo para los entendidos.
Desde mi profunda ignorancia veo infinidad de diminutas perlas rojas, de color muy vivo al microscopio, realmente preciosas. Aparentemente se reúnen en comunidades, o en filamentos, aunque creo que es producto de la alta concentración, puesto que se ven muchas solas y aisladas. No se aprecian aplastadas, tipo glóbulo rojo, son esféricas y ligeramente deformadas cuando se apoyan en las compañeras. Eso revelaría un efecto conocido del medio en el que se encuentran, el agua. Y por último se ven otras de mucho menor tamaño y de color verde muy claro; estas son, entiendo yo, las normales y causantes del color verdoso que adquiere de forma natural el agua estancada.
Termino agradeciendo a todos la atención prestada, al Adelanto Bañezano y a Javier por la publicación, a Manolo, y al personal del centro por tan valioso préstamo y a todos los lectores por el tiempo dedicado en seguir éste vuestro blog. Por supuesto continuo investigando hasta encontrar similitud entre estas “perlitas” con las de otros estudios realizados. De momento lo único que he encontrado parecido en Internet en una muestra de la famosa lluvia de Kerala, todavía objeto de intenso debate. Abajo os dejo la foto para que comparéis. Fascinante, a que sí.











Abajo, células rojas de la lluvia de Kerala. Foto eltiempo.tv.




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La bendición de San Antonio Abad

Sáb, 01/17/2015 - 19:19


Sábado 17 de enero, son las 11 de la soleada mañana. En Ayoó toque de campanas a misa, es la llamada para la fiesta en honor a San Antonio Abad, “diecisiete de enero, San Antonico verdadero”, como nos recuerda el dicho popular. Padre, (abad), y primer anacoreta, tutor de los animales por interpretación errónea; por ese cerdito a los pies como atributo se le ha encomendado popularmente la protección de los animales. Por otra parte nada ajeno a su forma de vida, él vivió solo, alejado de las urbes, integrado en la naturaleza y sus criaturas. Cuentan las crónicas que solo se alimentaba de pan y agua, y en constante meditación. Totalmente eximido de causar dolor a ningún ser; candidato perfecto, pues, para tan afectuoso cargo.
Temprano, llegó nuestro párroco Don Miguel; gustoso, como siempre que puede, de charlar al sol con sus feligreses. Esta vez acudimos más de medio centenar para continuar el rito de pedir intercesión y amparo para quienes comparten nuestro humano techo. En representación de todos, llevamos alguno para solicitar bendición al término de la misa, como es tradicional. Mayoritariamente perros, inseparables compañeros, guardianes y delegados del orden en el mundo rural animal. Pero también un cabritillo… y una cierva que defendió con valentía y confianza el derecho de protección para sus compañeros y vecinos allende los muros. Nuestra religión los incluye: “todos somos hijos de Dios” (Colosenses, 1:16).
El agua bendita estuvo abundante, lo mismo que la alegría en la ceremonia con los animales. Hoy todo estaba permitido, ladridos de impaciencia o de autoridad, berridos interrogadores y comentarios sobre el comportamiento del corro formado. Siempre es de agradecer la atención de Don Miguel con nuestro pueblo, y de proporcionarnos estos ratos de armonía.
Una de las anécdotas más curiosas que se pueden leer sobre los santos, tiene por protagonista a San Antonio Abad, en el pueblo de Trigueros, Huelva. Durante el movimiento antirreligioso de la Segunda República, el alcalde, socialista, y muchos triguereños temieron por la imagen de su Señor y Patrón San Antonio, por lo que decidieron afiliarlo al sindicato UGT. Parece ser que entre 1932 y 1936 se procesionó el santo con un carnet colgando de la muñeca que decía: “Nombre – Antonio Abad. Edad – 105 años. Profesión – Santo. Vecino de – Trigueros. Actividad en el sindicato - Varias”. La procesión religiosa se convirtió entonces en manifestación legal y autorizada; el respeto a la “militancia” lo salvó del fuego. Una historia real que demuestra que la fe y la ideología no tienen por qué estar reñidas
Foto: http://www.diezrazones.es/localidad/Trigueros


Algún observador se habrá fijado que no uso el vocablo “mascota”, ese que nos llega del francés para definir lo que no me parece fácil de concentrar en una palabra. Es curioso que en nuestros pueblos, donde más se vive rodeado de animales, no se use ese término ni ningún otro para designarlos. Será que no sabemos expresar nuestros sentimientos con quienes comparten nuestras enormes casas, no un par de habitaciones de un pequeño piso, y esa sea la diferencia. Porque nuestros animales, a los que muchas veces paradójicamente damos muerte por ley de vida, son mucho más que un juguete o amuleto encerrado, un animal urbanizado; aquella pequeña vivienda-granja-escuela rural que fue nuestro hogar nos enseñó a compartir espacio y trabajo con animales de todo tipo. Desde niños aprendimos el equilibrio entre el respeto y su verdadera función en la casa, y desde luego, la ausencia de uno solo siempre hizo hueco en nuestro agujereado corazón. 























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Éxodo 7-20, "Y todas las aguas se convirtieron en sangre".

Dom, 01/04/2015 - 14:51

No me gustan los temas que deriven en catastrofismo; más bien soy todo lo contrario, de los del vaso medio lleno, de los que en las contrariedades busca soluciones antes que consecuencias, y de no haberlas, aconseja resignación antes del derrumbe o la desolación. Pero hay cosas que denunciar, aunque sea por desconocerlas y para encontrarle sentido; yo digo que es mejor parecer tonto un momento que serlo toda la vida. Este artículo servirá para exponer mi última preocupación medioambiental, me gustaría subsanar una duda que me preocupa desde hace tiempo, y aportaré un sencillo experimento que invito a repetir, lo mismo que admitiré a debate una explicación convincente, comprensible y tranquilizadora.
Todos tenemos mucho de observadores, un sentido que pocos desarrollan y muchos convivimos con él, atrofiado. Seguramente un contacto directo con la naturaleza en estado puro sirva de estímulo para este don propio de genios, no de intelectuales. La intuición frente al raciocinio, y la unión en busca de la perfección humana.
Al tema:Como buen ecologista me gusta almacenar y reciclar agua de lluvia, así tengo instalados dos simples aljibes en sendas bajadas de canalón que sirven para riego o limpieza. En otro artículo ya conté también el caso de una pila cerámica bajo un tejado para abrevadero de cuantos animales deseen. Fue precisamente una limpieza de este recipiente imprescindible de las cocinas, esmaltado de blanco, cuando observé en el fondo una costra rojiza. La retiré, porque era lo que quería hacer, limpieza. El caso es que la costra se ha repetido, lo mismo que en otros recipientes colocados para acaparar la lluvia. El último, en casa, por tener mayor cuidado de que nada extraño se deposite, es una fuente de cristal. El fondo, con las últimas aguas caídas ya tiene posos de algo rojo oscuro.
No me extrañaría que el agua se tiñera negruzca, algo que sucede en la descomposición de los elementos del agua detenida; aceptaría el color marrón como el polvo atmosférico disuelto por un chaparrón; me gusta ver el verde, las algas haciendo de las suyas… pero… ¿Rojo?. Tengo que añadir que el agua se mantiene limpia, sin ninguno de estos tres modelos que todos conocemos, solamente el fondo o el nivel hace estas marcas. Y tengo que recalcar que vivo en plena naturaleza rural, a muchos kilómetros de cualquier industria contaminante, digamos La Robla. De la pequeña azucarera de La Bañeza es muy raro que nos llegue nada, por la dirección de los vientos, lo mismo que de lo poco que contamina Benavente. Y del sur al oeste tenemos las comarcas de Tábara, Aliste, o Sanabria y la Carballeda, carentes de emisión de contaminantes que nos pudieran afectar.
Hace un tiempo, en agosto del año pasado, leí un artículoen La opinión de Zamora, periódico local, que denunciaba el agua de abastecimiento para el consumo zamorano por su elevada densidad de minerales y contaminantes. Una buena conclusión, dice, “es el único territorio, junto con Soria, donde no ha habido un solo análisis que detecte que hay riesgo para la salud”. Muy bien, y nos alegramos, pero… ¿qué está pasando con el agua de lluvia?
Los registros de la historia nos traen a la memoria episodios relacionados con lluvias rojas, entre otros elijo éstos: En dos papiros egipcios, que guardan similitud con las plagas que Moisés y Aarón amenazaron al faraón, se describe un Nilo teñido de rojo y dañino para la población. El polvo del desierto, como sucediera en 1926 en Italia, o la concentración de hierro y gases de 1984-86 en Camerún pueden enrojecer el agua, se ha estudiado y demostrado. Pero el caso más curioso es la lluvia roja de julio del 2001 en Kerala, India, que ha sido tema de intenso debate al contener material biológico sin ADN, como las células rojas de nuestra sangre; se ha apuntado a un posible origen extraterrestre revalidando la controvertida teoría de la panspermia.
Pero quizás solo haya que levantar la vista al cielo para distinguir nubes de agua naturales de las rayadas nubes contaminantes provocadas por las ingentes toneladas de combustible quemado por los cientos de vuelos que diariamente surcan nuestro cielo. Suave, sin ruido, una niebla amarga se puede estar disolviendo sobre nuestras cabezas. Y ya vendrá quien nos culpe de irresponsables porque el pequeño motor de explosión de nuestro vehículo supere no sé que tasa de emisiones. Es el repetido refrán de la paja en ojo ajeno, solo que aquí lo que está en riesgo puede ser nuestra salud, algo, por supuesto, innegociable. Busco explicaciones, mejor que sean satisfactorias.
FOTOS:Arriba, pila a la intemperie. Debajo detalle.

Agua almacenada

Detalles


Silla de terraza

Recipiente de cristal y detalles



Depósito grande de agua


Un día cualquiera, por decenas



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La Valdería, el valle dorado.

Jue, 01/01/2015 - 23:55



Siempre he sabido que vivo en un lugar extraordinario, cautivo de una gran historia sin descubrir. Esa ya fue, siendo niño, la primera valoración cultural que hiciera al saberme nacido en un pueblo cruzado por una importante vía romana, Calzada de la Valdería. Hoy, historia y tradiciones consumen mi poco tiempo de ocio disponible, lo que por otra parte me ha permitido conocer a gente muy interesante con la que aprender, compartir y debatir tan emocionantes temas.
El que vamos a tratar ahora me parece apasionante, así que voy a presentarlo con el prólogo de lo que me contaron como historia en Fuente Encalada, pero que posiblemente no pase de cuento adaptado a la zona, porque parece repetirse en varios lugares. Era una mora, esposa de uno de los gobernantes de la ciudad árabe de Sansueña, en Rosinos de Vidriales, que dio a luz un hijo; pero sus pechos carecían de alimento, así que mandó buscar en los pueblos vecinos una parturienta a su gusto que hubiese perdido a la criatura en el parto, para así alimentar a la suya. La mujer elegida era de Fuente Encalada, que buenamente cumplió a la perfección el trabajo encomendado. Una vez concluido, cuando el niño ya se valía por sí mismo, antes de volver a casa la mora le pagó y premió con una barriguda bolsita de cuero. La vidrialesa salió de la ciudad, y ya en el camino abrió curiosa la misteriosa bolsa, encontrando unas piedras ennegrecidas como pago a meses cuidando el niño de Sansueña. ¡Carbones!, pensó desilusionada, y las arrojó con rabia tan lejos como pudo. Al llegar a casa y contar llorando a su familia lo sucedido, se dieron cuenta que aquello era oro, y del cambio que hubiesen dado sus vidas de no haberlo derramado donde ya nunca fueron capaces de recuperar.
He comenzado el artículo con oro, por su especial relación con la comarca, y ese fue el tema que hizo muy agradable la tarde del 27 de diciembre en Castrocontrigo. En el rebosante local de la Junta Vecinal, disfrutamos con la presentación de vídeos, charlas y del libro “La ruta romana del oro en la Valdería”. Un motivo, además, de reencuentro entre curiosos y ávidos de historia, y nuevo tema de charla e investigación futura, por su relación con zonas anejas. Un trabajo que comenzó de la peor forma posible. Pero se suele decir que “no hay mal que por bien no venga”, y en este caso ha sido fructuoso. La cruel mano de un odioso incendiario dejó al descubierto lo que era conocido, pero difícil de catalogar: las minas de oro en el lugar en que las tribus lugareñas desde tiempos inmemoriales adornaron su indumentaria bateando las corrientes del Éria. Con la llegada de los romanos las explotaciones se volvieron intensivas. A la fuerza y con nuevos sistemas la tierra se separó de las piedras, y del oro, dejando una orografía de murias y canales identificados gracias a un nuevo sistema, el LIDAR, un láser aerotransportado.
Las nuevas tecnologías son un apoyo imprescindible para la información, el conocimiento y la investigación. Con ellas fácilmente encontramos temas y aspectos que hace solo unos años podían disfrutar unos pocos privilegiados; un gran potencial en abanico que incluso nos permite ver lo invisible, o alcanzar lo reservado.
Bien por el equipo formado por Antonia Marina Justel Cadierno en la documentación y redacción del libro, Javier Fernández Lozano en el trabajo de campo y Miguel Ángel Fernández Morán en la parte técnica. Bien también por Saúl Cenador y su aporte, y todos los que han colaborado de una forma u otra. Solo he repasado lo que promete ser un interesante estudio, extrapolable a otras zonas, por dar a conocer de forma sencilla e ilustrativa el “modus operandi” en la obtención del oro.
Por ejemplo, Madoz, en su tomo 13 del diccionario, refiriéndose del pueblo de Rosinos de Vidriales, nos habla de la cueva de “los moros” del Castro, y del canal que traía agua desde Castrocontrigo. No creo atrevido afirmar que el canal fuese mucho anterior, contemporáneo de los que recoge el libro y mandado labrar por los mismos ingenieros romanos para abastecer los campamentos de Petavonium y su entorno. Y por el camino… ¡quién sabe!, si hurgaron en la tierra vidrialesa buscando su “brillante amanecer”.
Ya sé que no es posible, lo he consultado a un experto; pero como romántico que soy, y tras la estupenda tarde en Castrocontrigo, se me antoja ver mi querida Valdería de una forma diferente. Es el Valdeaureo, el valle dorado que me vio nacer, ese que me huele a dulce… hogar. Y quizás algún día remueva las arenas del río emulando lo vivido por nuestros ancestros, en busca de una sola mota dorada que se escapara de sus arrugadas manos y de la mirada de un serio capataz. Ese, junto con la experiencia, sería mi añorado tesoro.




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Feliz Nochebuena

Mié, 12/24/2014 - 20:43



Parece que el ser humano tiende a representar cosas o acciones importantes y trascendentales de su existencia. Queda bien demostrado en las pinturas rupestres: la caza fue una actividad peligrosa y necesaria para la supervivencia y así lo reflejaron en las paredes de las moradas. En el cristianismo, uno de los capítulos más importantes y menos documentados es el nacimiento de Jesús. Tiene su explicación: aunque se esperaba un mesías nadie sabía quien o cuando debería nacer, y solo años más tarde confirmaría ser el elegido con su extraordinaria personalidad. Tras su muerte era lógica la representación como documento gráfico, como hecho histórico que ha trascendido literal hasta nuestros días. En las catacumbas de Priscila, sobre el año 180 un artista anónimo pintó un fresco con una mujer y un niño en brazos; a su lado un varón apuntando con su mano hacia una estrella (Foto de arriba de Wikimedia). Se interpreta como la Virgen María y su hijo Jesús, y el profeta Isaías señalando la estrella de Belén. Ese sería el primer “Belén” artístico de la historia, el que visitara San Francisco de Asís en noviembre del año 1223. A la vuelta a su ciudad, Greccio, quince días antes de Navidad mandó llamar a un hombre bueno llamado Juan y le indicó cómo celebrar una fiesta en la que se invitaría a las gentes del lugar a ver con sus propios ojos el misterio del nacimiento de Jesús. Juan decoró una cueva, y construyó un pesebre entre un buey y un asno para que en la homilía San Francisco explicase lo que Jesús sufrió en su invalidez de niño, y como fue acostado sobre el heno entre el aliento de dos animales. Una tierna representación que llegadas estas fechas seguimos encontrándole rincón en las Iglesias, en nuestros hogares, y en nuestros corazones.
Hace falta muy poco para recrear un Belén, en contra de lo que se cree. Simplemente es una mujer, un hombre y un niño recién nacido. Simbolismo en estado puro; una mujer, un hombre y un niño que escenifican la familia, la primigenia célula del tejido social. Esta familia en concreto es especial, desde el momento de ver el niño como una nueva y mejor forma de vida en el amplio sentido religioso. A partir de ahí, siempre que haya un respeto moral, la imaginación hará el resto.
Un Belén es un ejercicio de fe, de creatividad y de ingenio. Hay muchas formas y técnicas belenistas, hasta el punto de modificarlas cada año por los aficionados a este arte. Hay belenes históricos que recrean escenas bíblicas, belenes con paisajes rurales o urbanos, otros son minimalistas, o que resaltan oficios, como el de Camarzana. Hay belenes construidos con juguetes, como el de hace unos años del museo de Castrocalbón. También los hay vivientes, y en Ayoó tenemos mucha experiencia y muy buena calidad, o al menos así me lo parece. Este año en la Iglesia de nuestro pueblo hemos colocado uno… especial. No digo exclusivo, pero si que es la primera vez que aquí se hace algo parecido, y por tanto tendremos opiniones de todos los gustos.
Este año nuestro Belén es etnográfico, y lo hemos dedicado, después de a la Sagrada Familia, a nuestros mayores, y a quienes ya no están entre nosotros y tantas veces usaron las cosas que lo embellecen. Solo hizo falta hurgar en los pajares, en las paneras, en los desvanes, y seleccionar, porque todo era demasiado. No falta la rueda de un carro, por el ciclo que puede representar, y en su mismo centro, sobre el buje, hemos colocado el niño Jesús. Detrás la albarda y el collerón, necesarias para mover o labrar el sustento de la casa. Talegas y un escriño, almacén y transporte. Randeros y escobas de abaleo, usadas para barrer sucio y limpio, cada uno que lo vea a su parecer. Sogas y la red de la paja, son los lazos que unen. Unas alforjas, que simbólicas para iniciar cada viaje. Barrilas, el agua fuente de vida. Un rastro, una vienda, un viendo y una tornadera… las cerandas y cribos: el cereal, el alimento… el pan. Y sobre todo esto el yugo que hace ligazón, nos hace ir juntos y de no estarlo, nos recuerda nuestros esos seres queridos que están lejos de casa en estas fechas tan entrañables. Esta noche es Nochebuena, la noche mágica de los deseos. El mío es, por encima de todo, salud y paz para todos, que lo demás… ya vendrá por añadidura.
















FELIZ NOCHEBUENA

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Así comienza la Navidad en Vidriales.

Lun, 12/22/2014 - 15:38




Repito: siempre me he negado, reniego y creo que tengo aborrecido para el futuro comenzar “la Navidad” antes de su día, Nochebuena. No por llenar de lucecitas bailonas, papá noeles trepadores versión cocacola, mensajes navideños, árboles de espumillones y bolas brillantes, belenes apócrifos y demás reclamos consumistas que se tercien, la Navidad comienza cuando se quiera; es como festejar el premio gordo quince días antes del sorteo, es… es que demasiado incienso marea.
Pero también hay raras y especiales ocasiones en las que sí, la Navidad se puede adelantar, entre otras cosas porque quienes forman parte de ella, de su magia e ilusión, no se pueden dividir para complacer, como sería su gusto, a todos en los centrales días con su trabajo, con su buen hacer y mejor sentir. De un comienzo adelantado ha sido Vidriales testigo en su céntrico Santuario de la Virgen del Campo, templo abierto cada festividad navideña a las 5 de la tarde para cuantos deseen asistir a las celebraciones religiosas de estos días, máxime si no las han tenido por la mañana en sus respectivos pueblos, que nuestro paciente párroco tampoco se puede dividir.
Las campanas volteaban con energía llamando a fiesta. Eran las 4,30 del esperado sábado 20 de diciembre. Unas tímidas estufas trataban de calentar la amplia nave del Santuario, preparando un acto con caldeo propio, al menos espiritual. A las 5, Don Miguel, tras una pequeña introducción, llevó a cabo la tradición de bendecir el belén artesanal que dará auténtico sentido navideño a estas fiestas, para alegría e ilusión de los asistentes. A continuación Jose Antonio Uña Seijas, licenciado en Filología Hispánica y natural de Carracedo, nos complació con un detallado, documentado y sentido Pregón de Navidad.
A continuación la Asociación de San Lucas del Espíritu Santo, patrono de Vidriales, organizó y regaló para los asistentes un concierto de villancicos; la Coral Benaventana nos dejó literalmente boquiabiertos con su actuación. Un lujo, y no tengo más palabras.
Dos dulces, uno en pasta y otro en licor, se pudieron disfrutar como colofón de los actos, para aprovechar y saludarse entre los organizadores, actores y público y desearse, como no puede ser de otra forma, una feliz Navidad. Lo mismo que quien suscribe, mis mejores deseos para quienes lejos o cerca, conocidos o no, siguen este humilde blog, de todo corazón.
Jose Antonio cerró su pregón con la pequeña historia de su viaje a Tierra Santa, a la gruta donde según se dice nació Jesús. Le llamó la atención lo angosto de una puerta que accede a un lugar tan grande, en todos los sentidos, y recordando sus estudios finalizó con estas palabras, sin duda para meditar:“Hoy necesitamos hacernos más que nunca como niños, contagiados de la alegría, transparencia e ilusión por vivir. Por eso Unamuno, ante la puerta de la Natividad de Belén, construyó este poema”:
Agranda la puerta...
Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños,
yo he crecido, a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad aquella
en que vivir es soñar.
Yo también termino con un secreto: mi mayor satisfacción, el premio que más me ilusiona por construir o participar en el montaje de un Belén es ver un público sonriente, enternecido, vuelto niño por unos instantes. Si esto ocurre, mi trabajo está sobradamente abonado.
Feliz Navidad.
































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"Si buscas milagros, mira..."

Lun, 12/08/2014 - 21:24

Casi nunca los caminos han sido como los conocemos, largas y lisas lenguas de asfalto, señalizadas y seguras. Los caminos eran, y siguen siendo, la forma de comunicación más simple entre pueblos o lugares; simples roderas, tediosos firmes de polvo o charcos, dependiendo de la estación. Eran y son atajos en su mayor parte, en los que muchas veces se intenta mal pasar antes que rodear; sendas robadas a la naturaleza, que siempre reclama lo que es suyo. Y los vehículos con motor tienen tanta edad casi como el asfalto, no nos engañemos; carros, caballerías, o los pies andando, apenas protegidos por chanclos o albarcas movieron este mundo hasta hace poco más de medio siglo.
Salir de casa era más necesidad que placer por viajar. Enfrentarse a los caminos, a las inclemencias, a la noche… se convertía en verdaderos retos por los muchos impredecibles incidentes. La soledad y la angustia siempre fueron inseparables compañeros de viaje de nuestros antepasados. Y una vez aislados, envueltos en incertidumbres y miedos, cómo no recurrir (quien pueda) a la ayuda espiritual, a esos dichos, oraciones o intercesiones que tantas y tantas veces inexplicablemente han surtido efecto.
De esta historia hace tanto que mi informante cuenta más de 100 años, y era una jovencita. La señora Martina nació el 7 de agosto de 1914 en Ayoó de Vidriales, y es poseedora de una gran memoria. Incontables veces ha relatado el suceso vivido por su madre, Teresa Álvarez, sus tíos D. Valeriano Álvarez, y D. David Álvarez, párrocos en aquellos años de Soto de la Vega y Grisuela del Páramo respectivamente. Serían unos 15 kilómetros a lomos de caballerías de ida y otros tantos de vuelta para Teresa y Valeriano; con aquel viaje pretendían visitar a su hermano David. El día elegido se presentaba veraniego; cuando el sol iluminó a la pareja ya llevaban rato caminando. Un día agradable para unos hermanos que pocas veces se reunían sin mayor motivo que el de estar juntos, y cuando acordaron volver, la noche comenzaba a hacerse presente.
Al poco de salir de Grisuela se dieron cuenta que la sombra nocturna escondía negros nubarrones de tormenta. Pronto se comenzaron a desgranar inquietantes relámpagos y truenos. Tarde para regresar y también para seguir avanzando; el deseo de verse en casa fue más fuerte, decidieron continuar. Un violento chaparrón se añadió a la escena; el camino se volvió intransitable y peligroso, y además difícil de reconocer. Muy lentamente, y casi por el sentido de orientación de sus monturas llegaron al río Órbigo, que bajaba turbio y algo crecido. La tormenta estaba en todo su apogeo y no se atrevieron a cruzar. Era necesario buscar otro paso. Caminaron bordeando la ribera en medio de la noche hasta reconocerse perdidos y desorientados. Los dos hermanos elevaron sus plegarias al cielo que tan mal los estaba tratando. Nada más acertaron a hacer.
Desde Grisuela del Páramo, David temió por sus hermanos, a tenor de la tormenta que estaba convirtiendo la noche en un infierno. Conversador de San Antonio de Padua como se confesaba, le confió la salud de los viajeros con su socorrido responso. Ellos a su vez, en medio del caos, hicieron el mismo rezo buscando también amparo en la súplica y la oración. Perdidos, empapados, sobresaltados a cada trueno, sujetando las nerviosas caballerías… cuál no sería su sorpresa al ver aparecer de entre las sombras a un pequeño perro blanco que les ladraba y desafiaba a seguirlo. Los perros son muy sensibles a los sonidos fuertes y destellos, como era aquel caso; suelen esconderse asustados. Pero donde hay un perro suele haber gente, pensaron, y caminaron detrás del perrito que ladraba y se volvía para animarlos, y que no dudó en arrojarse al río y nadar mostrando el camino a seguir. Los hermanos subieron a las monturas y comprobaron como aunque el torrente era considerable, fue sencillo cruzar. Al otro lado el blanco guía trotó contento hasta un camino que ya les era conocido, en frente quedaba Soto de la Vega, y una vez allí, el descanso en su casa.
La señora Martina ha vuelto a recordar aquella noche. Era tarde, estaba ya en su cama, y pese al temporal oyó llegar a su madre y a su tío; un final feliz de lo que bien pudo ser una verdadera desgracia. Ni que decir que nunca volvieron a ver el perrito salvador, y que ningún vecino albergaba en su casa semejante portento animal. Ni que decir que de no hablar de milagro se debería hablar de un caso más sin explicación. Bueno… algunos si la tenemos…, por eso todavía tantos necesitados invocan aquello de:“Si buscas milagros, mira…”
Enlace:http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2011/07/san-antonio-de-padua.html



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Hasta siempre, Bernardino.

Mar, 12/02/2014 - 00:37

Dicen que algo se muere en el alma y es cierto, hoy mismo lo acabo de comprobar. Pero cómo cantar esto si apenas me quedan ganas de hablar, de comer, de dormir… solo me apetece, en silencio y soledad, ponerte unas letras por si donde quiera que hayas ido fueras capaz de leerlas, por si algo me quedó por decirte… o por si alguna duda tuviste de mi; pero... por donde empezar, si tampoco me quedan ganas de escribir.
Más de 25 años de buena relación y excelente amistad, y ha sobrado uno para destruirla de la peor forma posible. Un año que me ha tocado aprender a tenerte lejos, a trabajar sin tu ayuda, a quedar después del trabajo sin las habituales llamadas, a preguntarte por la salud y por el mal que te ha corroído por dentro, y a rezar porque esto no fuera más que un mal sueño. Ahora nos tocará aprender a vivir sin ti y tu amistad, sin las risas, los chistes, las bromas… porque te echaremos de menos, bien lo sabes, como que en torno a esa mesa que tanto te gustaba compartir con nosotros, siempre, por los viejos tiempos, dejaremos una silla vacía.
Ahora que, después de un año, millones de recuerdos pugnan por salir a flote, todos alegres, es uno de los días más tristes de mi vida.
Adiós Silvester; algo se ha muerto en mi alma, algún inconveniente tenía que tener la amistad.
Hasta siempre, Bernardino.
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Mi homenaje a los adobes

Jue, 11/27/2014 - 19:52

Proceso de fabricación








Solía ser a principios de otoño, cuando los días todavía son suficientemente largos y calurosos. Las paneras, pajares y “yerbales” repletos, los tendederos saturados de frutas, los frutos del huerto almacenados en lugar fresco y las cubas a rebosar; es tiempo de prevenirse también para una próxima obra o avería en la casa, es tiempo de hacer adobes. El padre de familia, y quizás algún hijo mayor, se dedicarán a arar y a sembrar cereales; el resto, incluyendo los niños fuera del horario escolar, se irán al barrero a iniciar todo un ritual recordado como divertido y ameno, pues nunca mancharse tanto estuvo tan bien visto y valorado.
Los adobes son tan antiguos como el arte de la construcción, y parece un hecho extraordinario que distintas culturas aisladas entre si los usaran en sus edificios. El nombre “oficial” a su forma sería “paralepípedo rectangular” u “ortoedro” (mucho mejor decir “como un adobe”), con la misma forma y superior tamaño al ladrillo doble, aunque creo que todo y en todo el mundo se conocen. Sin medidas estándar, puesto que el molde se fabricaba artesanalmente con cuatro tablas de madera según el largo y ancho necesitado. Este era como un pequeño encofrado, de nombre adobera, y también se usaba, muy rara, para fabricar dos adobes a la vez.
Para hacer adobes, en primer lugar se prepara una mezcla de tierra arcillosa, agua, y un aglutinante, normalmente paja no excesivamente molida. Para ello puede ser necesario (y en nuestra zona así era) cavar en el barrero, moler los terrones y hacer un montón con un cráter en el centro, añadir allí el agua, remover todo y dejar ablandar un rato. Luego se extendía la paja encima de la mezcla, y con los pies descalzos se chapoteaba hasta la mezcla final, que se volvía a dejar reposar.
Como este trabajo se hacía por la mañana, en este tiempo de descanso se aprovechaba para “almorzar”, o “echar las once”, que así y de otras muchas formas se llamaba el actual “bocadillo” de los obreros de la construcción. Después se colocaba la adobera en el suelo, normalmente sobre hierba, y se vertía barro en su interior, apelmazándolo y raseándolo con las manos. La adobera estaba empapada de agua, de forma que al tirar de ella hacia arriba salía con facilidad, dejando en el suelo un recién nacido adobe, repitiendo el proceso hasta agotar el montón del barro y dejando la pradera llena de alineadas hiladas. Mientras estaban tiernos, era necesario velar para que en las idas y venidas de los muchos ganados no atravesaran el campo de adobes, por el daño que les podían ocasionar. Al cabo de unos días se les daba un cuarto de vuelta para su completo secado al sol; y por último, y hasta recogerlos en casa, se amontonaban ordenados en una “meda”, con su correspondiente tejado para que la lluvia no los ablandara y destruyera.
En el viejo argot de la construcción hay una frase que refleja una de las ventajas que tenía trabajar con este material. La dice el oficial al “pinche” en la obra: -“Barro y adobes, y no te embobes”. Son ideales para la construcción rápida y robusta, muy económica y asequible, de sano aislamiento, totalmente reciclable, cero emisiones en su fabricación, y sin embargo hay quien usa el adobe para descalificar, y si es seguido de “tabiquero” mejor. Cosas de las letras.
Otra de las joyas que se construyeron con adobes fueron los hornos de amasar el pan; para conseguir la redondez la adobera tenía una forma especial. Eran imprescindibles en las casas antiguas, siempre anexos a las cocinas, y casi siempre al exterior, a la intemperie. Todos los años a principios de invierno, a la vez que se “recorrían” los tejados y se rejuntaban los cumbreros, también se le aplicaba la capa impermeable de barro que por las inclemencias había perdido. Algunas veces, para evitar este daño, se le construía un tejadillo encima, quedando un simpático conjunto que todavía se puede ver por nuestros pueblos.
Hace un tiempo tuve la necesidad de destruir un muro de adobes. Eran perfectos, y me dio pena que tanto trabajo artesanal terminara en la escombrera. Fue fácil limpiarlos y paletizarlos, y añadir los rotos en un saco grande para provisión de barro en su colocación. Su destino será el refugio de un pequeño gallinero ecológico; un pequeño monumento dedicado al recuerdo y al esfuerzo de nuestros antepasados por la autosuficiencia, por la economía y por el respeto hacia la madre naturaleza. Por ella y por ellos, para la memoria y con cariño, esta será mi aportación como homenaje de albañil.




Adobes de horno 

  
Adobera


Huella de perro en un adobe

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Cena pendonera, y premios Pendoneros de León 2014

Lun, 11/24/2014 - 22:19

Cuando tengo mucho que contar, y no se por donde o en qué sentido comenzar, suelo buscar colaboración. Frases de buenos maestros o refranes son mis mejores ayudantes; así aunque yo falle, que suele suceder, al menos quedará entre mis líneas algo de sabiduría. Esta vez me he acordado del refrán “Dime con quien andas, y te diré quien eres”, y os diré con quien he tenido oportunidad de "andar" el pasado sábado, para que me juzguéis por mis compañeros de mesa y mantel. Ellos son pendoneras y pendoneros del viejo reino; amigos y conocidos de romerías y encuentros de Pendones, gentes desinteresadas y nobles, herederos orgullosos de ancestrales costumbres de la cultura tradicional leonesa.
Sábado 22 de noviembre, 10 de la noche, la cita fue en el hotel La Hacienda de La Bañeza. Organizada por la Asociación Pendoneros de León, la invitación a una cena se hizo extensible a la zona de influencia de Castrotierra y su romería; la zona pendonera por excelencia, lo que es en el más estricto sentido de la frase hecha “el quid de la cuestión”. Casi 330 comensales para dar buena cuenta de un menú compuesto por:Patatas con boletus (riquísimas, por aclamación popular)Morcillo de toro en su salsa, yTarta de milhojasTodavía con los “cafeses” y chupitos, de mano y palabra de Jose Antonio Ordóñez, presidente de la asociación Pendoneros de León, se hicieron entrega de tres documentos históricos del año 1594:A Vicente, para Quintana y Congosto; a Juan para Santa Marina de Torre, y a un servidor, en representación improvisada de Ayoó de Vidriales.A continuación comenzó el reparto de premios Pendoneros de León 2014:1- Diploma Infantil a 5 niñas, por acompañar con alegría e ilusión los Pendones2- Premio por la Recuperación de un Pendón, a Baudilio, Emilia, Joaquín y Miguel, por nuestro Pendón de la Virgen del Campo de Rosinos de Vidriales.3- Premio Pendonero Infantil a Sandra Ordóñez, por la elegancia y aprendizaje en el manejo de “llevar” el Pendón.4- Premio Cultura, a “Tista” Rubio Nistal, por su labor informativa y divulgativa de la cultura tradicional leonesa.5- Premio Mejor Pendonero, a Jose Manuel Suarez, “Manix”, por su elegancia y maestría en el manejo de “llevar” el Pendón.5- Premio Mejor Grupo, a la Asociación Cultural Pendón Ciudad de La Bañeza, por su exaltación de la cultura y acompañamiento popular a las romerías y encuentros de Pendones7- Pendonero de Honor, a Domingo Cabello García, por su incansable y fructífera trayectoria pendonera.8- Y Pendonero Honorífico y Premio Procurador de la Memoria a D. Jose Manuel Sutil Pérez, archivero de la Diócesis de Astorga, por su ayuda incondicional a la Asociación Pendoneros de León. Como por su agenda no pudo acudir a la cena se le hizo entrega de los premios el pasado viernes 21.
A continuación músicas, bailes, … alegría, que para eso en este día se celebra Santa Cecilia, Patrona de la Música.

Epicuro de Samos, tres siglos antes de Cristo decía que “Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo que comer y beber, pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo”. Sabe bien el sabio, que nadie que coma solo morirá de hambre; y que también el alma necesita alimento, un sustento que no entra, sale del cuerpo y se hace notar por risas y cánticos, en el brillo de los ojos, o en el ritmo del baile. Bien sabe el sabio, que solo satisfecho cuerpo y mente se puede hablar de felicidad, ese anhelado tesoro. Gracias Pendoneros de León, enhorabuena a todos por una noche mágica y totalmente satisfactoria; y como los arrieros, nos veremos en el camino, siempre al lado del Pendón.





















Enlaces:
http://www.diariodeleon.es/noticias/provincia/pendoneros-leon-nombra-procurador-memoria-archivero-diocesis_937370.html
http://www.diariodeleon.es/m/noticias/provincia/pata-negra-vara-pano_937807.html
http://astorgaredaccion.com/not/6792/reconocimiento-a-los-pendoneros-pata-negra-/


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Un ramito de violetas

Sáb, 11/22/2014 - 23:20


En su día, me propuse hacer una trilogía pendonera del norte de Zamora y sur de León: el estudio de cada uno de los tres valles, extraordinariamente ricos en arqueología y hermanados en sociedad, como acreditan los numerosos yacimientos y los incontables lazos afectivos entre naturales de los pueblos de las tres riberas: Tera, Almucera y Éria. No ha podido ser, todavía es tan grande el patrimonio que tres de mis pequeños artículos no compensan ni de lejos tamaño proyecto. Así que seguimos por la zona, siguiendo Pendones, una gratificante afición.
Tras unas cuantas llamadas de teléfono para localizar rastros y personas que nos abran puertas, encaminamos un nuevo sábado el coche en dirección Benavente, valle Tera abajo, con la ilusión y esperanza de hallar algo que llevarnos en las retinas de nuestras cámaras y libretas. No me canso en agradecer la colaboración, en este caso, de D. Baltasar, párroco de Santa Cristina de la Polvorosa; de Enrique, teniente alcalde de éste ayuntamiento; de Jose, presidente de la asociación cultural Santa Cristina; del señor Benigno, que tan amablemente nos atendió pese a sus quehaceres, y a cuantos aparecieron en torno a sus Pendones. Siempre sorprende y agrada tan buena disposición en este tema.
Comenzamos en Santa Cristina de la Polvorosa, a escasos kilómetros de Benavente, famosa por sus productos de la tierra, en especial sus quesos. Mis invitados son Jose, de Soto de la Vega, ya asiduo en mis últimos artículos; Gelo, de Sopeña y Carneros, Procurador de la Tierra; y Flori, de Posadilla de la Vega, pendonera y nuestra particular escribiente. Sólo apuntar como un poco de historia, que en esta comarca Alfonso III El Magno, allá en el año 878, acaudilló la derrota total de las huestes musulmanas en la batalla de Polvoraria, según dicen ayudado por el campo de batalla polvoriento y fuerte viento a favor de las tropas cristianas (he aquí el origen de Polvorosa). D. Baltasar nos abrió las puertas de la Iglesia, y puso en contacto con Enrique y Jose, para mostrarnos su Pendón y Pendoneta, recientemente recuperados según los colores originales. Primeramente desenvolvimos la pendoneta, preciosa y multicolor, muy ligera y manejable. Consta de una vara de 4,70 m, multilaminada, con lanza torneada de madera. El paño es de los más llamativos que se pueden ver, de 7 franjas de 25 cm con pasamanería dorada, de estos colores en sentido descendente: violeta claro, azul oscuro, azul, blanco, dorado, rojo y verde. Largo de paño arriba 2,40 y abajo 1,37. Repito, preciosa. La vara del Pendón es igualmente multilaminada, de 9 m. de larga y coronada por una cruz de 30 cm; una vara demasiado robusta, nos pareció, para su manejo con comodidad. El paño es muy holgado y tremendamente bello; 4,80 m de alto, 6,90 de ancho arriba y 3,90 abajo, con los mismos colores que la Pendoneta. Vestido es un Pendón impresionante; ofrecería mi reino por llevarlo un rato. Muchas fotos, agradable charla con nuestros anfitriones, un apretón de manos, y continuamos muy satisfechos nuestro periplo volviendo carretera arriba.
Segundo pueblo, Colinas de Trasmonte; y como viene siendo norma, dirección Iglesia, situada por regla general en lo más alto, en algún montículo si lo hubiere, como es el caso. Parece ser que por iniciativa de Solidaridad Intergeneracional, financiado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, un popular taller de arte diseñó y decoró con respetables y respetados graffitis este entorno para elevarlo a la categoría de bello, de especial. Pues veamos también los colores que encabezan las procesiones festivas que se celebran el segundo domingo de mayo, la novena, y el 22 de junio, San Juan.
El señor Domingo nos enseñó, escondida bajo el coro de la tan pequeña como cuidada Iglesia, una vara de una pieza finamente labrada de 3,40 de alta rematada con cruz de 20 cm. En las enormes cajoneras de la sacristía se guardan dos paños abanderados, de 2,10 de altos por 2,60 de largos. Vestimos la vara con el primero: rojo, verde y rojo, y se lo enseñamos al cielo que comenzaba a querer llover. Varias fotos de rigor y probamos el segundo, algo más antiguo, que no entra por lo que suponemos que tenía otra vara. De idénticas proporciones que el anterior, conserva el color verde del centro, y cambia el de las otras dos franjas exteriores por el morado. Entonces me ha venido a la memoria una de las más bellas historias jamás cantadas, mucho morado y poco verde hace “un ramito de violetas”; y uno de tantos amargos accidentes en nuestras carreteras. Era una apacible madrugada de agosto que se tornó trágica en segundos, al colisionar un coche que bajaba de Vigo contra un carro agrícola, resultando heridos el conductor del carro y su esposa, y dos de los cuatro ocupantes del vehículo. Entre los otros dos, que fallecieron en el accidente, se encontraba la cantautora Evangelina Sobredo, conocida como Cecilia, laísta con gusto, que viajaba dormida en el asiento trasero. Era el año 1976 y tenía tan solo 27 años. Este es mi tributo para una de nuestras inolvidables; hoy, en el día de Santa Cecilia, patrona de la música, de quien con seguridad tomara el nombre artístico. Sin duda aquel día murió una estrella en Colinas de Trasmonte. Vaya por ella, que músicas y pendones siempre han ido de la misma mano.
Santa Cristina de la Polvorosa







Colinas de trasmonte







Y el ramito de violetas

Va por ti, Cecilia

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El Reino olvidado.

Dom, 11/16/2014 - 16:42

Prefiero parecer un extravagante conspiranoico antes que un pasivo descendiente del Reino de León, que en honor a la historia, esa gran ramera, calle y asienta ante lo que leo, veo y siento. Este artículo no va de independentismos, ni quiere decir que apoye el actual estado de las autonomías; si todo el mundo tiene derecho a un mal rato, quizás éste sea mi mal rato, mi protesta o mi opinión (muy discutible), que me trae a la memoria una vieja y famosa frase que quizás haya que repetir: “sin esperar por nadie, León gritó fuera el invasor”
A las pruebas me remito:
Quien no nos conozca nos hallará primeramente en un escudo autonómico, como segundo plato detrás y debajo de Castilla, habrá que agradecer al menos, que nos dejen figurar. Y eso que “antes que Castilla leyes… concilios, fueros y reyes dieron prestigio a León”, como acertadamente canta nuestro himno. De aquello solo hacen mil años y mil batallas, insuficiente razón al parecer, para de no ir solo, ir delante de la tierra que aquella iniciativa heroica sembrara de castillos, que hasta forma y nombre le dimos.
En compensación nos devolvieron otro nombre, el de “cazurros”, con su humillante definición: Malicioso, tosco, basto, zafio, torpe, o quien profiere o practica groserías. Y eso a sabiendas, a tenor de los resultados históricos, de un seguro origen árabe de la palabra, la que describía a un contrincante guerrero leonés como “el que no cesa”; aquel que solo daba un paso atrás para embestir de nuevo con su natural tozudez contra los devastadores invasores agarenos.
Porque si, León es tierra de tozudos y perseverantes cazurros, de incesantes y brillantes genios, oscurecidos por ladrones de semblanzas que se lucran y presumen de méritos ajenos. Como es el caso, por la cercanía que me toca, del insigne Maese Don Pedro Fernández de Fuente Encalada, fundador de la Orden de los Caballeros de Santiago, natural de Fuente Encalada, como es natural. Solo un cazurro como él, látigo del opresor, llevaría hasta la muerte como apellido su pueblo, despreciando inventados linajes nobles, los que ahora sobrestiman su ruin procedencia, una humilde aldea en los arrabales de la gran ciudad árabe de Sansueña. Hoy hay tanto escrito sobre él que ya no se sabe ni quien fue. O el de quien ha dado sobrenombre al idioma español, lengua cervantina: D. Miguel de Cervantes, a quien nos llevaron para Alcalá de Henares contraviniendo post mortem su deseo de ser conocido como hijo de su pueblo, Cervantes, en la Sanabria zamorana, que así firmó sus obras. Como también pretenden llevarnos al bueno de Guzmán, modelo de cazurro, quien prestó su cuchillo a quienes cobardemente pedían la rendición de la plaza de Tarifa a cambio de la vida de su propio hijo. Ya sé donde encontrar la maldad, la torpeza o la grosería que alude el diccionario, y no es precisamente en León.
Y que decir de los Pendones, las insignias guiadoras de las mesnadas armadas; el alma de los pueblos obligados a luchar. Todavía hoy quedan, documentados fotográficamente por el investigador Jose Antonio Ordoñez, más de 750 en el viejo Reino. El Pendón se conoce y admira a nivel leonés, que fuera de sus fronteras no es más que un descalificativo y además machista: “Persona, especialmente mujer, muy alta, desvaída y desaliñada”, o “Persona de vida irregular y desordenada”. Y para humillar más su innegable valor cultural, expresamente recogido en los artículos 6.1 y 6.6 de los Estatutos de Autonomía, leo textualmente con sonrojo que desfilar con los Pendones es: “Andar sin necesidad ni provecho de un sitio a otro”, o “Pindongueo, vida holgazana y disoluta”. Qué poco respeto para las víctimas de aquellas guerras, y que asco de diccionarios.
El remate a la larga lista de afrentas que me voy a callar por falta de espacio, aceptando como afrenta “Vergüenza y deshonor que resulta de algún dicho o hecho, como la que se sigue de la imposición de penas por ciertos delitos”, es la llamada “tortolla”, la imagen impuesta de “Castilla y León”; el símbolo que representa mejor que nada lo anteriormente expuesto. El vídeo publicitario despeja cualquier duda: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=KsDeyL5qL_Q“El amarillo del fondo es el color de los campos de cereal CASTELLANO”…”El color amarillo es el color de NUESTRA TIERRA”… Si miramos el escudo veremos donde está el color “castellano de nuestra tierra”. Queda claro que las tonalidades variables del púrpura al carmesí del más antiguo símbolo heráldico de Europa no son aptas para los daltónicos manipuladores creadores de la “marca de la vergüenza”. Continúa el narrador con la debacle del “Y León”, reconocido mundialmente como “Cuna del Parlamentarismo”: “Las erres del logo evocan CASTILLOS y murallas, ICONOS de nuestra historia…” (repito, esa gran ramera); el castillo es el icono… de la envidia, por eso no precisamente por desgracia, no hay ni una sola “ele”, ni hubo consenso o igualdad, ni debería haber perdón hasta la restitución por todos los ultrajes padecidos. Que ironía, o que confabulación tan mezquina y degradante para nuestro Reino, desde que parece que se nos ha olvidado para qué se emplea la “i griega”: “para unir palabras o cláusulas en concepto afirmativo”, o sea, región de Castilla “Y” región de León, como rezan los estatutos de la autonomía precedidos por los valores históricos que resumo en estos extractos del preámbulo del Estatuto de Autonomía de Castilla y León:Hace mil cien años se constituyó el Reino de León, del cual se desgajaron en calidad de reinos a lo largo del siglo XI los de Castilla y Galicia y, en 1143, el de Portugal.Ya entonces, leoneses y castellanos (OJO, NO CASTELLANOS Y LEONESES) ofrecieron al mundo ejemplos de respeto y convivencia entre las culturas diversas que poblaban estas tierras, ejemplos afianzados a menudo en los Fueros leoneses y en las costumbres y fazañas castellanas.Ya entonces, brilló con luz propia la defensa de las libertades, cuando en 1188 se celebraron en León las primeras Cortes de la historia de Europa en las que participa el estamento ciudadano y en las que se documenta, como pacto entre el monarca y los estamentos, el reconocimiento de libertades a los súbditos de un reino.A partir de la unión definitiva de los Reinos de León y de Castilla, acontecida en 1230 bajo el reinado de Fernando III, la Corona de Castilla y León contribuirá decisivamente a la conformación de lo que más tarde será España, y se embarcará en empresas de trascendencia universal, como el descubrimiento de América en 1492. (Esto es falso, la unión de los reinos no dio lugar a un solo reino “Corona de Castilla y León”; todavía en 1833 la división territorial comprendía el Reino de León como las provincias León, Zamora y Salamanca)También en las tierras leonesas y castellanas se pusieron en pie las primeras Universidades de España, etc, etc. (Siempre que se refiere a los habitantes de ambas regiones, somos leoneses y castellanos. El resto dice Castilla delante, como el burro, “pa” que no se espante)
Para mi pregunta no hallo consuelo ni explicación, si esta es nuestra valía… ¿Dónde han llevado Mi Reino de León?
P.D.- Escudo de armas de León en wikipedia
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Los Pendones del Almucera

Dom, 11/09/2014 - 13:53


Cuando de niño no tenía hambre, recuerdo que me animaba mi madre diciendo que “el comer y el rascar, solo es el empezar”. Con los Pendones parece suceder lo mismo; es nombrarlos y aparecer, y no precisamente por suerte la gente se preocupa, los enseña con agrado y consideración, y donde no se conservan los intentan recordar como si de algo grande, transcendente, se tratara. Vidriales los tenía, y muchos; algunos documentados, como veremos más adelante.
Nuevo sábado de pendoneo, de investigación, con tiempo frío y propio de noviembre. El sol no pudo esquivar las indolentes nubes y mostrarnos su cara amable y de agradable fulgor para acompañarnos en nuestras fotos. En fin, punto de encuentro el céntrico Santibáñez, en el Sandra, mítico sitio de ocio vidrialés. Como en el cuento, tres fuimos tres, el incansable Jose Antonio Ordóñez, Alma Mater de Pendoneros de León (quien además ha acuñado un nuevo atributo para distinguir a quienes amamos y promocionamos nuestras raíces: Procuradores de la Memoria; pues sea, y sea él también el primer Procurador de la Orden); D. Miguel, nuestro amigo y párroco de casi todo Vidriales, quien ha hecho un hueco en su apretadísima agenda para acompañarnos por sus parroquias, también con título de Procurador de la Memoria más que merecido; y el que suscribe, infinitamente agradecido por tan buena compañía.
Primer pueblo, Cunquilla de Vidriales. Ya desde lejos destaca la extraña forma de la espadaña de su Iglesia, y hacia allí nos encaminamos. Desde cerca se ve claramente que ha sufrido un derrumbe, y D. Miguel nos ilustra con la historia del rayo que desmenuzó su lado sur, desgracia que ya no vivió ni la gente de más edad. Traspasamos su portada con arco de medio punto decorado con bolas para fijarnos en su discreto artesonado, volviendo luego la vista hacia el presbiterio cubierto con arcos de crucería y bóveda de ladrillo. Sobre el precioso retablo apunta nuestro experto guía: San Miguel Arcángel, centro y custodio de esta Iglesia. Atrás, domina la amplia nave de hueco sencillo un coro sin balaustrada, y allí, al fondo, estaba nuestro objetivo, documentado en 1588. El polvo de incontables años ocultaba una vara de 7,72, sin cruz parroquial, a quien abrazaba un precioso paño carmesí con más pena que gloria. Después de tantos años, el Pendón volvió a ver el cielo, encapotado pero cielo, que para eso fue cosido y labrado su mástil. Desplegados sus restos de seda auténtica, adamascada, miden 2,97 de alto por 1,70 en su parte más ancha, con pasamanería dorada y sin flecos o remates. La vara es de chopo del país, muy ligera aunque atacada por la carcoma. Llama la atención el largo de sus acanaladuras, 2,67, y la alternancia en la dirección de sus grabados. Muchas fotos, y mucha pena al volverlo a recoger; a saberse cuando se volverá a airear, aunque presiento que será pronto y con una gran fiesta en su honor.
Valle arriba llegamos a Grijalba de Vidriales, hagiotopónimo que significa Iglesia blanca. Pues a la iglesia, que se levanta en un pequeño promontorio engañándonos con su altura real, nos acercamos. Siempre me ha llamado la atención el conjunto de su portada de arco lobulado, un vistazo más para acceder al interior del templo sin bajar la vista y recrearnos en el extraordinario artesonado mudéjar, según dicen, uno de los mejores de Europa. A la izquierda otra joya, el retablo labrado por los discípulos de Manuel Becerra, y al frente, sobre la pared sur y en el suelo, una funda gris por la que aparece la vara del Pendón. De nuevo la calle, y el cielo que sigue triste hasta para contemplar esta maravilla de seda de 7 paños con colores rojo y verde. Comienza en rojo, buena señal del Reino de León, apunta el experto Jose; los paños 4º y 6º verdes son medios paños, de 25 cm. La vara es de pino, de 7,45 metros, con 8 acanaladuras y en relativo buen estado. Dicen en el pueblo que está rota y empalmada bajo el paño; si es así no se nota. El paño, prácticamente sin picos, mide 4,70 de alto, 4,05 en la parte superior y 1,15 en la inferior, con mucha caída, mostrando una extraña forma que llama la atención. Está bastante deteriorado, aunque de muy agradable tacto, cosido entre pasamanería dorada y conservando los flecos en una pequeña parte. Numerosos vecinos acudieron a ver y a fotografiarse bajo su Pendón, que tantos años hacía que no se desenrollaba. Con sumo cuidado lo devolvimos a su sitio, y respiramos felices el aire húmedo que este sábado envolvía el valle del Almucera.
Pero como no hay dos sin tres, probamos a visitar, cambiando de río, otro pueblo histórico que recuperó su Pendón: Santa Marta de Tera. Perdón por no avisar, pero algunas veces las cosas salen mejor así. En el bar de la plaza nos pusieron en contacto con Celes, quien amablemente y con permiso del párroco D. Pedro nos mostró lo que queda del paño del viejo Pendón, retales de colores rojo y verde con una franja central blanca. Muchas gracias a ambos, pronto y avisando hemos de volver; pero esa es otra historia y la contaremos en otra ocasión.
Como suele suceder cuando lo que se trae entre manos gusta, el tiempo se nos pasó volando, y tarde ya para llegar a comer me despedí de Jose, encaminándolo a su casa, y después de D. Miguel, agradeciéndole en el alma su colaboración. Quedamos todos satisfechos, que no hartos, de palpar tanta seda de Damasco; puede ser que jirones, pero que reflejan con brillo propio la grandeza de nuestras gentes y su historia. Hasta otra, y muy pronto.
Cunquilla de Vidriales








  



Grijalba de Vidriales













Santa Marta de Tera





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