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El Ti Joaquin

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A Castrotierra, con la devoción debida.

Dom, 05/24/2015 - 19:46




Ya parece, y quizás vaya siéndolo, una obligación. Es sábado, y la afición pendonera nos lleva a acompañar una fiesta milenaria, en el hermano valle del Duerna. Una celebración anual, las Pascuas de Pentecostés, que muy probablemente se remonte a los tiempos de Santo Toribio de Astorga, de mediados del siglo V, de carácter agrícola como la inmensa mayoría de las gentes de ésta comarca leonesa. El punto de reunión es el Santuario de Castrotierra, donde se venera a María en su advocación popular de la Virgen de la Lluvia. Y el punto de partida los pueblos de la margen derecha del Santuario, según baja el río, presididos por su Cruz Parroquial y portando en andas sus imágenes marianas. Dicen que son hermanas, y quizás sea cierto; y quienes las acompañan también, al menos en esta hermosa tradición llevada con respeto y armonía. Los pueblos son: Castrotierra, Fresno, Miñambres, Palacios, Redelga, Ribas, Valle, Villalís y Villamontán, y el objetivo una acción de gracias, algunos aprovechando para recibir bendición de sus campos. Más o menos la misma acción, de parte de los pueblos de la margen Izquierda, se realiza el día de San Miguel y acuden los pueblos de Destriana, Posada, Robledino, Robledo y antiguamente los pueblos de la Sequeda.
Nosotros, con nuestro Pendón blanquiazul, partimos desde Palacios, acompañados de la especial brisa valdornesa. 5 Kilómetros de ida, vuelta en coche para comida comunitaria, sabrosa y placentera, y de nuevo para Castrotierra, para al final del rosario de las 5 de la tarde, hacer el camino de vuelta disfrutando de la tarde, buena compañía, y mejor motivo.
Conté 14 Pendones, entre los que se encuentran los “pata negra” de León, los persistentes, los que no han variado un ápice en la tradición pendonera; aquí llevar el Pendón es una costumbre iniciada en la juventud y solo dejada por motivos de salud o por fuerza mayor. La maestría se hace notar en la Valduerna.Conté 9 Vírgenes, las 9 hermanas, expuestas luego en la parte derecha del templo, bajo la sedente talla románica de la Anfitriona del Castro. Es de madera policromada al temple, con la luna a los pies y una corona con rayos solares y estrellas que nos recuerda a la advocación de la Asunción. Devoción en estado puro.
Aprovecho para hacer mención de tres grupos de amigos, diferenciados y a la vez unidos en lo básico y esencial. El primero agradeciendo a los muchos que nos ayudan a llevar nuestro Pendón, esta vez destacaré a los chicos de Santa Catalina de Somoza. Por diversas causas vamos escasos de portadores y hay que reconocer la admirable disposición en torno a nuestra vara. Sabed que también son vuestros colores, y allá donde los viereis, vaya quien vaya, contad con sitio para ella en vuestros cinturones, con la bendición de su Dueña.Y qué decir del grupo venido desde Poza de la Vega, de tierras de Palencia, a casi dos horas de viaje para acompañar con su paño este sentido encuentro. Simplemente gente maravillosa, de tierra pendonera aunque con tamaños notablemente inferiores a los leoneses. De ellos, aparte de sus amigables y divertidas personalidades, me he quedado con un dicho de esos que tanto me gustan: “En Poza ni buey ni vaca ni moza; pero si vuelves la hoja… buey, vaca y moza”. Eso es que parece que no, pero son geniales, en buena medida y así nos lo demostraron. En Castrotierra lucieron nueva vara leonesa y su nuevo paño está siendo confeccionado en Zamora; les deseo de corazón largas pendonadas con la gracia que hicieron gala aquí.Por último quienes se empeñan en la divulgación de tan sensitivos acontecimientos. Parece increíble quedarse indiferente ante lo que ocurre, por ejemplo, en torno a éste Santuario, y maravillarse luego de las imágenes mediáticas de la Romería del Rocío. ¿Dónde queda la televisión?¿Los periódicos nacionales?...  Por suerte contamos con la inestimable cobertura fotográfica de José Antonio Ordóñez, su grupo Pendoneros de León y sus páginas del Facebook: https://www.facebook.com/joseantonio.ordonezmartinez?fref=tshttps://www.facebook.com/pendoneros.deleon?fref=tshttps://www.facebook.com/pages/Pendoneros-de-Le%C3%B3n/606260722750664?fref=tsAñadiremos a la lista un incondicional del vídeo, Juan Manuel Díaz, y su canal de YouTube, annexxis 77:https://www.facebook.com/pages/Pendones-en/315727198555185?fref=tshttps://www.youtube.com/user/annexxis77Y la simpatía personificada en dos profesionales de la información digital: María Antonia con su “Astorga Redacción”https://www.facebook.com/astorga.redaccion?fref=tshttp://astorgaredaccion.com/y Victoria con su “la llave del camino”:https://www.facebook.com/victoria.ylladominguez?fref=tshttp://www.lallavedelcamino.es/Con ellas entré a hablar con el rector del templo, D. José Mateos, para indagar un poco más en las características de tan magno acontecimiento. Y nos hizo pasar al camerino de la Virgen, para enseñarnos el lamentable estado de las imágenes que cubren sus paredes, donde es necesaria una urgente restauración. A quien corresponda, al menos quitar esas goteras que destruyen paramentos y delicadas e irreemplazables pinturas. El lema es, de no mejorar, al menos conservar. No es tan complicado.
En resumen, asistimos a una más de las incontables veces que Castrotierra acoge a sus vecinos pueblos, y se despiden en corro, con cánticos, rezos y aplausos… hasta el próximo año. Allí volveremos, si Dios quiere, a venerar a la Madre,… a continuar la tradición.
P.D. Para ampliar las imágenes, hacer doble click encima.






































Camerino del Santuario











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Así debería ser...

Lun, 05/18/2015 - 23:01


Así debería ser: tras cinco días de duros y obligados quehaceres, y quizás una mañana de tareas sabáticas, siempre debería acontecer una merecida tarde de bien entendida gloria. La tarde del 9 de Mayo la recordaré, y por lo visto no fui único, sobresaliente en este sentido.
El tema era atrayente, II Encuentro de Dulzaineros. El lugar ideal por la cercanía, Castrocalbón; al lado de casita, para no perder el tiempo en viajes. Entorno de lujo, la zona recreativa, acogedora y mimada. Un escenario tan simple como expresivo, los Pendones de Castrocalbón y Calzada hombro con hombro; historia y tradición, muestra del hermanamiento que pronto se haría notar. La presentación inmejorable, divertida y amena, a cargo de Marcos García, quien da clases en éste pueblo de música y danza. Un grupo de bailes regionales con solera, “La Arquilla” nos deleitó con su buen hacer. Y mucha gente, sobre todo mujeres, ataviadas al modo tradicional: así debería ser.
Comenzó el evento con un pasacalles como los de siempre, presidido con las hermanas pequeñas de los Pendones expuestos, las Pendonetas. Qué mejor toma de contacto que integrarse entre la gente, allá donde estuvieren; qué mejor preámbulo que mostrar el pueblo a los invitados. Así debería ser.
La climatología nos obsequió con calorcito, se agradecía la sombra del recién estrenado frontón, como también la previsión de asientos para el numeroso público. El anfitrión abrió el acto, el conocido Grupo de Dulzaineros de Castrocalbón, acompañados al baile de “La Arquilla”. Muy bien. Y mejorando el buen comienzo estuvo el homenaje a un maestro de la dulzaina, Antonio “Patarita”, natural de San Esteban de Nogales, que cuenta 92 años. Me dijo un pajarito que de niño le cogía la dulzaina al padre y se escondía en el pajar, para tocar aprovechando la natural insonorización de la paja. Pero de nada servía ante el penetrante sonido del instrumento tomado sin permiso, y muchas veces encontró más que palabras de desaprobación. Daba igual, de cualquier forma tenía que domar lo que le sirviera de sustento el resto de su vida. Con unas palabras de agradecimiento nos recordó los cientos de veces que soplara y resoplara en los festejos de éste pueblo, asegurando que “fue mucho de Castrocalbón”. Como no podía ser de otra forma, al final sacó de su estuche una dulzaina de más de 100 años, de antes de él nacer, dijo, y tocó un par de temas para ovación general.
El escenario se fue llenando paulatinamente de grupos, aparentemente con los mismos instrumentos, pero ni de lejos los mismos matices. Muchos géneros, algunos desconocidos para mí, ejecutados con maestría arrancaron el unánime aplauso del numeroso público tras cada pieza. Quise apuntar los nombres y sus temas, pero cuando revisé los apuntes me di cuenta que lo hice mal. O bien no sirvo para periodista, o me absorbió la calidad del acto. Mil perdones, pero no quisiera olvidarme de nadie ni mentir en las presentaciones. Alabo por lo visto la idea de Mateo de organizar el I encuentro de Dulzaineros en Trobajo del Cerecero, la recogida de guante del grupo de Dulzaineros de Castrocalbón, y la tercera edición, que sea donde sea allí nos llevará, si alguna desgracia no lo impide. Todos unidos por nuestra música, así debería ser.
Solicito permiso para destacar un par de tres cosas: la primera la sorpresa que nos tenía preparada el grupo Bañezaina, al interpretar un tema de Mago de Oz y la banda sonora de Piratas del Caribe; parece increíble adaptar con tanto gusto música y ritmos actuales a la particular dulzaina, eso es innovación, y así debería ser.
La segunda es la preparación en tiempo record de un par de temas por Alfonso, José María y las Pandereteras, quienes nos deleitaron con una jota y un pasodoble. Un “otra, otra…” del público puntuaron la actuación con la máxima nota. Es algo que define a los maestros, la improvisación; así debería ser.
La tercera, por los comentarios, el sobresaliente para Alberto Jambrina y Pablo Madrid. Decir la boca abierta es poco decir, quienes estaban detrás de mí, participantes dulzaineros, aseguraban que simplemente aquello no se podía tocar, qué íbamos a opinar los neófitos… Broche de oro, así debería ser.
Y así debería ser, y acabo como comencé; ojalá cada poco se brinden este tipo de actos, que haberlos hailos, pequeños detalles artísticos que evidencian la increíble vitalidad de nuestros pueblos y sus gentes; además, en contra de todo pronóstico. Y para que no se nos olvidara, todos juntos, soplando y redoblando a la vez se despidieron con un épico “todos somos de León”, versión pasodoble. Después ellos se irían a merendar para reponer fuerzas… que así debería ser.






















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2015 - 1965 = 50

Lun, 05/04/2015 - 00:39



Al reloj, devorador de horas:
Escucho tu soniquetede tan solo dos palabras:tic, tac, tic, tac y no callas,ni descansas ni te duermes.
Ya llevas, con paso corto,cincuenta, y no son minutos;que son años, a lo bruto,dando vueltas como loco.
Qué te he hecho, me pregunto,para controlar mi vida,dirigirme la barriga,poner a mi quehacer punto.
Observo que, y no es de risa,intolerante aparato,si yo descanso un buen ratotu caminas más aprisa.
¿Por qué sacudes mi sueño,con lo a gusto que yo estaba?,parece imposible que hagatal ruido algo tan pequeño.
Que no duermo por vagancia,necesitamos descansar;como tú no quieres pararmolestarnos te hará gracia.
Aligeras en los viajesjusto al momento de embarcar;si te enredas han de arrancary ahí te quedas, a ver que haces.
Al contrario, cuando es pronto,te miro al menos cien veces:si no paras, lo parece,¡venga, que pareces tonto!.

¿Por qué te vuelves borrosoy tiemblas en mi mano…?¿no ves que voy para anciano…?¿a qué juegas, so mocoso?
Eres malvado y lo sabes,soy reo de tu capricho,mira te lo tengo dicho…¡que te rompo y ya no vales…!
Son cincuenta y ya son años,los que llevo junto a ti,no te quiero ni tú a mí,e imposible separados.
Así pues, hagamos tratopara el tiempo que me queda:deja acabar mi tarea,¡por hacer me queda tanto…!
Alárgame los minutos,que más despacio camino;yo quiero seguir contigo,continuemos viaje juntos.
Y cuando al fin digas basta,contento te diré, amigo,por haberte conocidoplena y feliz llevo el alma.
ETJ








A mi madre, Ana María, quien con tanto amor puso en marcha mi reloj:

GRACIAS.


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A mayo, florido y hermoso.

Vie, 05/01/2015 - 11:00


Mayo es el mes espiritual por excelencia. El propio nombre nos evoca el original calendario que regía en la incipiente Roma del año 753 A.C., ideado por su cofundador y primer rey, Rómulo. Dentro de las eternas discusiones por la interpretación de conceptos en la historia, parece aceptado como el mes consagrado a una de solo tres deidades veneradas en el vetusto almanaque. El primer mes era para el dios de la guerra, Marte. Abril derivó de aprilis, espuma, cría de cerdos, apertura u otras mil posibles acepciones, pero de ningún modo fue deidad. Mayo era para la diosa Maya, diosa de la primavera, de la fertilidad; se la relaciona con Bona Dea, diosa de la salud y de la riqueza, y se la representaba postrada en un trono con una cornucopia, el cuerno de la abundancia, apareciendo en muchas monedas romanas antiguas. Y por último Juno, reina de los dioses. A partir de ahí, y hasta la reforma del calendario por Julio César, Rómulo no se complicó la vida y continuó con los dedos de la mano, como hacía con todas las divisiones, hasta los diez meses de su año: quintilis, sextilis, september, october, november y december. El poeta Ovidio, justificando tan poca imaginación en la elección de los nombres, decía de Rómulo que “sabía más de espadas que de estrellas”, y del 10 “porque es la cantidad de dedos con los que solemos contar”.
Ya los romanos celebraban el primero de mayo, haciendo coincidir su fiesta con otra de origen celta: Beltane. En ella se daba  por finalizado el invierno, comenzaban los trabajos en la agricultura y por ende el resto de actividades, casi todas relacionadas. Los restos de aquellas celebraciones se hacen notar hoy, en primer lugar como Día Internacional de los Trabajadores. En Ayoó, por su condición de    pueblo inmerso en pleno campo, perviven en este mes algunas tradiciones ancestrales y milenarias de culto a la naturaleza.
De los celtas, y seguramente que ellos de sus antecesores, hemos heredado el ritual del Mayo, aunque como todo, ha ido evolucionando adaptándose en cada lugar y a cada gente. La inteligencia de aquellas civilizaciones estaba basada en la observación, y era imposible quedarse indiferente ante el prodigioso renacer vegetal que cíclicamente vestía de vida su entorno. En el origen de la ceremonia, largos árboles eran talados, acarreados y plantados en un lugar destacado de la aldea; si el bosque era la morada de sus benefactores, traspasar con el árbol sus toscas murallas era traer protección y prosperidad a la comunidad. En lo más alto del palo ataban flores y ofrendas, y en su alrededor celebraban reuniones para acordar los asuntos colectivos. Así aclaramos también otras tradiciones típicas de la zona, (y perdidas), como son los pendones leoneses y los concejos. Y típico es el Mayo, con la variante de “colgar” un muñeco en lugar de flores en lo más alto, aunque últimamente aquí no se tala ni acarrea árbol alguno y simplemente se utiliza uno de los numerosos postes de tendido eléctrico.
Éste año tres Mayos adornan el pueblo, el día en el que se repite otra tradición ancestral, la bendición de los campos. En las afueras del pueblo, hacia los cuatro puntos cardinales, se pide fertilidad, cosechas abundantes y alejar las temidas tormentas y el granizo. Mayo, el más bello de los meses, se ofrece también al milagro de la vida, a las madres, y a una en especial, es también el mes de la Virgen María. En la procesión hacia la bendición de los campos, nuestra imagen de la Virgen del Rosario presidió la comitiva, a la hora que además un invitado de lujo venía de visita: San Mamés. Reunión emotiva, el santo, la Virgen y la gente haciendo corro en una mañana nublada, pero primaveral. Nuestro grupo coral entona cánticos de alegría, Mamés, Prenda Bella…, y  de vuelta a la Iglesia para comenzarle una novena, las campanas voltean en señal de fiesta.
Dicen los viejos refranes: “Las mañanitas de abril son dulces de dormir; ¿y las de mayo? las más dulces de todo el año”, aunque para los enamorados “Mes de mayo, mes de la maldición, que apenas amanece y ya se ha puesto el sol”. Meteorológicamente “Marzo airoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso”, y “Por Santa Cruz (3 de mayo) el monte y la viña reluz”, aunque otros previenen: “Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo”, porque “Cuando marzo mayea, mayo marcea”. En fin, cosas de la sabiduría popular; el caso es que la primavera está aquí, ya ha venido para quedarse. El domingo 3 será el día de la madre, el sábado 9 el final de la novena de San Mamés y su vuelta a la ermita, y el viernes 15 San Isidro labrador, otra fiesta popular de arraigo local. Con un par de días de antelación, felicito ya a todas las madres, y aunque estamos en el mes de las efímeras flores os regalo una poesía, de las que duran eternamente:
Llevo en el alma la divina huellade tu recuerdo, madre inolvidable;otras pisadas  hay, pero tan bellaninguna habrá, ni tan imperdurable.En tu interior un día me tuviste,y en  tu interior me llevas todavía.Nunca al pensar en ti puedo estar triste,pues soy tan tuyo como tú eres mía.
Francisco Álvarez Hidalgo

















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Campanas del mi lugar... ¡¡Alerta están!!

Vie, 04/24/2015 - 22:33

Los pueblos se apagan. Sus pilares se hunden, literalmente, en la tierra. La soledad vence en la calle y la toma por suya, sin resistencia alguna. El monte hace tiempo que se ha lanzado a reconquistar lo que un día fue todo propio, y avanza sin piedad. Sólo nos queda resistir o morir, o ambas cosas por necesidad.
La despoblación rural se me antoja como una alegoría, que sólo entenderá quien haya desgranado una piña de pino piñonero. Cuando está madura, rebosante, los primeros piñones salen solos de las capas primeras, sin orden y sin afectar la estética. La piña sigue estando cerrada, hermosa, con sus increíbles alineaciones helicoidales, y con los fallos que la hacen única y especial. Pero a medida que hurgamos en ella en busca del fruto, su mayor tesoro, pierde simetría, equilibrio, armonía. Al manipular las celdas se parten, y lo que era una coraza inexpugnable comienza a sonar raro, a roto. Los últimos piñones tienen que salir a golpes, ayudados de alguna herramienta punzante. Es entonces cuando la piña cambia de orden áureo a caos total con tanta rapidez que casi en cada parpadeo desconoceríamos el todo original si no fuera que la tenemos entre las manos. Esa piña es mi pueblo; y apelo, por no maldecir, a la mano que nos sacude tan cruelmente.
¿No oís los golpes? Prestad atención: los repite el triste tañer de las campanas cuando encordan, avisando que un vecino, un nuevo piñón, muere en el pueblo; es arrebatado de la piña. A esas campanas ya nuestros ancestros le dedicaron una coplilla:
Campanas del mi lugar,sé que me queréis de veras;tocásteis cuando nací,tocaréis cuando me muera.
Aunque a decir verdad, la piña no vale como ejemplo. Más bien nos deberíamos comparar con el gigante que surge de una sola y minúscula semilla. La alegoría sería para con el propio árbol, y su raíz, de donde partieron por sus circunstancias los ayoínos que allá donde fueron repitieron el extraño y bello nombre de su pueblo, lo deletrearon y mandaron acentuar para su correcta pronunciación. Ayoínos que ocuparon otras piñas, donde allí si, las montañas, las calles, las gentes repitieran los golpes desgarradores. Tristemente, la copla pierde el sentido, y la tierra que nos viera nacer quizás no nos acoja al final de los días.
Reflejo de lo expuesto ha sido el reciente fallecimiento de Evelio Tábara, desapercibido como tantos en nuestra comunidad. Había nacido en la calle Palomares, en una casa que hacía rincón. Era el año 1937, un 2 de diciembre. De cuatro hermanos fue el tercero, y como era y es costumbre, a los pocos días en la pila bautismal de la Iglesia, tomó el nombre de su padre. En la escuela del pueblo, donde la plaza de la audiencia, aprendió las letras y los números, en aquellas viejas enciclopedias que traían un poco de todo. El ansia por saber que pronto demostró, aconsejó su ingreso en otros colegios más avanzados. Primero sería la preceptoría anexa al Santuario de la Virgen del Campo, en Rosinos, bajo el atento control de su tío, sacerdote. De allí a Cáceres, Badajoz, Roma, Madrid… En 1962 fue ordenado sacerdote en Roma, enviado a Alemania y luego a Portugal. Hasta su muerte recorrió España con su actividad pastoral, como Vicario de la Provincia Ibérica, Superior y Capellán en Cáceres, , Director de colegio en Badajoz, Capellán en los centros penitenciarios de Cáceres y Madrid… y por último, y debido a su enfermedad, en una residencia de Cáceres, donde mientras pudo celebró la misa. Su última semana la pasó en el hospital de Coria, Cáceres, donde pronunció sus últimas palabras… “Muero feliz”.
Para Evelio el mundo fue parcela conocida, Europa la vuelta de la esquina, España la palma de su mano, y su querido pueblo ese lugar, inaccesible, difícil de visitar. Como tantos partió para no volver, y su ciclo de la copla quedó roto para siempre.
Piña o pino, los pueblos se secan, y solo queda un rincón para sus últimos frutos. El ruido de aquellas calles, de no hace tanto, apenas ya es un murmullo que asiente y se resigna en silencio. Solo las campanas están alerta, a sabiendas que su tañer melancólico no callará hasta que el último de nosotros calle. Es lo que nos han enseñado y será nuestro destino.














P: Evelio Tábara, 1937 - 2015
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Las sargas de la Pasión. (Rosinos de Vidriales)

Dom, 03/22/2015 - 22:27



En el trastero de la Iglesia Parroquial de Rosinos de Vidriales, debajo del coro balaustrado con un fragmento de un extraordinario artesonado mudéjar, reposan en ganchos de hierro varios rollos de grandes y sucias telas, lo que parece ser “El Monumento”. Con permiso de D. Miguel, rector del templo, y con su agradecida ayuda, comprobamos su estado más allá del polvo de varias décadas para en caso satisfactorio plantear una posible exposición.
Los más viejos del lugar lo recuerdan como “muy bonito”, pero con esa expresión que delata quien no atina a describir con otras palabras lo que representan recuerdos de juventud, familia, tradición y respeto. Respeto para unas costumbres heredadas, las que fueron tradiciones ancestrales muy arraigadas, en torno a las que la familia se congregaba, y con las sensaciones y sentimientos que la candorosa juventud vuelve imborrables. Qué difícil definir tanto cúmulo de vivencias; quizás, una vez más, nos den otra de muchas lecciones con su simple “muy bonito”.
“El Monumento” volvía cada año a los presbiterios por Semana Santa, transformándolos como por arte de encantamiento con esta variante de lo que se conoce como “arquitectura efímera”. Grandes lienzos de lino policromados, sujetos o pendientes de bastidores de madera llamados comúnmente “sargas”, montados y elevados mediante simples juegos de poleas para una rápida instalación y retirada. Uno de los objetivos era esconder el rico “pan de oro” dignificando la austeridad, la ausencia, y reflejando la tristeza por la muerte de quien era considerado salvador y guía, Jesús de Nazaret.
La pintura sobre las sargas es al temple con algún tipo de aglutinante, como huevo, cola animal, miel, aceite de nuez, etc., para poder enrollarlos y viceversa sin perder los pigmentos. La técnica era un tanto compleja, al no tener los lienzos ningún tipo de preparación para acoger la pintura, que además era de secado rápido y de difícil corrección.
El monumento, por lo general, imita una capilla con sus columnas, molduras y arcos de crucería, en la que se desarrollan escenas de la Pasión. Son típicas los soldados romanos de guardia, el lavatorio de Pilatos, la flagelación de Jesús, el beso de Judas, la crucifixión, la última cena…. también se pintan algunos útiles usados en aquella barbarie, como tenazas, martillos, clavos, escaleras…, y frases en latín referentes a las imágenes.
El monumento de la Iglesia de Rosinos actualmente consta de 3 telones de grandes dimensiones, unos 25 metros cuadrados; y un remate delantero que podría alcanzar en conjunto más de 8 metros de altura (Casi 3 pisos). Solamente una se las sargas se encuentra en mal estado: despintada y con el bastidor partido en varios trozos. Las demás, aunque acusan la edad, se pueden (y deben) exponer. Otra parte dañada es el fondo, ya que solo se conserva el lienzo sin bastidor de la parte central, una bien representada Última Cena.
Para la ya cercana Semana Santa, y sus oficios en el Santuario de la Virgen del Campo, se intentará exponer y usar este Monumento. Una mesa siguiendo la perspectiva del lienzo del fondo, la Última Cena, albergará también otra obra de arte sacro: un sagrario con la figura de un pelícano. Es una figura eucarística, por la creencia, desde el medievo, que esta ave en caso de necesidad alimenta a sus polluelos con su propia carne, picoteándose el pecho. Un símbolo muy usado desde tiempos remotos, que Santo Tomás de Aquino introdujo en su himno “Adoro te devote”: “Pie pellicane, Iesu Domine,…”(Bondadoso pelícano, Señor Jesús,…)
La suerte, y la profesionalidad del sarguero, ha querido dejarnos un importante dato, el párroco que le confió el trabajo, la fecha de elaboración y su propio nombre. Así, tras la escena central de La Pasión se puede leer “INV.º Y PIN.º ESTE MONUMENTO” (Inventó ¿? y pintó este monumento) y debajo “José de Silva” con su rúbrica. Al lado, en la misma caligrafía, “SIENDO CURA PARROCO D.ⁿ José Anton Cabrera. año de 1884.” Será interesante una futura investigación sobre el sarguero y sus obras; es más que evidente que también las sargas que se exponen todos los años en Fuente Encalada son del mismo autor, por la similitud de rasgos y formas. Por tanto se puede deducir que son de fechas similares, aunque en éste caso no dejara ni firma ni fecha.
Aunque las comparaciones son odiosas, hay que reconocer que las sargas de Rosinos son más grandes y “más bonitas” (entre comillas) que las de Fuente Encalada. Tenían razón los mayores, quienes han vivido desde niños una forma distinta la Semana Santa, vaya por ellos en especial la exposición de éste año en el Santuario del valle de Vidriales. Sus puertas abrirán para la misa de la Cena del Señor el jueves 2 de abril y para la celebración de la Pasión el viernes 3, a las 18:30 ambas; y para la Solemne Vigilia Pascual el sábado a las 21:00. Estáis todos invitados.













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... por una sonrisa, un cielo,...

Sáb, 03/21/2015 - 01:24

Esta mañana una parte importante de la humanidad, el mundo civilizado, observó directa o indirectamente el cielo. Decían que por no se cual casualidad el camino de la luna se interpondría al del sol, robándole su luz; algo que llamaron eclipse. Decían que era importante, un momento único. Cuantas máquinas con sus ojos artificiales buscarían el evento, inmortalizando el día y la hora, atrapando el instante. Y cuantas gentes de saber asistirían preocupadas a este baile de gigantes. Que suerte la suya por conseguir su objetivo; yo, por más que miré y miré, no atisbé a ver más que una enorme sonrisa celestial, de las de oreja a oreja. Una sonrisa que me ha enriquecido sin que notara pérdida alguna de valor de donde fue ofrecida, al contrario, hoy he sentido revalorizarse el firmamento. Ahora no me apetece escribir, solo seleccionar las fotos y meditar aquellos mágicos momentos. Si tan mal nos portamos aquí abajo… ¿por qué desde ahí arriba nos responden con ternura y desinterés? ¿Será porque una madre siempre perdona a sus hijos con una sonrisa…?



Fotos a través de un filtro de soldadura. Las de abajo aprovechando además su efecto espejo.


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La pizarra de Fuente Encalada.

Vie, 03/13/2015 - 15:53



El invierno de 1992-93 no fue generoso en lluvias o nieves; más bien al contrario, las crónicas lo recuerdan por seco. Aquel año en nuestros pueblos, las labores del campo propias de la primavera se adelantaron para aprovechar el poco tempero del terreno. Apenas había comenzado marzo y ya estaba casi todo ralvado.
En el pueblo de Fuente Encalada, Pedro Delgado Ferrero, quien fuera muy conocido en el valle Vidriales, terminaba de arar una parcela cercana al pueblo, en el pago denominado Teso Sordo. Como suele suceder más a menudo de lo que se quisiera, las rejas se engancharon hasta detener el avance del tractor. El experimentado agricultor y experto maquinista lo achacó a la aridez del terreno, cambió a una velocidad más corta su Fiat, y tras un seco tirón continuó la sucada con normalidad. Pero al volver con la siguiente frente a ese incidente encontró semienterrada la causa de la detención: una pizarra. No son propias de la zona, y mucho menos enterradas, así que detuvo el tractor y bajó curioso a inspeccionarla. De forma casi triangular, y de unos 40 por 40 centímetros, aquella laja parecía tener grabadas letras en una de las caras. Retiró con la mano los restos de tierra y efectivamente, allí había algo escrito. La subió al tractor y terminó de arar la parcela. Era la hora de comer.
En casa el chorro de agua del grifo le desveló una grafía extraña, delicada y elegante. Pero solo entendió un signo en la laja de pizarra, el que la cruza casi por el centro: la marca de su propia reja. Guardó la piedra y comentó el hecho con sus amigos y vecinos, a los que siempre invitó a contemplar su hallazgo.
Había transcurrido algo más de un año cuando recibió la visita de dos personas que se presentaron como arqueólogas, interesadas en estudiar y después exponer en un museo aquella pieza. Pedro no hizo objeción alguna, al contrario, colaboró con todas las explicaciones y respuestas pertinentes. A cambio recibió una simbólica retribución económica, y años más tarde un ejemplar de la separata de la revista de Prehistoria y Arqueología Zephyrus, editada en la Universidad de Salamanca, en la que se publica este extraordinario trabajo que se puede encontrar en PDF en la red:
http://rca.usal.es/index.php/0514-7336/article/viewFile/5034/5071
En 2001, la  novena muestra de Las Edades del Hombre en la Catedral de Zamora incluyó la ya conocida como “Pizarra de Fuente Encalada” entre sus piezas expuestas. También se publicó un libro en formato de gran tamaño y con más de 700 páginas con fotos y características de todo lo expuesto. La Fundación se acordó de Pedro regalándole uno de los libros, que la familia guarda junto con la revista Zephyrus y una fotografía enmarcada a tamaño natural de la Pizarra, en un lugar destacado de la vivienda. Un bonito recuerdo de una acción noble, como la de compartir una pieza histórica para que sea estudiada y expuesta en beneficio de todos. Actualmente se puede ver en el Museo de Zamora.
La parcela de Teso Sordo se sigue cultivando. Tractores de mayor potencia, y arados más profundos no han encontrado otros restos de la pizarra que completen el escrito, para saber a quien o qué iba dedicado. Difícil saber si fue cantero o escribano quien ahondó en la superficie negruzca con su cincel de punta fina para inmortalizar su mensaje. Y más difícil es leer entre caracteres visigóticos-mozárabes, en su mayoría capitales, tan dañados e incompletos. Pero los estudios arqueológicos han descifrado un fragmento del texto que ayuda a conocer el misterioso contenido. Se trata de un pasaje de la Pasión de San Bartolomé, en la que el apóstol maldice al demonio: “Si quieres que no te haga caer en el abismo, sal de esta estatua y hazla trizas. Luego, vete a los desiertos donde ni el ave vuela, ni el campesino ara, ni se ha oído jamás la voz del hombre” (c. 6,4). En algunas oraciones contra los daños atmosféricos se emplea parte de este pasaje, como se puede ver salvo detalles, en esta pizarra. También se ha cotejado con otro hallazgo, en el mismo material, en Carrio, del concejo de Laviana, Asturias. Ambos documentos coinciden en el pasaje de San Bartolomé, además del encabezamiento y finalización. Pudiera ser, y así parece aceptado, una filacteria o amuleto contra pedriscos y temporales, datada posiblemente en un temprano siglo X.
Este tipo de conjuros, o las oraciones a algunos santos invocando protección, o toques de campana para alejar o disolver nubes de tormenta, vienen a confirmar la eterna indefensión de las gentes del campo, agricultores y ganaderos, frente a las adversidades climatológicas. Se dice, con razón, que “por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico, un abogado, un arquitecto…, pero todos los días, al menos tres veces al día, vas a necesitar un agricultor” (o ganadero). Han sido, son y serán tan necesarios que paradójicamente también siguen siendo el escalafón más bajo de la sociedad, constantemente humillados por los caprichos del mercado. Fieles y luchadores, siempre implorando al cielo, pero afortunados por tener toda la tierra a sus pies, para ellos mi pequeño homenaje; que concluyo con un dicho popular:-         ¿De que te quejas, labrador honrao?-         Unas veces por seco… y otras por mojao.







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El antruejo de Alixa (Alija del Infantado)

Dom, 02/22/2015 - 23:38





Una treintena de figurantes y el patio de un castillo de finales del medievo: interesante mezcla, bien sazonada con tradición ancestral, para disfrute de cuantos se acercan cada año a Alija del Infantado el sábado previo al Martes de Carnaval. Acontecimiento declarado Fiesta de Interés Turístico; merecidamente, esa es la sensación general del público, tras ser arte y parte en el desarrollo de una representación arcaica. A mi modo de ver, se debe de entender y valorar, desde algunas fases claras, la evolución de este un rito milenario.

Así tenemos un ejemplo de sincretismo y otro de adaptación para espectáculo. El primero sería la convivencia con las ceremonias cristianas, con inclusión de personajes y monumentos religiosos como son Doña Cuaresma y la Iglesia de San Verísimo, y elementos laicos, como son la Corregidora o el Castillo-Palacio. El otro es la representación para un público, como llamada turística, concentrando en un solo punto lo que antaño ocurría por todo el pueblo. Esto último ha requerido la vuelta al origen, al fundamento, a la rareza que lo hace ser un antruejo único y especial.

La historia comienza en Alixa, poblado celta precedente a la actual Alija del Infantado, situado en el patio amurallado del castillo, aderezado con varios elementos típicos: sobre las hogueras penden los calderos para cocinar, las pieles secan sobre bastidores, y símbolos y talismanes marcan límites a la aldea. Aparece la figura del druida, un sacerdote con largo sayo de lino que cubre con pieles la cabeza; en voz alta invoca a los dioses solicitando protección, avisando del inminente peligro que solo él puede presentir. Entonces el Gran Jurru despierta de un sueño anual y convoca a sus guerreros. Cada vez más nerviosos y agitados aparecen por todos los rincones para reunirse en torno a su líder. Sobre las vestimentas blancas ciñen un fajín rojo, y correas sujetando esquilas y cencerros. En sus cabezas melenudas despuntan diabólicos cuernos, y poblados bigotes y barbas indican desaliño y dejadez. En el desfigurado rostro resaltan bocas y ojos sangrientos, henchidos por el odio. Con destreza manipulan largas tenazas provistas de dientes de sierra, diseñadas para agarrar y no soltar. Sus atributos son el fuego, la bronca, la burla o cualquier tropelía que acabe con el silencio y la paz. El mensaje que reciben del Gran Jurru es claro: deben salir a jurrar por Alixa. Con sus saltos, carreras y andares cómicos recorren el poblado, armados con sus tenazas, incomodando a los castrones, sus pacíficos moradores. Harto de los desmanes, el Castrón Mayor reta a luchar al Gran Jurru contra su mejor guerrero. La lucha es intensa, sin reglas, a muerte; pero acaba prevaleciendo el castrón, obligando al malvado Jurru y a sus secuaces a deponer las armas y rendirse, siendo conducidos a las mazmorras del castillo, y después, sin juicio previo, condenados al averno eterno. En otro tiempo, el jefe era después quemado colgado de un árbol.

Es fácil sentirse castrón al verse amenazado por los Jurrus. Pero también es bueno saber como se siente un Jurru, así que he recurrido al testimonio de una incondicional figurante: María Guadalupe Martínez. Amablemente nos explica el ritual de la vestimenta y de la fiesta en general. La camisa es de “tirillas”, sin cuello, y como el calzado, los guantes y los calzones, todo debe ser blanco. Antiguamente parece ser que el fajín podía ser un “pañuelo de Tiber”, pequeño mantón o pañuelo de hombros en el que prevalece el rojo. Un pañuelo blanco también rodea el cuello, las orejas y el cabello; es necesario ocultar por completo cualquier rasgo para no ser reconocido. Por último, las máscaras, llamadas popularmente “carantoñas” eran de madera, labradas a mano, sustituidas posteriormente por las de cartón, más ligeras y fáciles de construir. María nos describe la fiesta completa, las comparsas del lunes por la mañana, y los quintos corriendo tras la gente, especialmente las mozas, para untarle la cara con tizones, o últimamente con pintalabios. El martes era el día grande, en el que junto a los jurrus participaban antruejos y un “toro”. Y el miércoles se celebraba “el entierro de la sardina” para concluir la fiesta.

Es una tardía mascarada de invierno representando la trama clásica: el fin del invierno, sus días cortos y fríos y el comienzo de la primavera fertilizadora; el conflicto entre orden y caos con final feliz. Entre disfraces con feas máscaras, sonoros cencerros, pieles y amuletos, con declamaciones propias de aquella era, y con grandes dosis de alegría e ilusión, el espectador se ve atrapado y obligado a participar, nadie queda indiferente. Una permanente banda de percusión pone ritmo étnico al acto, y unos cuantos fuegos luz y calor. Se dice que puede ser uno de los carnavales más antiguos de la península, y razón no ha de faltar. A la vista está la evocación a otros tiempos, otras culturas. Es llamativa, por ejemplo, la presencia en escena de un maestro de ceremonias, invocando a los dioses para pedir ayuda, que nos recuerda al druida, mezcla de sacerdote, juez y hechicero, indispensable en el orden comunal celta. Las pieles que adornan el poblado, las polainas de los Jurrus o que cubren los Castrones, son vestigios de la actividad ganadera de los pueblos astures, mucho más importante que la agrícola. Pero las vestimentas blancas revelan otro rasgo: conocían, cultivaban y tejían el lino. Las máscaras de los jurrus provocan más recelo que miedo, es la encarnación del mal presente en todas las culturas, el eterno juego entre lo bueno y lo perverso. En un par de horas, y fieles a la etnografía, vemos como tras un antruejo se esconde una gran historia que los alixanos se empeñan cada año en recordarnos.

Como en los buenos acontecimientos, la despedida al público se hace con dulzura, en forma de chocolate y pastas. Buen sabor de boca, también literal, nos hemos llevado de Tierras de La Bañeza de parte de los vecinos de la vieja y nueva Alixa. El año que viene es menester volver; os invito, de corazón, a pasar un rato ameno reviviendo curiosas costumbres ancestrales, únicas e imprescindibles en la historia de nuestra comarca.

Antruejo de Alija del Infantado, tradición en estado puro.





























Reportaje televisión 8 León
                      
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