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El Ti Joaquin

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Actualizado: hace 1 hora 19 mins

Las sargas de la Pasión. (Rosinos de Vidriales)

Dom, 03/22/2015 - 22:27



En el trastero de la Iglesia Parroquial de Rosinos de Vidriales, debajo del coro balaustrado con un fragmento de un extraordinario artesonado mudéjar, reposan en ganchos de hierro varios rollos de grandes y sucias telas, lo que parece ser “El Monumento”. Con permiso de D. Miguel, rector del templo, y con su agradecida ayuda, comprobamos su estado más allá del polvo de varias décadas para en caso satisfactorio plantear una posible exposición.
Los más viejos del lugar lo recuerdan como “muy bonito”, pero con esa expresión que delata quien no atina a describir con otras palabras lo que representan recuerdos de juventud, familia, tradición y respeto. Respeto para unas costumbres heredadas, las que fueron tradiciones ancestrales muy arraigadas, en torno a las que la familia se congregaba, y con las sensaciones y sentimientos que la candorosa juventud vuelve imborrables. Qué difícil definir tanto cúmulo de vivencias; quizás, una vez más, nos den otra de muchas lecciones con su simple “muy bonito”.
“El Monumento” volvía cada año a los presbiterios por Semana Santa, transformándolos como por arte de encantamiento con esta variante de lo que se conoce como “arquitectura efímera”. Grandes lienzos de lino policromados, sujetos o pendientes de bastidores de madera llamados comúnmente “sargas”, montados y elevados mediante simples juegos de poleas para una rápida instalación y retirada. Uno de los objetivos era esconder el rico “pan de oro” dignificando la austeridad, la ausencia, y reflejando la tristeza por la muerte de quien era considerado salvador y guía, Jesús de Nazaret.
La pintura sobre las sargas es al temple con algún tipo de aglutinante, como huevo, cola animal, miel, aceite de nuez, etc., para poder enrollarlos y viceversa sin perder los pigmentos. La técnica era un tanto compleja, al no tener los lienzos ningún tipo de preparación para acoger la pintura, que además era de secado rápido y de difícil corrección.
El monumento, por lo general, imita una capilla con sus columnas, molduras y arcos de crucería, en la que se desarrollan escenas de la Pasión. Son típicas los soldados romanos de guardia, el lavatorio de Pilatos, la flagelación de Jesús, el beso de Judas, la crucifixión, la última cena…. también se pintan algunos útiles usados en aquella barbarie, como tenazas, martillos, clavos, escaleras…, y frases en latín referentes a las imágenes.
El monumento de la Iglesia de Rosinos actualmente consta de 3 telones de grandes dimensiones, unos 25 metros cuadrados; y un remate delantero que podría alcanzar en conjunto más de 8 metros de altura (Casi 3 pisos). Solamente una se las sargas se encuentra en mal estado: despintada y con el bastidor partido en varios trozos. Las demás, aunque acusan la edad, se pueden (y deben) exponer. Otra parte dañada es el fondo, ya que solo se conserva el lienzo sin bastidor de la parte central, una bien representada Última Cena.
Para la ya cercana Semana Santa, y sus oficios en el Santuario de la Virgen del Campo, se intentará exponer y usar este Monumento. Una mesa siguiendo la perspectiva del lienzo del fondo, la Última Cena, albergará también otra obra de arte sacro: un sagrario con la figura de un pelícano. Es una figura eucarística, por la creencia, desde el medievo, que esta ave en caso de necesidad alimenta a sus polluelos con su propia carne, picoteándose el pecho. Un símbolo muy usado desde tiempos remotos, que Santo Tomás de Aquino introdujo en su himno “Adoro te devote”: “Pie pellicane, Iesu Domine,…”(Bondadoso pelícano, Señor Jesús,…)
La suerte, y la profesionalidad del sarguero, ha querido dejarnos un importante dato, el párroco que le confió el trabajo, la fecha de elaboración y su propio nombre. Así, tras la escena central de La Pasión se puede leer “INV.º Y PIN.º ESTE MONUMENTO” (Inventó ¿? y pintó este monumento) y debajo “José de Silva” con su rúbrica. Al lado, en la misma caligrafía, “SIENDO CURA PARROCO D.ⁿ José Anton Cabrera. año de 1884.” Será interesante una futura investigación sobre el sarguero y sus obras; es más que evidente que también las sargas que se exponen todos los años en Fuente Encalada son del mismo autor, por la similitud de rasgos y formas. Por tanto se puede deducir que son de fechas similares, aunque en éste caso no dejara ni firma ni fecha.
Aunque las comparaciones son odiosas, hay que reconocer que las sargas de Rosinos son más grandes y “más bonitas” (entre comillas) que las de Fuente Encalada. Tenían razón los mayores, quienes han vivido desde niños una forma distinta la Semana Santa, vaya por ellos en especial la exposición de éste año en el Santuario del valle de Vidriales. Sus puertas abrirán para la misa de la Cena del Señor el jueves 2 de abril y para la celebración de la Pasión el viernes 3, a las 18:30 ambas; y para la Solemne Vigilia Pascual el sábado a las 21:00. Estáis todos invitados.













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... por una sonrisa, un cielo,...

Sáb, 03/21/2015 - 01:24

Esta mañana una parte importante de la humanidad, el mundo civilizado, observó directa o indirectamente el cielo. Decían que por no se cual casualidad el camino de la luna se interpondría al del sol, robándole su luz; algo que llamaron eclipse. Decían que era importante, un momento único. Cuantas máquinas con sus ojos artificiales buscarían el evento, inmortalizando el día y la hora, atrapando el instante. Y cuantas gentes de saber asistirían preocupadas a este baile de gigantes. Que suerte la suya por conseguir su objetivo; yo, por más que miré y miré, no atisbé a ver más que una enorme sonrisa celestial, de las de oreja a oreja. Una sonrisa que me ha enriquecido sin que notara pérdida alguna de valor de donde fue ofrecida, al contrario, hoy he sentido revalorizarse el firmamento. Ahora no me apetece escribir, solo seleccionar las fotos y meditar aquellos mágicos momentos. Si tan mal nos portamos aquí abajo… ¿por qué desde ahí arriba nos responden con ternura y desinterés? ¿Será porque una madre siempre perdona a sus hijos con una sonrisa…?



Fotos a través de un filtro de soldadura. Las de abajo aprovechando además su efecto espejo.


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La pizarra de Fuente Encalada.

Vie, 03/13/2015 - 15:53



El invierno de 1992-93 no fue generoso en lluvias o nieves; más bien al contrario, las crónicas lo recuerdan por seco. Aquel año en nuestros pueblos, las labores del campo propias de la primavera se adelantaron para aprovechar el poco tempero del terreno. Apenas había comenzado marzo y ya estaba casi todo ralvado.
En el pueblo de Fuente Encalada, Pedro Delgado Ferrero, quien fuera muy conocido en el valle Vidriales, terminaba de arar una parcela cercana al pueblo, en el pago denominado Teso Sordo. Como suele suceder más a menudo de lo que se quisiera, las rejas se engancharon hasta detener el avance del tractor. El experimentado agricultor y experto maquinista lo achacó a la aridez del terreno, cambió a una velocidad más corta su Fiat, y tras un seco tirón continuó la sucada con normalidad. Pero al volver con la siguiente frente a ese incidente encontró semienterrada la causa de la detención: una pizarra. No son propias de la zona, y mucho menos enterradas, así que detuvo el tractor y bajó curioso a inspeccionarla. De forma casi triangular, y de unos 40 por 40 centímetros, aquella laja parecía tener grabadas letras en una de las caras. Retiró con la mano los restos de tierra y efectivamente, allí había algo escrito. La subió al tractor y terminó de arar la parcela. Era la hora de comer.
En casa el chorro de agua del grifo le desveló una grafía extraña, delicada y elegante. Pero solo entendió un signo en la laja de pizarra, el que la cruza casi por el centro: la marca de su propia reja. Guardó la piedra y comentó el hecho con sus amigos y vecinos, a los que siempre invitó a contemplar su hallazgo.
Había transcurrido algo más de un año cuando recibió la visita de dos personas que se presentaron como arqueólogas, interesadas en estudiar y después exponer en un museo aquella pieza. Pedro no hizo objeción alguna, al contrario, colaboró con todas las explicaciones y respuestas pertinentes. A cambio recibió una simbólica retribución económica, y años más tarde un ejemplar de la separata de la revista de Prehistoria y Arqueología Zephyrus, editada en la Universidad de Salamanca, en la que se publica este extraordinario trabajo que se puede encontrar en PDF en la red:
http://rca.usal.es/index.php/0514-7336/article/viewFile/5034/5071
En 2001, la  novena muestra de Las Edades del Hombre en la Catedral de Zamora incluyó la ya conocida como “Pizarra de Fuente Encalada” entre sus piezas expuestas. También se publicó un libro en formato de gran tamaño y con más de 700 páginas con fotos y características de todo lo expuesto. La Fundación se acordó de Pedro regalándole uno de los libros, que la familia guarda junto con la revista Zephyrus y una fotografía enmarcada a tamaño natural de la Pizarra, en un lugar destacado de la vivienda. Un bonito recuerdo de una acción noble, como la de compartir una pieza histórica para que sea estudiada y expuesta en beneficio de todos. Actualmente se puede ver en el Museo de Zamora.
La parcela de Teso Sordo se sigue cultivando. Tractores de mayor potencia, y arados más profundos no han encontrado otros restos de la pizarra que completen el escrito, para saber a quien o qué iba dedicado. Difícil saber si fue cantero o escribano quien ahondó en la superficie negruzca con su cincel de punta fina para inmortalizar su mensaje. Y más difícil es leer entre caracteres visigóticos-mozárabes, en su mayoría capitales, tan dañados e incompletos. Pero los estudios arqueológicos han descifrado un fragmento del texto que ayuda a conocer el misterioso contenido. Se trata de un pasaje de la Pasión de San Bartolomé, en la que el apóstol maldice al demonio: “Si quieres que no te haga caer en el abismo, sal de esta estatua y hazla trizas. Luego, vete a los desiertos donde ni el ave vuela, ni el campesino ara, ni se ha oído jamás la voz del hombre” (c. 6,4). En algunas oraciones contra los daños atmosféricos se emplea parte de este pasaje, como se puede ver salvo detalles, en esta pizarra. También se ha cotejado con otro hallazgo, en el mismo material, en Carrio, del concejo de Laviana, Asturias. Ambos documentos coinciden en el pasaje de San Bartolomé, además del encabezamiento y finalización. Pudiera ser, y así parece aceptado, una filacteria o amuleto contra pedriscos y temporales, datada posiblemente en un temprano siglo X.
Este tipo de conjuros, o las oraciones a algunos santos invocando protección, o toques de campana para alejar o disolver nubes de tormenta, vienen a confirmar la eterna indefensión de las gentes del campo, agricultores y ganaderos, frente a las adversidades climatológicas. Se dice, con razón, que “por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico, un abogado, un arquitecto…, pero todos los días, al menos tres veces al día, vas a necesitar un agricultor” (o ganadero). Han sido, son y serán tan necesarios que paradójicamente también siguen siendo el escalafón más bajo de la sociedad, constantemente humillados por los caprichos del mercado. Fieles y luchadores, siempre implorando al cielo, pero afortunados por tener toda la tierra a sus pies, para ellos mi pequeño homenaje; que concluyo con un dicho popular:-         ¿De que te quejas, labrador honrao?-         Unas veces por seco… y otras por mojao.







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El antruejo de Alixa (Alija del Infantado)

Dom, 02/22/2015 - 23:38





Una treintena de figurantes y el patio de un castillo de finales del medievo: interesante mezcla, bien sazonada con tradición ancestral, para disfrute de cuantos se acercan cada año a Alija del Infantado el sábado previo al Martes de Carnaval. Acontecimiento declarado Fiesta de Interés Turístico; merecidamente, esa es la sensación general del público, tras ser arte y parte en el desarrollo de una representación arcaica. A mi modo de ver, se debe de entender y valorar, desde algunas fases claras, la evolución de este un rito milenario.

Así tenemos un ejemplo de sincretismo y otro de adaptación para espectáculo. El primero sería la convivencia con las ceremonias cristianas, con inclusión de personajes y monumentos religiosos como son Doña Cuaresma y la Iglesia de San Verísimo, y elementos laicos, como son la Corregidora o el Castillo-Palacio. El otro es la representación para un público, como llamada turística, concentrando en un solo punto lo que antaño ocurría por todo el pueblo. Esto último ha requerido la vuelta al origen, al fundamento, a la rareza que lo hace ser un antruejo único y especial.

La historia comienza en Alixa, poblado celta precedente a la actual Alija del Infantado, situado en el patio amurallado del castillo, aderezado con varios elementos típicos: sobre las hogueras penden los calderos para cocinar, las pieles secan sobre bastidores, y símbolos y talismanes marcan límites a la aldea. Aparece la figura del druida, un sacerdote con largo sayo de lino que cubre con pieles la cabeza; en voz alta invoca a los dioses solicitando protección, avisando del inminente peligro que solo él puede presentir. Entonces el Gran Jurru despierta de un sueño anual y convoca a sus guerreros. Cada vez más nerviosos y agitados aparecen por todos los rincones para reunirse en torno a su líder. Sobre las vestimentas blancas ciñen un fajín rojo, y correas sujetando esquilas y cencerros. En sus cabezas melenudas despuntan diabólicos cuernos, y poblados bigotes y barbas indican desaliño y dejadez. En el desfigurado rostro resaltan bocas y ojos sangrientos, henchidos por el odio. Con destreza manipulan largas tenazas provistas de dientes de sierra, diseñadas para agarrar y no soltar. Sus atributos son el fuego, la bronca, la burla o cualquier tropelía que acabe con el silencio y la paz. El mensaje que reciben del Gran Jurru es claro: deben salir a jurrar por Alixa. Con sus saltos, carreras y andares cómicos recorren el poblado, armados con sus tenazas, incomodando a los castrones, sus pacíficos moradores. Harto de los desmanes, el Castrón Mayor reta a luchar al Gran Jurru contra su mejor guerrero. La lucha es intensa, sin reglas, a muerte; pero acaba prevaleciendo el castrón, obligando al malvado Jurru y a sus secuaces a deponer las armas y rendirse, siendo conducidos a las mazmorras del castillo, y después, sin juicio previo, condenados al averno eterno. En otro tiempo, el jefe era después quemado colgado de un árbol.

Es fácil sentirse castrón al verse amenazado por los Jurrus. Pero también es bueno saber como se siente un Jurru, así que he recurrido al testimonio de una incondicional figurante: María Guadalupe Martínez. Amablemente nos explica el ritual de la vestimenta y de la fiesta en general. La camisa es de “tirillas”, sin cuello, y como el calzado, los guantes y los calzones, todo debe ser blanco. Antiguamente parece ser que el fajín podía ser un “pañuelo de Tiber”, pequeño mantón o pañuelo de hombros en el que prevalece el rojo. Un pañuelo blanco también rodea el cuello, las orejas y el cabello; es necesario ocultar por completo cualquier rasgo para no ser reconocido. Por último, las máscaras, llamadas popularmente “carantoñas” eran de madera, labradas a mano, sustituidas posteriormente por las de cartón, más ligeras y fáciles de construir. María nos describe la fiesta completa, las comparsas del lunes por la mañana, y los quintos corriendo tras la gente, especialmente las mozas, para untarle la cara con tizones, o últimamente con pintalabios. El martes era el día grande, en el que junto a los jurrus participaban antruejos y un “toro”. Y el miércoles se celebraba “el entierro de la sardina” para concluir la fiesta.

Es una tardía mascarada de invierno representando la trama clásica: el fin del invierno, sus días cortos y fríos y el comienzo de la primavera fertilizadora; el conflicto entre orden y caos con final feliz. Entre disfraces con feas máscaras, sonoros cencerros, pieles y amuletos, con declamaciones propias de aquella era, y con grandes dosis de alegría e ilusión, el espectador se ve atrapado y obligado a participar, nadie queda indiferente. Una permanente banda de percusión pone ritmo étnico al acto, y unos cuantos fuegos luz y calor. Se dice que puede ser uno de los carnavales más antiguos de la península, y razón no ha de faltar. A la vista está la evocación a otros tiempos, otras culturas. Es llamativa, por ejemplo, la presencia en escena de un maestro de ceremonias, invocando a los dioses para pedir ayuda, que nos recuerda al druida, mezcla de sacerdote, juez y hechicero, indispensable en el orden comunal celta. Las pieles que adornan el poblado, las polainas de los Jurrus o que cubren los Castrones, son vestigios de la actividad ganadera de los pueblos astures, mucho más importante que la agrícola. Pero las vestimentas blancas revelan otro rasgo: conocían, cultivaban y tejían el lino. Las máscaras de los jurrus provocan más recelo que miedo, es la encarnación del mal presente en todas las culturas, el eterno juego entre lo bueno y lo perverso. En un par de horas, y fieles a la etnografía, vemos como tras un antruejo se esconde una gran historia que los alixanos se empeñan cada año en recordarnos.

Como en los buenos acontecimientos, la despedida al público se hace con dulzura, en forma de chocolate y pastas. Buen sabor de boca, también literal, nos hemos llevado de Tierras de La Bañeza de parte de los vecinos de la vieja y nueva Alixa. El año que viene es menester volver; os invito, de corazón, a pasar un rato ameno reviviendo curiosas costumbres ancestrales, únicas e imprescindibles en la historia de nuestra comarca.

Antruejo de Alija del Infantado, tradición en estado puro.





























Reportaje televisión 8 León
                      
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1 de febrero, preludio de primavera.

Lun, 02/02/2015 - 23:49


He oído decir, que si en los primeros instantes de febrero no se repican las campanas, será signo de mal agüero. Los hacedores de pedrisco, “los diablos que amasan la piedra”, comienzan entonces sin descanso a producir y almacenar granizo con el que destruir todas las cosechas del año. Según dicen, esos seres malignos y despiadados solo se amedrentan con una cosa, que el tañer de las campanas haga eco en sus grandes y afiladas orejotas. Su pequeño cerebro no es capaz de asimilar ese sonido metálico y huirán a su lejano mundo hasta un nuevo febrero. Por eso las gentes están alerta, y en muchos campanarios esta noche, esté como esté, las campanas volverán a vibrar con fuerza, así ha sido en Ayoó de Vidriales y así deberá continuar.
La rato se presentaba muy frío, sin nubes, con una luna creciente iluminada en un 91%. Tanta claridad no es impedimento para distinguir las estrellas más brillantes y orientarse entre constelaciones, vigiladas de cerca por el gigante errante, padre de dioses y de hombres: Júpiter, padre también de la luz. En el cénit campa a sus anchas una escena de montería: Orión el cazador, dos perros y una liebre; sobre el cuadro unos mellizos con la luna a los pies, flanqueado por un toro, un cangrejo y un lejano león que viene trotando por un camino de estrellas. No ha tantos años con una piña de ellas alguien descubrió un reloj con forma de arado, consultado a cualquier hora de la noche para computar los sueños y las tareas; allá se ve, al poniente. Y también desde el alto se ve el gran carro, los Septem Triones romanos en su lento caminar en el círculo de la vida. Cuanta leyenda en un puñado de soles lejanos.
El toque de esta noche, bien documentado en el viejo reino de León y en algunas zonas de España, es uno de los muchos enigmas sin respuesta. El origen se acepta como la cristianización del rito celta de “Imbolc”; la veneración a Santa Brígida de Kildare. Ni una sola imagen de esta santa ocupa hornacina en nuestros retablos, ni un solo templo consagrado a la patrona de Irlanda, al contrario de Santa Bárbara, nominada contra las tormentas y con representación en muchos lugares. Pero todos y cada uno de los años Santa Brígida está presente en nuestro más íntimo acervo popular, y en las torres de las iglesias se alternan campaneros dispuestos a prolongar la tradición.
Nuestras campanas voltearon, y repicaron, porque es el “día de Santa Brígida”. En Congosta hacen lo mismo para “echar a enero fuera” y en otros sitios para alejar los renuberos. Pero este toque es mucho más que eso, es una gran fiesta invernal preludio de la primavera: 31 de enero (noche y víspera), 1 de febrero Santa Brígida, 2 de febrero Las Candelas, 3 de febrero San Blas (la cigüeña verás) y 5 de febrero Las Águedas. A lo ancho y largo de nuestra geografía son todavía días festivos reconocidos. Nada, al parecer, comparado con la repercusión que tuvo en otros tiempos. Ésta fiesta se me antoja como la mañana de viernes de un fin de semana primaveral.
Como natural de Calzada de la Valdería, pueblo con larga tradición de toque de campanas para deshacer las nubes de tormenta, y como afincado en Ayoó y campanero de Santa Brígida, termino con una inscripción curiosa, que he encontrado en Internet, grabada en una campana:“Funera plango, fulmina frango, sabbata pango, excito lentos, dissipo ventos, paco cruentos.”Traducido podría ser: (En los funerales lloro, quiebro los rayos, llamo a fiesta; apresuro a los perezosos, alejo las tormentas, pacifico el derramamiento de sangre.)
Y también con estos versos, como homenaje a campanas y campaneros:
Campana de mi lugar,tú si que me quieres de veras,tocaste cuando nací,tocarás cuando me muera.
SANTA BRÍGIDA


http://www.ecured.cu/index.php/Santa_Br%C3%ADgida_de_Kildare_,Abadesa
Campanas y campaneros 2015











Enlaces de interés:
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2012/07/meparece-imposible-hablar-de-mi-pueblo.html
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2014/03/el-cacho-la-truena.html
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2013/02/santa-brigida-y-los-renoberos.html


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"Y todas las aguas se convirtieron en sangre", segunda parte.

Jue, 01/29/2015 - 20:26



Escribo contento y satisfecho el presente artículo por varios motivos: el más importante sería haber llamado la atención sobre un tema que me preocupa casi tanto como extraña, que es mucho: unos residuos rojos en el agua de lluvia recogida. Para quienes no conozcan la parte primera:
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2015/01/exodo-7-20-y-todas-las-aguas-se.html
Ya varias personas me han aportado sus hipótesis en torno a la explicación del fenómeno meteorológico, cada cual según su forma de ver las cosas. Voy a resaltar una de ellas, publicada el día 23 de enero en el Adelanto Bañezano, semanario comarcal de las Tierras de La Bañeza:
http://adelantobanezano.com/?p=27276
El autor del artículo, Javier Fernández Lozano, aparte de un amigo y de otros muchos títulos incluso más allá de nuestras fronteras, es, por resumir mucho, Doctor en Geología, Topografía y Fotometría, investigador y profesor en la Universidad de Salamanca. (En un próximo artículo desgranaremos su vertiginosa trayectoria académica y profesional, máxime cuando cuenta con poco más de 30 años). Javier nos aporta una muy buena explicación, al menos para algunos casos estudiados. Faltaría corroborar éste con las pertinentes pruebas de laboratorio y comparar. Me gusta su estilo de exagerar la situación para captar el interés del lector, y una vez metido dentro del artículo argumentar y enseñar un mucho de ciencia. Muy bien.
Yo solo sé que no sé nada, y aparte de exponer públicamente mi preocupación y extrañeza, también he seguido los pasos de la lógica para ahondar en la investigación y publicar resultados. Lo primero que hice fue mirar al microscopio las muestras rojas, como es obvio. De mis hijos tenemos dos microscopios, ambos poco más que de juguete y por tanto con importantes aberraciones ópticas. Con ellos ya se intuyen unas finísimas “células”, pero con muy mala calidad de visión.
El siguiente paso fue contactar con otro gran amigo, Manolo Cabezas, gran naturalista y muchos años profesor y director del CEIP “Sansueña”, para preguntarle acerca del laboratorio de éste colegio de Santibáñez de Vidriales. De los varios microscopios me recomendó uno, que por varios días me prestó con agrado el equipo directivo. Muchísimas gracias, ha supuesto una gran ayuda para descubrir un poco más la naturaleza de las pequeñísimas “células”. Como ya dije, mi intención también era publicar los resultados, esperando que alguien coteje este caso con otros parecidos y solucionados, pero lo que yo pudiera ver me tenía que ser muy difícil de contar.
Así que probé a fotografiar a través del ocular, con unos resultados bastante buenos, que resultaron muy buenos con la técnica de foco primario y ayudado del zoom de la cámara. Tengo una Olympus SZ-31MR, y abajo dejo unas tomas fotográficas con los objetivos 10-0,25 y 40-0,65 del microscopio y hasta 24X del zoom, pero no sabría hacer el cálculo de los aumentos reales. Eso lo dejo para los entendidos.
Desde mi profunda ignorancia veo infinidad de diminutas perlas rojas, de color muy vivo al microscopio, realmente preciosas. Aparentemente se reúnen en comunidades, o en filamentos, aunque creo que es producto de la alta concentración, puesto que se ven muchas solas y aisladas. No se aprecian aplastadas, tipo glóbulo rojo, son esféricas y ligeramente deformadas cuando se apoyan en las compañeras. Eso revelaría un efecto conocido del medio en el que se encuentran, el agua. Y por último se ven otras de mucho menor tamaño y de color verde muy claro; estas son, entiendo yo, las normales y causantes del color verdoso que adquiere de forma natural el agua estancada.
Termino agradeciendo a todos la atención prestada, al Adelanto Bañezano y a Javier por la publicación, a Manolo, y al personal del centro por tan valioso préstamo y a todos los lectores por el tiempo dedicado en seguir éste vuestro blog. Por supuesto continuo investigando hasta encontrar similitud entre estas “perlitas” con las de otros estudios realizados. De momento lo único que he encontrado parecido en Internet en una muestra de la famosa lluvia de Kerala, todavía objeto de intenso debate. Abajo os dejo la foto para que comparéis. Fascinante, a que sí.











Abajo, células rojas de la lluvia de Kerala. Foto eltiempo.tv.




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La bendición de San Antonio Abad

Sáb, 01/17/2015 - 19:19


Sábado 17 de enero, son las 11 de la soleada mañana. En Ayoó toque de campanas a misa, es la llamada para la fiesta en honor a San Antonio Abad, “diecisiete de enero, San Antonico verdadero”, como nos recuerda el dicho popular. Padre, (abad), y primer anacoreta, tutor de los animales por interpretación errónea; por ese cerdito a los pies como atributo se le ha encomendado popularmente la protección de los animales. Por otra parte nada ajeno a su forma de vida, él vivió solo, alejado de las urbes, integrado en la naturaleza y sus criaturas. Cuentan las crónicas que solo se alimentaba de pan y agua, y en constante meditación. Totalmente eximido de causar dolor a ningún ser; candidato perfecto, pues, para tan afectuoso cargo.
Temprano, llegó nuestro párroco Don Miguel; gustoso, como siempre que puede, de charlar al sol con sus feligreses. Esta vez acudimos más de medio centenar para continuar el rito de pedir intercesión y amparo para quienes comparten nuestro humano techo. En representación de todos, llevamos alguno para solicitar bendición al término de la misa, como es tradicional. Mayoritariamente perros, inseparables compañeros, guardianes y delegados del orden en el mundo rural animal. Pero también un cabritillo… y una cierva que defendió con valentía y confianza el derecho de protección para sus compañeros y vecinos allende los muros. Nuestra religión los incluye: “todos somos hijos de Dios” (Colosenses, 1:16).
El agua bendita estuvo abundante, lo mismo que la alegría en la ceremonia con los animales. Hoy todo estaba permitido, ladridos de impaciencia o de autoridad, berridos interrogadores y comentarios sobre el comportamiento del corro formado. Siempre es de agradecer la atención de Don Miguel con nuestro pueblo, y de proporcionarnos estos ratos de armonía.
Una de las anécdotas más curiosas que se pueden leer sobre los santos, tiene por protagonista a San Antonio Abad, en el pueblo de Trigueros, Huelva. Durante el movimiento antirreligioso de la Segunda República, el alcalde, socialista, y muchos triguereños temieron por la imagen de su Señor y Patrón San Antonio, por lo que decidieron afiliarlo al sindicato UGT. Parece ser que entre 1932 y 1936 se procesionó el santo con un carnet colgando de la muñeca que decía: “Nombre – Antonio Abad. Edad – 105 años. Profesión – Santo. Vecino de – Trigueros. Actividad en el sindicato - Varias”. La procesión religiosa se convirtió entonces en manifestación legal y autorizada; el respeto a la “militancia” lo salvó del fuego. Una historia real que demuestra que la fe y la ideología no tienen por qué estar reñidas
Foto: http://www.diezrazones.es/localidad/Trigueros


Algún observador se habrá fijado que no uso el vocablo “mascota”, ese que nos llega del francés para definir lo que no me parece fácil de concentrar en una palabra. Es curioso que en nuestros pueblos, donde más se vive rodeado de animales, no se use ese término ni ningún otro para designarlos. Será que no sabemos expresar nuestros sentimientos con quienes comparten nuestras enormes casas, no un par de habitaciones de un pequeño piso, y esa sea la diferencia. Porque nuestros animales, a los que muchas veces paradójicamente damos muerte por ley de vida, son mucho más que un juguete o amuleto encerrado, un animal urbanizado; aquella pequeña vivienda-granja-escuela rural que fue nuestro hogar nos enseñó a compartir espacio y trabajo con animales de todo tipo. Desde niños aprendimos el equilibrio entre el respeto y su verdadera función en la casa, y desde luego, la ausencia de uno solo siempre hizo hueco en nuestro agujereado corazón. 























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Éxodo 7-20, "Y todas las aguas se convirtieron en sangre".

Dom, 01/04/2015 - 14:51

No me gustan los temas que deriven en catastrofismo; más bien soy todo lo contrario, de los del vaso medio lleno, de los que en las contrariedades busca soluciones antes que consecuencias, y de no haberlas, aconseja resignación antes del derrumbe o la desolación. Pero hay cosas que denunciar, aunque sea por desconocerlas y para encontrarle sentido; yo digo que es mejor parecer tonto un momento que serlo toda la vida. Este artículo servirá para exponer mi última preocupación medioambiental, me gustaría subsanar una duda que me preocupa desde hace tiempo, y aportaré un sencillo experimento que invito a repetir, lo mismo que admitiré a debate una explicación convincente, comprensible y tranquilizadora.
Todos tenemos mucho de observadores, un sentido que pocos desarrollan y muchos convivimos con él, atrofiado. Seguramente un contacto directo con la naturaleza en estado puro sirva de estímulo para este don propio de genios, no de intelectuales. La intuición frente al raciocinio, y la unión en busca de la perfección humana.
Al tema:Como buen ecologista me gusta almacenar y reciclar agua de lluvia, así tengo instalados dos simples aljibes en sendas bajadas de canalón que sirven para riego o limpieza. En otro artículo ya conté también el caso de una pila cerámica bajo un tejado para abrevadero de cuantos animales deseen. Fue precisamente una limpieza de este recipiente imprescindible de las cocinas, esmaltado de blanco, cuando observé en el fondo una costra rojiza. La retiré, porque era lo que quería hacer, limpieza. El caso es que la costra se ha repetido, lo mismo que en otros recipientes colocados para acaparar la lluvia. El último, en casa, por tener mayor cuidado de que nada extraño se deposite, es una fuente de cristal. El fondo, con las últimas aguas caídas ya tiene posos de algo rojo oscuro.
No me extrañaría que el agua se tiñera negruzca, algo que sucede en la descomposición de los elementos del agua detenida; aceptaría el color marrón como el polvo atmosférico disuelto por un chaparrón; me gusta ver el verde, las algas haciendo de las suyas… pero… ¿Rojo?. Tengo que añadir que el agua se mantiene limpia, sin ninguno de estos tres modelos que todos conocemos, solamente el fondo o el nivel hace estas marcas. Y tengo que recalcar que vivo en plena naturaleza rural, a muchos kilómetros de cualquier industria contaminante, digamos La Robla. De la pequeña azucarera de La Bañeza es muy raro que nos llegue nada, por la dirección de los vientos, lo mismo que de lo poco que contamina Benavente. Y del sur al oeste tenemos las comarcas de Tábara, Aliste, o Sanabria y la Carballeda, carentes de emisión de contaminantes que nos pudieran afectar.
Hace un tiempo, en agosto del año pasado, leí un artículoen La opinión de Zamora, periódico local, que denunciaba el agua de abastecimiento para el consumo zamorano por su elevada densidad de minerales y contaminantes. Una buena conclusión, dice, “es el único territorio, junto con Soria, donde no ha habido un solo análisis que detecte que hay riesgo para la salud”. Muy bien, y nos alegramos, pero… ¿qué está pasando con el agua de lluvia?
Los registros de la historia nos traen a la memoria episodios relacionados con lluvias rojas, entre otros elijo éstos: En dos papiros egipcios, que guardan similitud con las plagas que Moisés y Aarón amenazaron al faraón, se describe un Nilo teñido de rojo y dañino para la población. El polvo del desierto, como sucediera en 1926 en Italia, o la concentración de hierro y gases de 1984-86 en Camerún pueden enrojecer el agua, se ha estudiado y demostrado. Pero el caso más curioso es la lluvia roja de julio del 2001 en Kerala, India, que ha sido tema de intenso debate al contener material biológico sin ADN, como las células rojas de nuestra sangre; se ha apuntado a un posible origen extraterrestre revalidando la controvertida teoría de la panspermia.
Pero quizás solo haya que levantar la vista al cielo para distinguir nubes de agua naturales de las rayadas nubes contaminantes provocadas por las ingentes toneladas de combustible quemado por los cientos de vuelos que diariamente surcan nuestro cielo. Suave, sin ruido, una niebla amarga se puede estar disolviendo sobre nuestras cabezas. Y ya vendrá quien nos culpe de irresponsables porque el pequeño motor de explosión de nuestro vehículo supere no sé que tasa de emisiones. Es el repetido refrán de la paja en ojo ajeno, solo que aquí lo que está en riesgo puede ser nuestra salud, algo, por supuesto, innegociable. Busco explicaciones, mejor que sean satisfactorias.
FOTOS:Arriba, pila a la intemperie. Debajo detalle.

Agua almacenada

Detalles


Silla de terraza

Recipiente de cristal y detalles



Depósito grande de agua


Un día cualquiera, por decenas



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La Valdería, el valle dorado.

Jue, 01/01/2015 - 23:55



Siempre he sabido que vivo en un lugar extraordinario, cautivo de una gran historia sin descubrir. Esa ya fue, siendo niño, la primera valoración cultural que hiciera al saberme nacido en un pueblo cruzado por una importante vía romana, Calzada de la Valdería. Hoy, historia y tradiciones consumen mi poco tiempo de ocio disponible, lo que por otra parte me ha permitido conocer a gente muy interesante con la que aprender, compartir y debatir tan emocionantes temas.
El que vamos a tratar ahora me parece apasionante, así que voy a presentarlo con el prólogo de lo que me contaron como historia en Fuente Encalada, pero que posiblemente no pase de cuento adaptado a la zona, porque parece repetirse en varios lugares. Era una mora, esposa de uno de los gobernantes de la ciudad árabe de Sansueña, en Rosinos de Vidriales, que dio a luz un hijo; pero sus pechos carecían de alimento, así que mandó buscar en los pueblos vecinos una parturienta a su gusto que hubiese perdido a la criatura en el parto, para así alimentar a la suya. La mujer elegida era de Fuente Encalada, que buenamente cumplió a la perfección el trabajo encomendado. Una vez concluido, cuando el niño ya se valía por sí mismo, antes de volver a casa la mora le pagó y premió con una barriguda bolsita de cuero. La vidrialesa salió de la ciudad, y ya en el camino abrió curiosa la misteriosa bolsa, encontrando unas piedras ennegrecidas como pago a meses cuidando el niño de Sansueña. ¡Carbones!, pensó desilusionada, y las arrojó con rabia tan lejos como pudo. Al llegar a casa y contar llorando a su familia lo sucedido, se dieron cuenta que aquello era oro, y del cambio que hubiesen dado sus vidas de no haberlo derramado donde ya nunca fueron capaces de recuperar.
He comenzado el artículo con oro, por su especial relación con la comarca, y ese fue el tema que hizo muy agradable la tarde del 27 de diciembre en Castrocontrigo. En el rebosante local de la Junta Vecinal, disfrutamos con la presentación de vídeos, charlas y del libro “La ruta romana del oro en la Valdería”. Un motivo, además, de reencuentro entre curiosos y ávidos de historia, y nuevo tema de charla e investigación futura, por su relación con zonas anejas. Un trabajo que comenzó de la peor forma posible. Pero se suele decir que “no hay mal que por bien no venga”, y en este caso ha sido fructuoso. La cruel mano de un odioso incendiario dejó al descubierto lo que era conocido, pero difícil de catalogar: las minas de oro en el lugar en que las tribus lugareñas desde tiempos inmemoriales adornaron su indumentaria bateando las corrientes del Éria. Con la llegada de los romanos las explotaciones se volvieron intensivas. A la fuerza y con nuevos sistemas la tierra se separó de las piedras, y del oro, dejando una orografía de murias y canales identificados gracias a un nuevo sistema, el LIDAR, un láser aerotransportado.
Las nuevas tecnologías son un apoyo imprescindible para la información, el conocimiento y la investigación. Con ellas fácilmente encontramos temas y aspectos que hace solo unos años podían disfrutar unos pocos privilegiados; un gran potencial en abanico que incluso nos permite ver lo invisible, o alcanzar lo reservado.
Bien por el equipo formado por Antonia Marina Justel Cadierno en la documentación y redacción del libro, Javier Fernández Lozano en el trabajo de campo y Miguel Ángel Fernández Morán en la parte técnica. Bien también por Saúl Cenador y su aporte, y todos los que han colaborado de una forma u otra. Solo he repasado lo que promete ser un interesante estudio, extrapolable a otras zonas, por dar a conocer de forma sencilla e ilustrativa el “modus operandi” en la obtención del oro.
Por ejemplo, Madoz, en su tomo 13 del diccionario, refiriéndose del pueblo de Rosinos de Vidriales, nos habla de la cueva de “los moros” del Castro, y del canal que traía agua desde Castrocontrigo. No creo atrevido afirmar que el canal fuese mucho anterior, contemporáneo de los que recoge el libro y mandado labrar por los mismos ingenieros romanos para abastecer los campamentos de Petavonium y su entorno. Y por el camino… ¡quién sabe!, si hurgaron en la tierra vidrialesa buscando su “brillante amanecer”.
Ya sé que no es posible, lo he consultado a un experto; pero como romántico que soy, y tras la estupenda tarde en Castrocontrigo, se me antoja ver mi querida Valdería de una forma diferente. Es el Valdeaureo, el valle dorado que me vio nacer, ese que me huele a dulce… hogar. Y quizás algún día remueva las arenas del río emulando lo vivido por nuestros ancestros, en busca de una sola mota dorada que se escapara de sus arrugadas manos y de la mirada de un serio capataz. Ese, junto con la experiencia, sería mi añorado tesoro.




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Feliz Nochebuena

Mié, 12/24/2014 - 20:43



Parece que el ser humano tiende a representar cosas o acciones importantes y trascendentales de su existencia. Queda bien demostrado en las pinturas rupestres: la caza fue una actividad peligrosa y necesaria para la supervivencia y así lo reflejaron en las paredes de las moradas. En el cristianismo, uno de los capítulos más importantes y menos documentados es el nacimiento de Jesús. Tiene su explicación: aunque se esperaba un mesías nadie sabía quien o cuando debería nacer, y solo años más tarde confirmaría ser el elegido con su extraordinaria personalidad. Tras su muerte era lógica la representación como documento gráfico, como hecho histórico que ha trascendido literal hasta nuestros días. En las catacumbas de Priscila, sobre el año 180 un artista anónimo pintó un fresco con una mujer y un niño en brazos; a su lado un varón apuntando con su mano hacia una estrella (Foto de arriba de Wikimedia). Se interpreta como la Virgen María y su hijo Jesús, y el profeta Isaías señalando la estrella de Belén. Ese sería el primer “Belén” artístico de la historia, el que visitara San Francisco de Asís en noviembre del año 1223. A la vuelta a su ciudad, Greccio, quince días antes de Navidad mandó llamar a un hombre bueno llamado Juan y le indicó cómo celebrar una fiesta en la que se invitaría a las gentes del lugar a ver con sus propios ojos el misterio del nacimiento de Jesús. Juan decoró una cueva, y construyó un pesebre entre un buey y un asno para que en la homilía San Francisco explicase lo que Jesús sufrió en su invalidez de niño, y como fue acostado sobre el heno entre el aliento de dos animales. Una tierna representación que llegadas estas fechas seguimos encontrándole rincón en las Iglesias, en nuestros hogares, y en nuestros corazones.
Hace falta muy poco para recrear un Belén, en contra de lo que se cree. Simplemente es una mujer, un hombre y un niño recién nacido. Simbolismo en estado puro; una mujer, un hombre y un niño que escenifican la familia, la primigenia célula del tejido social. Esta familia en concreto es especial, desde el momento de ver el niño como una nueva y mejor forma de vida en el amplio sentido religioso. A partir de ahí, siempre que haya un respeto moral, la imaginación hará el resto.
Un Belén es un ejercicio de fe, de creatividad y de ingenio. Hay muchas formas y técnicas belenistas, hasta el punto de modificarlas cada año por los aficionados a este arte. Hay belenes históricos que recrean escenas bíblicas, belenes con paisajes rurales o urbanos, otros son minimalistas, o que resaltan oficios, como el de Camarzana. Hay belenes construidos con juguetes, como el de hace unos años del museo de Castrocalbón. También los hay vivientes, y en Ayoó tenemos mucha experiencia y muy buena calidad, o al menos así me lo parece. Este año en la Iglesia de nuestro pueblo hemos colocado uno… especial. No digo exclusivo, pero si que es la primera vez que aquí se hace algo parecido, y por tanto tendremos opiniones de todos los gustos.
Este año nuestro Belén es etnográfico, y lo hemos dedicado, después de a la Sagrada Familia, a nuestros mayores, y a quienes ya no están entre nosotros y tantas veces usaron las cosas que lo embellecen. Solo hizo falta hurgar en los pajares, en las paneras, en los desvanes, y seleccionar, porque todo era demasiado. No falta la rueda de un carro, por el ciclo que puede representar, y en su mismo centro, sobre el buje, hemos colocado el niño Jesús. Detrás la albarda y el collerón, necesarias para mover o labrar el sustento de la casa. Talegas y un escriño, almacén y transporte. Randeros y escobas de abaleo, usadas para barrer sucio y limpio, cada uno que lo vea a su parecer. Sogas y la red de la paja, son los lazos que unen. Unas alforjas, que simbólicas para iniciar cada viaje. Barrilas, el agua fuente de vida. Un rastro, una vienda, un viendo y una tornadera… las cerandas y cribos: el cereal, el alimento… el pan. Y sobre todo esto el yugo que hace ligazón, nos hace ir juntos y de no estarlo, nos recuerda nuestros esos seres queridos que están lejos de casa en estas fechas tan entrañables. Esta noche es Nochebuena, la noche mágica de los deseos. El mío es, por encima de todo, salud y paz para todos, que lo demás… ya vendrá por añadidura.
















FELIZ NOCHEBUENA

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Así comienza la Navidad en Vidriales.

Lun, 12/22/2014 - 15:38




Repito: siempre me he negado, reniego y creo que tengo aborrecido para el futuro comenzar “la Navidad” antes de su día, Nochebuena. No por llenar de lucecitas bailonas, papá noeles trepadores versión cocacola, mensajes navideños, árboles de espumillones y bolas brillantes, belenes apócrifos y demás reclamos consumistas que se tercien, la Navidad comienza cuando se quiera; es como festejar el premio gordo quince días antes del sorteo, es… es que demasiado incienso marea.
Pero también hay raras y especiales ocasiones en las que sí, la Navidad se puede adelantar, entre otras cosas porque quienes forman parte de ella, de su magia e ilusión, no se pueden dividir para complacer, como sería su gusto, a todos en los centrales días con su trabajo, con su buen hacer y mejor sentir. De un comienzo adelantado ha sido Vidriales testigo en su céntrico Santuario de la Virgen del Campo, templo abierto cada festividad navideña a las 5 de la tarde para cuantos deseen asistir a las celebraciones religiosas de estos días, máxime si no las han tenido por la mañana en sus respectivos pueblos, que nuestro paciente párroco tampoco se puede dividir.
Las campanas volteaban con energía llamando a fiesta. Eran las 4,30 del esperado sábado 20 de diciembre. Unas tímidas estufas trataban de calentar la amplia nave del Santuario, preparando un acto con caldeo propio, al menos espiritual. A las 5, Don Miguel, tras una pequeña introducción, llevó a cabo la tradición de bendecir el belén artesanal que dará auténtico sentido navideño a estas fiestas, para alegría e ilusión de los asistentes. A continuación Jose Antonio Uña Seijas, licenciado en Filología Hispánica y natural de Carracedo, nos complació con un detallado, documentado y sentido Pregón de Navidad.
A continuación la Asociación de San Lucas del Espíritu Santo, patrono de Vidriales, organizó y regaló para los asistentes un concierto de villancicos; la Coral Benaventana nos dejó literalmente boquiabiertos con su actuación. Un lujo, y no tengo más palabras.
Dos dulces, uno en pasta y otro en licor, se pudieron disfrutar como colofón de los actos, para aprovechar y saludarse entre los organizadores, actores y público y desearse, como no puede ser de otra forma, una feliz Navidad. Lo mismo que quien suscribe, mis mejores deseos para quienes lejos o cerca, conocidos o no, siguen este humilde blog, de todo corazón.
Jose Antonio cerró su pregón con la pequeña historia de su viaje a Tierra Santa, a la gruta donde según se dice nació Jesús. Le llamó la atención lo angosto de una puerta que accede a un lugar tan grande, en todos los sentidos, y recordando sus estudios finalizó con estas palabras, sin duda para meditar:“Hoy necesitamos hacernos más que nunca como niños, contagiados de la alegría, transparencia e ilusión por vivir. Por eso Unamuno, ante la puerta de la Natividad de Belén, construyó este poema”:
Agranda la puerta...
Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños,
yo he crecido, a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad aquella
en que vivir es soñar.
Yo también termino con un secreto: mi mayor satisfacción, el premio que más me ilusiona por construir o participar en el montaje de un Belén es ver un público sonriente, enternecido, vuelto niño por unos instantes. Si esto ocurre, mi trabajo está sobradamente abonado.
Feliz Navidad.
































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