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El Ti Joaquin

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Actualizado: hace 1 hora 44 mins

Siguiendo el ritual

Dom, 06/28/2015 - 13:21


Descubrimos la luna acechando a escondidas tras las ramas de un viejo roble. Su blanca palidez tomó cierto rubor y, sin dejar de mirar, continuó su largo y lento viaje celeste. Seguramente que de poder, hubiese bajado a reír, bailar y saltar con nosotros, como lleva viéndolo hacer por estas fechas a muchísimas generaciones de caras sonrientes, desde el inicio de los tiempos.
El nerviosismo se palpaba a falta de un buen rato para la medianoche. Decían que en ese instante el fuego debería estar en su apogeo para surtir efecto. La leña se amontonaba de todas direcciones, colaborando manos de diferentes edades. El primer humo supo a gloria; y, en contra de lo que suele suceder, parece que a nadie molestaba. El crepitar solo era acallado por las gaitas, flautas y tambores de la música con tintes celtas que reproducían unos altavoces. La única discordia era su volumen, para algunos alta, otros pedían más…, la historia de siempre.
Apetecía brincar, y no sé por qué. La hoguera era el punto de atracción de todas las miradas. Había que contenerse o el salto era inminente. Pero era menester seguir el rito. A las doce unos papelitos con lo que cada uno quiso escribir alimentaron las llamas. Aquí tampoco hubo acuerdo: unos decían que se deberían escribir deseos para todo el año, otros lo malo y negativo para que ardiera… A alguien vi redactar varias líneas, estilo testamento; yo, aunque dicen que es secreto y no lo debe conocer nadie, escribí un deseo que quiero compartir. Es la palabra más pequeña que recoge el mayor de los tesoros: PAZ. Con ella en abundancia apreciaríamos mejor estas celebraciones u otras parecidas, de amistad y armonía, y respeto por la madre naturaleza.
Congosta, casi donde nace el Almucera, y en la Congostura por donde discurre apretujado, es el lugar y cita anual para el ritual de culto al sol, en estos días tan largos. Nuestro fuego, como el de los antepasados, infunde ánimos al astro rey, para que aunque decaigan las horas de luz continúe con fuerza y energía. Además, la hoguera es purificadora, mágica, y es preciso saltarla y dejar que nos libere de ataduras mundanas. Así que comienzan las carreras y los brincos, ya nada lo puede parar. La edad dejó de ser requisito de formalidad; hoy y ahora todo está permitido, hasta unos pies descalzos cruzaron las brasas, desafiando la lógica. No sé cuantas veces saltamos cada uno, y también perdí la noción del tiempo. Qué bien se está con buena gente.
Un gran caldero con mezcla de frutas y bebida sirvió para calmar el calor. Compartir se ha hecho fiesta, y con esta pócima y un unánime brindis pedimos que para el año que viene estemos los mismos, o si acaso, alguno más. 
Salud.



























Del canal de YouTube de mi amigo Císimo:
                      
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A Don Felipe.

Sáb, 06/20/2015 - 01:04

Toda una vida...
Tiene que ser complicado describir toda una vida, aunque estuviera dedicada en un mismo lugar a la misma profesión, al mismo empeño. Si solo las mejores memorias recuerdan, apenas a grandes rasgos, los capítulos más trascendentales de la propia existencia, como para reseñar en unas líneas una personalidad con toda su idiosincrasia. Más difícil me parece, tratar de componer la semblanza de una persona con la que apenas he compartido pueblo y conversación los últimos años, pero que a mi modo de ver las cosas, se ha ganado rincón y homenaje en este blog, por ser ayoíno y porque creo que se lo merece.
Hoy su edad es avanzada, pero lo que más la vuelve delicada es la cruel enfermedad que va apagando poco a poco su saber vivir, su saber entender y su saber estar. Que doloroso tiene que ser perder los recuerdos, los conocimientos, para alguien que lleva trabajando toda una vida con esas herramientas tan sensibles llamadas sentimientos, consuelo, ánimo, alegría, resignación… Su campo de trabajo siempre fue el humano, que con libertad se dejó invitar, asesorar, conducir, acompañar y ofrecer los servicios de una gran casa, representada en cada población, cuna de arte y tradiciones, nuestra universal Iglesia.
Don Felipe es cura, una profesión de por vida que no tienen más que un principio, la vocación, y una jubilación, la forzosa. A él le ha tocado ya, y vive retirado en el apacible Ayoó, en el rincón de la calle Palomares, lejos de los bullicios y bajo la atenta compañía de su inseparable hermana. Don Felipe dedica sus días a la lectura, al paseo, al descanso contemplativo, y a sobrellevar lo mejor posible su enfermedad. Salvo esto último, todo bien ganado; por una larga y reconocida trayectoria como párroco en numerosas localidades, y de parte última, como impagable apoyo a Don Miguel y sus 15 parroquias, 16 pueblos.
Don Felipe nació en un 11 de junio de 1941 en Ayoó de Vidriales, ocupando el cuarto lugar en una numerosa prole de 8 hermanos. Sus padres reconocieron la valía de su hijo y dedicaron todo el esfuerzo y mucho más en conseguirle continuación a los estudios iniciados en el colegio que mediaba en la plaza de la Audiencia, bajo la tutela de Don Gabriel. Así que a los 13 años lo matricularon en la preceptoría anexa al Santuario de la Virgen del Campo de Rosinos de Vidriales, con el estricto Don Ángel Saavedra como instructor. Sólo estuvo allí un año, que según recuerda fue duro, por el escaso y anticuado equipamiento. Como era requisito, las familias aportaban semanalmente productos hortícolas para hacer la comida comunitaria, así como el pan y la limpieza de la ropa. Allí solo contó con 5 compañeros, y fue el último curso de la preceptoría. A su marcha para Astorga, el céntrico colegio Vidrialés se cerró… para siempre.
Astorga, y su viejo seminario, acogieron la ilusión del adolescente; pero aquella novedad y mejor calidad exigía un retraso; era necesario repetir el primer curso por presentarse con conocimientos demasiado básicos. 13 años más y llegó por fin el día deseado, el 21 de abril de 1958 cantó misa en su querido pueblo, rodeado de sus familiares y amigos. A partir de esa fecha, y con solo unos días de pausa, emprendió viaje junto a su hermana al destino que le fuera elegido: Xares, en Orense, en plenos montes de León, y a los pies de Peña Trevinca.
Toda una vida, 42 largos años desarrolló su actividad pastoral por tierras gallegas. De parte última fueron 8 pueblos, visitas semanales a una residencia de ancianos y clases diarias de religión en un colegio, amén de las catequesis de rigor. El descubrimiento de su actual enfermedad aconsejó la vuelta a Vidriales. Su despedida de tierras gallegas fue dolorosa; entre miles de recuerdos se trajo un regalo de su parroquia: un precioso óleo que adorna el descanso de la escalera de su casa ayoína, y que plasma la Iglesia de Santa María de Xares y su entorno nevado. Demasiados años abriendo y cerrando sus puertas la convirtieron en propia e inolvidable; ahora como tesoro su imagen llena un rincón del hogar.
Xares comparte nombre con el río que corre por sus términos, truchero famoso, pero Don Felipe no dedicaba su tiempo libre a la pesca, si no a la albañilería. Reparar y construir, sus iglesias lo pedían. Desde desconchones a lo que fuera necesario, de peón a improvisado oficial; ver orden y compostura fue su prioridad, y su satisfacción.
Me he pasado un buen rato de la tarde del domingo charlando con Don Felipe y su hermana. Amena conversación, desempolvando recuerdos, comentando actualidad. Si al llegar me recibió con su inseparable “sin novedad”, a la hora de marchar, y con la misma efusividad le deseo muchos “sin novedad”, salud, y más y mejor descanso; y que aquel por el que empeñó toda la vida le premie su constancia. Es digna de reconocimiento.



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De Geolodía por La Valdería.

Dom, 05/31/2015 - 23:47

Cuantas veces evitamos la belleza de nuestro entorno, suspirando con misteriosos paraísos lejanos, a veces en lugares problemáticos o por medio de costosos viajes. Algunos lo llaman “exclusividad” o “morbo” y en cierto modo tiene su valor “descubrir” nuevos mundos, nuevas culturas, pero sin menospreciar, claro está, nuestro propio patrimonio. Esta reflexión se explica muy bien con la ayuda de un viejo refrán: “Otro vendrá que bueno te hará”.
Pues han venido, de Salamanca, y para poner de relieve (nunca mejor dicho) la belleza natural, o artificial y milenaria de la comarca leonesa de La Valdería. La propuesta vino enmarcada en forma de excursión geológica, la que el mismo día se desarrolla a nivel nacional, el Geolodía. Dos guías, Javier Fernández Lozano y Gabriel Gutiérrez Alonso, reunieron en tiempo record más de 150 aficionados al tema, y de forma sencilla para los neófitos como yo, nos han explicado lo incomprensible, opinión ésta a mi parecer.
Arrancamos desde Castrocalbón, dirigiéndonos hacia sus arrabales; en dirección este, con un agradable paseo mañanero. El destino era Peña la Mora, un roquedal, donde se desarrolla una hermosa leyenda que ha llegado verbalmente a nuestros días a través de incontables generaciones. Un cuento con matices educativos, dirigida a los jóvenes de espíritu, que en otros tiempos saciaban (saciábamos) la natural curiosidad en expediciones para conocer el lugar que nos habían elegido para vivir. Cuántas veces la noche nos atrapó lejos de casa, embobados con unos nidos, los peces, o quien sabe qué cosas sorbían nuestra atención. Y también para quienes volvían tarde de las tareas, o con el ganado, por el angosto paso que forma Peña la Mora y la Masera de la Raposa. Como medida disuasoria se contaba en los seranos que una joven hechicera mora salía al paso de quienes, despistados, se aventuraban de vagar solos entrada la noche. Con camelos y artimañas la bella mujer seducía a las víctimas desapareciéndolas para siempre. Quizás solo alguien que pudo escapar trajo al pueblo la noticia y alertó del peligro. Esta leyenda confirma varias cosas: primero la persistente influencia árabe en nuestras tierras tras siglos de ocupación. Y también la relación de este tipo de leyendas con lugares que por algún motivo se creen especiales. Nuestros guías supieron reconocer la importancia geológica del lugar, y con una amena explicación comenzó un día que prometía, y se cumplió, especial.
La verdad es que abruma oír hablar de geología por los conceptos que se manejan. El tiempo se cifra con soltura en tramos de millones de años como quien cuenta monedas en la palma de la mano. Y la realidad es que son medidas que se nos escapan al raciocinio. Por ejemplo, se suele decir que si la historia del mundo durara un solo mes, 20 minutos antes de acabarse aparecería el hombre, y la inteligencia se desarrollaría en los últimos segundos; y eso que parecemos eternos, ¿verdad?. Otro efecto llamativo es la presión continental, inimaginable, hasta el punto de deformar durísimas rocas como simple plastilina entre nuestras manos. En Peña la Mora se encuentran en pocos metros estas vetas con forma de “U” o de “S”, aprovechadas por Javier y Gabriel para explicarnos la formación de la cuenca del Éria, y lo que se ha dado en llamar el Sinclinal de Truchas.
La siguiente parada, tras café de media mañana en Castrocontrigo, nos lleva a los pies del Castillo del Conde Peña Ramiro. Es un lugar estratégico, de origen visigodo, sobre el que se yergue el “Cristo de Valdavido” o “el Cristo de Truchas”, formalmente conocido como “el Sagrado Corazón”; una bella estatua de unos 20 metros de altura, obra del arquitecto Vicente Larrea, esculpido en 1957 pero colocada en 1963 sobre un torreón de mampostería. En la actualidad unos andamios delatan obra, parece que de restauración. Pues allí, en el acantilado que conduce con fuerza las aguas invernales del río Truchillas se han tallado en duras rocas de origen volcánico unos canales o cuencos llamados “marmitas de gigante”. En la pulida roca destacan bellísimos tonos oxidados, derivados de la alta proporción de piritas. Y en los alrededores unos líquenes mezcla de hongo y alga que indican edades de procesos o calidades del aire. Interesantísimo. También es de destacar aquí un canal romano, visible a pocos metros del río, últimamente usado para riego. Más de 500 km de estos canales surcan La Cabrera, algunos tramos labrados en dura roca, para arrancar el oro a estas tierras. Cómo lo hicieron es otra historia.
Hora de comer, nos esperaban en el área recreativa de Truchas, al lado del río y por gentileza del Ayuntamiento de la localidad: unos refrescos, patatas fritas y unas deliciosas empanadas que amenizaron nuestros bocadillos, aparte de hacernos confluir en la charla y en el descanso. Mil gracias por todo; Al finalizar los autocares y coches particulares nos devolvieron a la ruta, con las pilas recién cargadas.
Y tercera parada, de lujo. Desde Castrocontrigo el numeroso grupo nos encaminamos donde los romanos removieron, o mejor dicho, mandaron remover ingentes cantidades de áridos, con ayuda de agua canalizada, y con el objetivo de extraer el oro que aparecía mezclado con una típica arena rojiza. El proceso consistía en guiar el torrente para que arrastrara los sedimentos áureos hacia un filtro, posiblemente de urz, para después quemarlo y recoger el oro. En los canales se apartaban manualmente las piedras al paso del agua, y se amontonaban en hileras, conocidas como murias. Varios canales confluyen en una sola salida, dando nombre al topónimo “Vallico la Escoba”, y cualquiera que haya barrido con una rústica escoba vegetal lo entiende al verlo. Desde allí, valle abajo y paralelos al río, descenderían los carros romanos cargados de oro hasta Castrocalbón y su campamento Argentiolum, de allí por la Vía XVII de Antonino a Astúrica Augusta, y cruzando Pirineos y Alpes a Roma, destino final. Impresionante.
Difícil disciplina, la geología, para hacernos ver la creación de todo lo visible e invisible, o el viaje de las placas tectónicas en el tiempo y en el espacio, sin caer en la fantasía. Las pruebas son evidentes, deformaciones y capas superpuestas, o ambas cosas; fósiles, conglomerados, minerales, procesos geológicos… Hace falta mucha ilusión para seguir el tema, y quedó demostrada con el Geolodía 15 León en La Valdería. A partir de este día veo las peñas, las montañas y los valles de forma diferente. Ha merecido la pena, ha sido una gran experiencia; muchas gracias.
Enlaces de interés:
https://www.facebook.com/pages/Ruta-romana-del-oro-en-la-Valder%C3%ADa/366751700168711?fref=ts
http://www.sociedadgeologica.es/archivos_pdf/geolodia15/geogu%C3%ADas%20geolod%C3%ADa%2015/gdia15gui_leon.pdf
http://esculturas.pamplona.es/VerPagina.asp?IdPag=214&Idioma=1





























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A Castrotierra, con la devoción debida.

Dom, 05/24/2015 - 19:46




Ya parece, y quizás vaya siéndolo, una obligación. Es sábado, y la afición pendonera nos lleva a acompañar una fiesta milenaria, en el hermano valle del Duerna. Una celebración anual, las Pascuas de Pentecostés, que muy probablemente se remonte a los tiempos de Santo Toribio de Astorga, de mediados del siglo V, de carácter agrícola como la inmensa mayoría de las gentes de ésta comarca leonesa. El punto de reunión es el Santuario de Castrotierra, donde se venera a María en su advocación popular de la Virgen de la Lluvia. Y el punto de partida los pueblos de la margen derecha del Santuario, según baja el río, presididos por su Cruz Parroquial y portando en andas sus imágenes marianas. Dicen que son hermanas, y quizás sea cierto; y quienes las acompañan también, al menos en esta hermosa tradición llevada con respeto y armonía. Los pueblos son: Castrotierra, Fresno, Miñambres, Palacios, Redelga, Ribas, Valle, Villalís y Villamontán, y el objetivo una acción de gracias, algunos aprovechando para recibir bendición de sus campos. Más o menos la misma acción, de parte de los pueblos de la margen Izquierda, se realiza el día de San Miguel y acuden los pueblos de Destriana, Posada, Robledino, Robledo y antiguamente los pueblos de la Sequeda.
Nosotros, con nuestro Pendón blanquiazul, partimos desde Palacios, acompañados de la especial brisa valdornesa. 5 Kilómetros de ida, vuelta en coche para comida comunitaria, sabrosa y placentera, y de nuevo para Castrotierra, para al final del rosario de las 5 de la tarde, hacer el camino de vuelta disfrutando de la tarde, buena compañía, y mejor motivo.
Conté 14 Pendones, entre los que se encuentran los “pata negra” de León, los persistentes, los que no han variado un ápice en la tradición pendonera; aquí llevar el Pendón es una costumbre iniciada en la juventud y solo dejada por motivos de salud o por fuerza mayor. La maestría se hace notar en la Valduerna.Conté 9 Vírgenes, las 9 hermanas, expuestas luego en la parte derecha del templo, bajo la sedente talla románica de la Anfitriona del Castro. Es de madera policromada al temple, con la luna a los pies y una corona con rayos solares y estrellas que nos recuerda a la advocación de la Asunción. Devoción en estado puro.
Aprovecho para hacer mención de tres grupos de amigos, diferenciados y a la vez unidos en lo básico y esencial. El primero agradeciendo a los muchos que nos ayudan a llevar nuestro Pendón, esta vez destacaré a los chicos de Santa Catalina de Somoza. Por diversas causas vamos escasos de portadores y hay que reconocer la admirable disposición en torno a nuestra vara. Sabed que también son vuestros colores, y allá donde los viereis, vaya quien vaya, contad con sitio para ella en vuestros cinturones, con la bendición de su Dueña.Y qué decir del grupo venido desde Poza de la Vega, de tierras de Palencia, a casi dos horas de viaje para acompañar con su paño este sentido encuentro. Simplemente gente maravillosa, de tierra pendonera aunque con tamaños notablemente inferiores a los leoneses. De ellos, aparte de sus amigables y divertidas personalidades, me he quedado con un dicho de esos que tanto me gustan: “En Poza ni buey ni vaca ni moza; pero si vuelves la hoja… buey, vaca y moza”. Eso es que parece que no, pero son geniales, en buena medida y así nos lo demostraron. En Castrotierra lucieron nueva vara leonesa y su nuevo paño está siendo confeccionado en Zamora; les deseo de corazón largas pendonadas con la gracia que hicieron gala aquí.Por último quienes se empeñan en la divulgación de tan sensitivos acontecimientos. Parece increíble quedarse indiferente ante lo que ocurre, por ejemplo, en torno a éste Santuario, y maravillarse luego de las imágenes mediáticas de la Romería del Rocío. ¿Dónde queda la televisión?¿Los periódicos nacionales?...  Por suerte contamos con la inestimable cobertura fotográfica de José Antonio Ordóñez, su grupo Pendoneros de León y sus páginas del Facebook: https://www.facebook.com/joseantonio.ordonezmartinez?fref=tshttps://www.facebook.com/pendoneros.deleon?fref=tshttps://www.facebook.com/pages/Pendoneros-de-Le%C3%B3n/606260722750664?fref=tsAñadiremos a la lista un incondicional del vídeo, Juan Manuel Díaz, y su canal de YouTube, annexxis 77:https://www.facebook.com/pages/Pendones-en/315727198555185?fref=tshttps://www.youtube.com/user/annexxis77Y la simpatía personificada en dos profesionales de la información digital: María Antonia con su “Astorga Redacción”https://www.facebook.com/astorga.redaccion?fref=tshttp://astorgaredaccion.com/y Victoria con su “la llave del camino”:https://www.facebook.com/victoria.ylladominguez?fref=tshttp://www.lallavedelcamino.es/Con ellas entré a hablar con el rector del templo, D. José Mateos, para indagar un poco más en las características de tan magno acontecimiento. Y nos hizo pasar al camerino de la Virgen, para enseñarnos el lamentable estado de las imágenes que cubren sus paredes, donde es necesaria una urgente restauración. A quien corresponda, al menos quitar esas goteras que destruyen paramentos y delicadas e irreemplazables pinturas. El lema es, de no mejorar, al menos conservar. No es tan complicado.
En resumen, asistimos a una más de las incontables veces que Castrotierra acoge a sus vecinos pueblos, y se despiden en corro, con cánticos, rezos y aplausos… hasta el próximo año. Allí volveremos, si Dios quiere, a venerar a la Madre,… a continuar la tradición.
P.D. Para ampliar las imágenes, hacer doble click encima.






































Camerino del Santuario











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Así debería ser...

Lun, 05/18/2015 - 23:01


Así debería ser: tras cinco días de duros y obligados quehaceres, y quizás una mañana de tareas sabáticas, siempre debería acontecer una merecida tarde de bien entendida gloria. La tarde del 9 de Mayo la recordaré, y por lo visto no fui único, sobresaliente en este sentido.
El tema era atrayente, II Encuentro de Dulzaineros. El lugar ideal por la cercanía, Castrocalbón; al lado de casita, para no perder el tiempo en viajes. Entorno de lujo, la zona recreativa, acogedora y mimada. Un escenario tan simple como expresivo, los Pendones de Castrocalbón y Calzada hombro con hombro; historia y tradición, muestra del hermanamiento que pronto se haría notar. La presentación inmejorable, divertida y amena, a cargo de Marcos García, quien da clases en éste pueblo de música y danza. Un grupo de bailes regionales con solera, “La Arquilla” nos deleitó con su buen hacer. Y mucha gente, sobre todo mujeres, ataviadas al modo tradicional: así debería ser.
Comenzó el evento con un pasacalles como los de siempre, presidido con las hermanas pequeñas de los Pendones expuestos, las Pendonetas. Qué mejor toma de contacto que integrarse entre la gente, allá donde estuvieren; qué mejor preámbulo que mostrar el pueblo a los invitados. Así debería ser.
La climatología nos obsequió con calorcito, se agradecía la sombra del recién estrenado frontón, como también la previsión de asientos para el numeroso público. El anfitrión abrió el acto, el conocido Grupo de Dulzaineros de Castrocalbón, acompañados al baile de “La Arquilla”. Muy bien. Y mejorando el buen comienzo estuvo el homenaje a un maestro de la dulzaina, Antonio “Patarita”, natural de San Esteban de Nogales, que cuenta 92 años. Me dijo un pajarito que de niño le cogía la dulzaina al padre y se escondía en el pajar, para tocar aprovechando la natural insonorización de la paja. Pero de nada servía ante el penetrante sonido del instrumento tomado sin permiso, y muchas veces encontró más que palabras de desaprobación. Daba igual, de cualquier forma tenía que domar lo que le sirviera de sustento el resto de su vida. Con unas palabras de agradecimiento nos recordó los cientos de veces que soplara y resoplara en los festejos de éste pueblo, asegurando que “fue mucho de Castrocalbón”. Como no podía ser de otra forma, al final sacó de su estuche una dulzaina de más de 100 años, de antes de él nacer, dijo, y tocó un par de temas para ovación general.
El escenario se fue llenando paulatinamente de grupos, aparentemente con los mismos instrumentos, pero ni de lejos los mismos matices. Muchos géneros, algunos desconocidos para mí, ejecutados con maestría arrancaron el unánime aplauso del numeroso público tras cada pieza. Quise apuntar los nombres y sus temas, pero cuando revisé los apuntes me di cuenta que lo hice mal. O bien no sirvo para periodista, o me absorbió la calidad del acto. Mil perdones, pero no quisiera olvidarme de nadie ni mentir en las presentaciones. Alabo por lo visto la idea de Mateo de organizar el I encuentro de Dulzaineros en Trobajo del Cerecero, la recogida de guante del grupo de Dulzaineros de Castrocalbón, y la tercera edición, que sea donde sea allí nos llevará, si alguna desgracia no lo impide. Todos unidos por nuestra música, así debería ser.
Solicito permiso para destacar un par de tres cosas: la primera la sorpresa que nos tenía preparada el grupo Bañezaina, al interpretar un tema de Mago de Oz y la banda sonora de Piratas del Caribe; parece increíble adaptar con tanto gusto música y ritmos actuales a la particular dulzaina, eso es innovación, y así debería ser.
La segunda es la preparación en tiempo record de un par de temas por Alfonso, José María y las Pandereteras, quienes nos deleitaron con una jota y un pasodoble. Un “otra, otra…” del público puntuaron la actuación con la máxima nota. Es algo que define a los maestros, la improvisación; así debería ser.
La tercera, por los comentarios, el sobresaliente para Alberto Jambrina y Pablo Madrid. Decir la boca abierta es poco decir, quienes estaban detrás de mí, participantes dulzaineros, aseguraban que simplemente aquello no se podía tocar, qué íbamos a opinar los neófitos… Broche de oro, así debería ser.
Y así debería ser, y acabo como comencé; ojalá cada poco se brinden este tipo de actos, que haberlos hailos, pequeños detalles artísticos que evidencian la increíble vitalidad de nuestros pueblos y sus gentes; además, en contra de todo pronóstico. Y para que no se nos olvidara, todos juntos, soplando y redoblando a la vez se despidieron con un épico “todos somos de León”, versión pasodoble. Después ellos se irían a merendar para reponer fuerzas… que así debería ser.






















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2015 - 1965 = 50

Lun, 05/04/2015 - 00:39



Al reloj, devorador de horas:
Escucho tu soniquetede tan solo dos palabras:tic, tac, tic, tac y no callas,ni descansas ni te duermes.
Ya llevas, con paso corto,cincuenta, y no son minutos;que son años, a lo bruto,dando vueltas como loco.
Qué te he hecho, me pregunto,para controlar mi vida,dirigirme la barriga,poner a mi quehacer punto.
Observo que, y no es de risa,intolerante aparato,si yo descanso un buen ratotu caminas más aprisa.
¿Por qué sacudes mi sueño,con lo a gusto que yo estaba?,parece imposible que hagatal ruido algo tan pequeño.
Que no duermo por vagancia,necesitamos descansar;como tú no quieres pararmolestarnos te hará gracia.
Aligeras en los viajesjusto al momento de embarcar;si te enredas han de arrancary ahí te quedas, a ver que haces.
Al contrario, cuando es pronto,te miro al menos cien veces:si no paras, lo parece,¡venga, que pareces tonto!.

¿Por qué te vuelves borrosoy tiemblas en mi mano…?¿no ves que voy para anciano…?¿a qué juegas, so mocoso?
Eres malvado y lo sabes,soy reo de tu capricho,mira te lo tengo dicho…¡que te rompo y ya no vales…!
Son cincuenta y ya son años,los que llevo junto a ti,no te quiero ni tú a mí,e imposible separados.
Así pues, hagamos tratopara el tiempo que me queda:deja acabar mi tarea,¡por hacer me queda tanto…!
Alárgame los minutos,que más despacio camino;yo quiero seguir contigo,continuemos viaje juntos.
Y cuando al fin digas basta,contento te diré, amigo,por haberte conocidoplena y feliz llevo el alma.
ETJ








A mi madre, Ana María, quien con tanto amor puso en marcha mi reloj:

GRACIAS.


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A mayo, florido y hermoso.

Vie, 05/01/2015 - 11:00


Mayo es el mes espiritual por excelencia. El propio nombre nos evoca el original calendario que regía en la incipiente Roma del año 753 A.C., ideado por su cofundador y primer rey, Rómulo. Dentro de las eternas discusiones por la interpretación de conceptos en la historia, parece aceptado como el mes consagrado a una de solo tres deidades veneradas en el vetusto almanaque. El primer mes era para el dios de la guerra, Marte. Abril derivó de aprilis, espuma, cría de cerdos, apertura u otras mil posibles acepciones, pero de ningún modo fue deidad. Mayo era para la diosa Maya, diosa de la primavera, de la fertilidad; se la relaciona con Bona Dea, diosa de la salud y de la riqueza, y se la representaba postrada en un trono con una cornucopia, el cuerno de la abundancia, apareciendo en muchas monedas romanas antiguas. Y por último Juno, reina de los dioses. A partir de ahí, y hasta la reforma del calendario por Julio César, Rómulo no se complicó la vida y continuó con los dedos de la mano, como hacía con todas las divisiones, hasta los diez meses de su año: quintilis, sextilis, september, october, november y december. El poeta Ovidio, justificando tan poca imaginación en la elección de los nombres, decía de Rómulo que “sabía más de espadas que de estrellas”, y del 10 “porque es la cantidad de dedos con los que solemos contar”.
Ya los romanos celebraban el primero de mayo, haciendo coincidir su fiesta con otra de origen celta: Beltane. En ella se daba  por finalizado el invierno, comenzaban los trabajos en la agricultura y por ende el resto de actividades, casi todas relacionadas. Los restos de aquellas celebraciones se hacen notar hoy, en primer lugar como Día Internacional de los Trabajadores. En Ayoó, por su condición de    pueblo inmerso en pleno campo, perviven en este mes algunas tradiciones ancestrales y milenarias de culto a la naturaleza.
De los celtas, y seguramente que ellos de sus antecesores, hemos heredado el ritual del Mayo, aunque como todo, ha ido evolucionando adaptándose en cada lugar y a cada gente. La inteligencia de aquellas civilizaciones estaba basada en la observación, y era imposible quedarse indiferente ante el prodigioso renacer vegetal que cíclicamente vestía de vida su entorno. En el origen de la ceremonia, largos árboles eran talados, acarreados y plantados en un lugar destacado de la aldea; si el bosque era la morada de sus benefactores, traspasar con el árbol sus toscas murallas era traer protección y prosperidad a la comunidad. En lo más alto del palo ataban flores y ofrendas, y en su alrededor celebraban reuniones para acordar los asuntos colectivos. Así aclaramos también otras tradiciones típicas de la zona, (y perdidas), como son los pendones leoneses y los concejos. Y típico es el Mayo, con la variante de “colgar” un muñeco en lugar de flores en lo más alto, aunque últimamente aquí no se tala ni acarrea árbol alguno y simplemente se utiliza uno de los numerosos postes de tendido eléctrico.
Éste año tres Mayos adornan el pueblo, el día en el que se repite otra tradición ancestral, la bendición de los campos. En las afueras del pueblo, hacia los cuatro puntos cardinales, se pide fertilidad, cosechas abundantes y alejar las temidas tormentas y el granizo. Mayo, el más bello de los meses, se ofrece también al milagro de la vida, a las madres, y a una en especial, es también el mes de la Virgen María. En la procesión hacia la bendición de los campos, nuestra imagen de la Virgen del Rosario presidió la comitiva, a la hora que además un invitado de lujo venía de visita: San Mamés. Reunión emotiva, el santo, la Virgen y la gente haciendo corro en una mañana nublada, pero primaveral. Nuestro grupo coral entona cánticos de alegría, Mamés, Prenda Bella…, y  de vuelta a la Iglesia para comenzarle una novena, las campanas voltean en señal de fiesta.
Dicen los viejos refranes: “Las mañanitas de abril son dulces de dormir; ¿y las de mayo? las más dulces de todo el año”, aunque para los enamorados “Mes de mayo, mes de la maldición, que apenas amanece y ya se ha puesto el sol”. Meteorológicamente “Marzo airoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso”, y “Por Santa Cruz (3 de mayo) el monte y la viña reluz”, aunque otros previenen: “Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo”, porque “Cuando marzo mayea, mayo marcea”. En fin, cosas de la sabiduría popular; el caso es que la primavera está aquí, ya ha venido para quedarse. El domingo 3 será el día de la madre, el sábado 9 el final de la novena de San Mamés y su vuelta a la ermita, y el viernes 15 San Isidro labrador, otra fiesta popular de arraigo local. Con un par de días de antelación, felicito ya a todas las madres, y aunque estamos en el mes de las efímeras flores os regalo una poesía, de las que duran eternamente:
Llevo en el alma la divina huellade tu recuerdo, madre inolvidable;otras pisadas  hay, pero tan bellaninguna habrá, ni tan imperdurable.En tu interior un día me tuviste,y en  tu interior me llevas todavía.Nunca al pensar en ti puedo estar triste,pues soy tan tuyo como tú eres mía.
Francisco Álvarez Hidalgo

















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Campanas del mi lugar... ¡¡Alerta están!!

Vie, 04/24/2015 - 22:33

Los pueblos se apagan. Sus pilares se hunden, literalmente, en la tierra. La soledad vence en la calle y la toma por suya, sin resistencia alguna. El monte hace tiempo que se ha lanzado a reconquistar lo que un día fue todo propio, y avanza sin piedad. Sólo nos queda resistir o morir, o ambas cosas por necesidad.
La despoblación rural se me antoja como una alegoría, que sólo entenderá quien haya desgranado una piña de pino piñonero. Cuando está madura, rebosante, los primeros piñones salen solos de las capas primeras, sin orden y sin afectar la estética. La piña sigue estando cerrada, hermosa, con sus increíbles alineaciones helicoidales, y con los fallos que la hacen única y especial. Pero a medida que hurgamos en ella en busca del fruto, su mayor tesoro, pierde simetría, equilibrio, armonía. Al manipular las celdas se parten, y lo que era una coraza inexpugnable comienza a sonar raro, a roto. Los últimos piñones tienen que salir a golpes, ayudados de alguna herramienta punzante. Es entonces cuando la piña cambia de orden áureo a caos total con tanta rapidez que casi en cada parpadeo desconoceríamos el todo original si no fuera que la tenemos entre las manos. Esa piña es mi pueblo; y apelo, por no maldecir, a la mano que nos sacude tan cruelmente.
¿No oís los golpes? Prestad atención: los repite el triste tañer de las campanas cuando encordan, avisando que un vecino, un nuevo piñón, muere en el pueblo; es arrebatado de la piña. A esas campanas ya nuestros ancestros le dedicaron una coplilla:
Campanas del mi lugar,sé que me queréis de veras;tocásteis cuando nací,tocaréis cuando me muera.
Aunque a decir verdad, la piña no vale como ejemplo. Más bien nos deberíamos comparar con el gigante que surge de una sola y minúscula semilla. La alegoría sería para con el propio árbol, y su raíz, de donde partieron por sus circunstancias los ayoínos que allá donde fueron repitieron el extraño y bello nombre de su pueblo, lo deletrearon y mandaron acentuar para su correcta pronunciación. Ayoínos que ocuparon otras piñas, donde allí si, las montañas, las calles, las gentes repitieran los golpes desgarradores. Tristemente, la copla pierde el sentido, y la tierra que nos viera nacer quizás no nos acoja al final de los días.
Reflejo de lo expuesto ha sido el reciente fallecimiento de Evelio Tábara, desapercibido como tantos en nuestra comunidad. Había nacido en la calle Palomares, en una casa que hacía rincón. Era el año 1937, un 2 de diciembre. De cuatro hermanos fue el tercero, y como era y es costumbre, a los pocos días en la pila bautismal de la Iglesia, tomó el nombre de su padre. En la escuela del pueblo, donde la plaza de la audiencia, aprendió las letras y los números, en aquellas viejas enciclopedias que traían un poco de todo. El ansia por saber que pronto demostró, aconsejó su ingreso en otros colegios más avanzados. Primero sería la preceptoría anexa al Santuario de la Virgen del Campo, en Rosinos, bajo el atento control de su tío, sacerdote. De allí a Cáceres, Badajoz, Roma, Madrid… En 1962 fue ordenado sacerdote en Roma, enviado a Alemania y luego a Portugal. Hasta su muerte recorrió España con su actividad pastoral, como Vicario de la Provincia Ibérica, Superior y Capellán en Cáceres, , Director de colegio en Badajoz, Capellán en los centros penitenciarios de Cáceres y Madrid… y por último, y debido a su enfermedad, en una residencia de Cáceres, donde mientras pudo celebró la misa. Su última semana la pasó en el hospital de Coria, Cáceres, donde pronunció sus últimas palabras… “Muero feliz”.
Para Evelio el mundo fue parcela conocida, Europa la vuelta de la esquina, España la palma de su mano, y su querido pueblo ese lugar, inaccesible, difícil de visitar. Como tantos partió para no volver, y su ciclo de la copla quedó roto para siempre.
Piña o pino, los pueblos se secan, y solo queda un rincón para sus últimos frutos. El ruido de aquellas calles, de no hace tanto, apenas ya es un murmullo que asiente y se resigna en silencio. Solo las campanas están alerta, a sabiendas que su tañer melancólico no callará hasta que el último de nosotros calle. Es lo que nos han enseñado y será nuestro destino.














P: Evelio Tábara, 1937 - 2015
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Las sargas de la Pasión. (Rosinos de Vidriales)

Dom, 03/22/2015 - 22:27



En el trastero de la Iglesia Parroquial de Rosinos de Vidriales, debajo del coro balaustrado con un fragmento de un extraordinario artesonado mudéjar, reposan en ganchos de hierro varios rollos de grandes y sucias telas, lo que parece ser “El Monumento”. Con permiso de D. Miguel, rector del templo, y con su agradecida ayuda, comprobamos su estado más allá del polvo de varias décadas para en caso satisfactorio plantear una posible exposición.
Los más viejos del lugar lo recuerdan como “muy bonito”, pero con esa expresión que delata quien no atina a describir con otras palabras lo que representan recuerdos de juventud, familia, tradición y respeto. Respeto para unas costumbres heredadas, las que fueron tradiciones ancestrales muy arraigadas, en torno a las que la familia se congregaba, y con las sensaciones y sentimientos que la candorosa juventud vuelve imborrables. Qué difícil definir tanto cúmulo de vivencias; quizás, una vez más, nos den otra de muchas lecciones con su simple “muy bonito”.
“El Monumento” volvía cada año a los presbiterios por Semana Santa, transformándolos como por arte de encantamiento con esta variante de lo que se conoce como “arquitectura efímera”. Grandes lienzos de lino policromados, sujetos o pendientes de bastidores de madera llamados comúnmente “sargas”, montados y elevados mediante simples juegos de poleas para una rápida instalación y retirada. Uno de los objetivos era esconder el rico “pan de oro” dignificando la austeridad, la ausencia, y reflejando la tristeza por la muerte de quien era considerado salvador y guía, Jesús de Nazaret.
La pintura sobre las sargas es al temple con algún tipo de aglutinante, como huevo, cola animal, miel, aceite de nuez, etc., para poder enrollarlos y viceversa sin perder los pigmentos. La técnica era un tanto compleja, al no tener los lienzos ningún tipo de preparación para acoger la pintura, que además era de secado rápido y de difícil corrección.
El monumento, por lo general, imita una capilla con sus columnas, molduras y arcos de crucería, en la que se desarrollan escenas de la Pasión. Son típicas los soldados romanos de guardia, el lavatorio de Pilatos, la flagelación de Jesús, el beso de Judas, la crucifixión, la última cena…. también se pintan algunos útiles usados en aquella barbarie, como tenazas, martillos, clavos, escaleras…, y frases en latín referentes a las imágenes.
El monumento de la Iglesia de Rosinos actualmente consta de 3 telones de grandes dimensiones, unos 25 metros cuadrados; y un remate delantero que podría alcanzar en conjunto más de 8 metros de altura (Casi 3 pisos). Solamente una se las sargas se encuentra en mal estado: despintada y con el bastidor partido en varios trozos. Las demás, aunque acusan la edad, se pueden (y deben) exponer. Otra parte dañada es el fondo, ya que solo se conserva el lienzo sin bastidor de la parte central, una bien representada Última Cena.
Para la ya cercana Semana Santa, y sus oficios en el Santuario de la Virgen del Campo, se intentará exponer y usar este Monumento. Una mesa siguiendo la perspectiva del lienzo del fondo, la Última Cena, albergará también otra obra de arte sacro: un sagrario con la figura de un pelícano. Es una figura eucarística, por la creencia, desde el medievo, que esta ave en caso de necesidad alimenta a sus polluelos con su propia carne, picoteándose el pecho. Un símbolo muy usado desde tiempos remotos, que Santo Tomás de Aquino introdujo en su himno “Adoro te devote”: “Pie pellicane, Iesu Domine,…”(Bondadoso pelícano, Señor Jesús,…)
La suerte, y la profesionalidad del sarguero, ha querido dejarnos un importante dato, el párroco que le confió el trabajo, la fecha de elaboración y su propio nombre. Así, tras la escena central de La Pasión se puede leer “INV.º Y PIN.º ESTE MONUMENTO” (Inventó ¿? y pintó este monumento) y debajo “José de Silva” con su rúbrica. Al lado, en la misma caligrafía, “SIENDO CURA PARROCO D.ⁿ José Anton Cabrera. año de 1884.” Será interesante una futura investigación sobre el sarguero y sus obras; es más que evidente que también las sargas que se exponen todos los años en Fuente Encalada son del mismo autor, por la similitud de rasgos y formas. Por tanto se puede deducir que son de fechas similares, aunque en éste caso no dejara ni firma ni fecha.
Aunque las comparaciones son odiosas, hay que reconocer que las sargas de Rosinos son más grandes y “más bonitas” (entre comillas) que las de Fuente Encalada. Tenían razón los mayores, quienes han vivido desde niños una forma distinta la Semana Santa, vaya por ellos en especial la exposición de éste año en el Santuario del valle de Vidriales. Sus puertas abrirán para la misa de la Cena del Señor el jueves 2 de abril y para la celebración de la Pasión el viernes 3, a las 18:30 ambas; y para la Solemne Vigilia Pascual el sábado a las 21:00. Estáis todos invitados.













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... por una sonrisa, un cielo,...

Sáb, 03/21/2015 - 01:24

Esta mañana una parte importante de la humanidad, el mundo civilizado, observó directa o indirectamente el cielo. Decían que por no se cual casualidad el camino de la luna se interpondría al del sol, robándole su luz; algo que llamaron eclipse. Decían que era importante, un momento único. Cuantas máquinas con sus ojos artificiales buscarían el evento, inmortalizando el día y la hora, atrapando el instante. Y cuantas gentes de saber asistirían preocupadas a este baile de gigantes. Que suerte la suya por conseguir su objetivo; yo, por más que miré y miré, no atisbé a ver más que una enorme sonrisa celestial, de las de oreja a oreja. Una sonrisa que me ha enriquecido sin que notara pérdida alguna de valor de donde fue ofrecida, al contrario, hoy he sentido revalorizarse el firmamento. Ahora no me apetece escribir, solo seleccionar las fotos y meditar aquellos mágicos momentos. Si tan mal nos portamos aquí abajo… ¿por qué desde ahí arriba nos responden con ternura y desinterés? ¿Será porque una madre siempre perdona a sus hijos con una sonrisa…?



Fotos a través de un filtro de soldadura. Las de abajo aprovechando además su efecto espejo.


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