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El Ti Joaquin

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Actualizado: hace 3 horas 33 segs

Campanas del mi lugar... ¡¡Alerta están!!

Vie, 04/24/2015 - 22:33

Los pueblos se apagan. Sus pilares se hunden, literalmente, en la tierra. La soledad vence en la calle y la toma por suya, sin resistencia alguna. El monte hace tiempo que se ha lanzado a reconquistar lo que un día fue todo propio, y avanza sin piedad. Sólo nos queda resistir o morir, o ambas cosas por necesidad.
La despoblación rural se me antoja como una alegoría, que sólo entenderá quien haya desgranado una piña de pino piñonero. Cuando está madura, rebosante, los primeros piñones salen solos de las capas primeras, sin orden y sin afectar la estética. La piña sigue estando cerrada, hermosa, con sus increíbles alineaciones helicoidales, y con los fallos que la hacen única y especial. Pero a medida que hurgamos en ella en busca del fruto, su mayor tesoro, pierde simetría, equilibrio, armonía. Al manipular las celdas se parten, y lo que era una coraza inexpugnable comienza a sonar raro, a roto. Los últimos piñones tienen que salir a golpes, ayudados de alguna herramienta punzante. Es entonces cuando la piña cambia de orden áureo a caos total con tanta rapidez que casi en cada parpadeo desconoceríamos el todo original si no fuera que la tenemos entre las manos. Esa piña es mi pueblo; y apelo, por no maldecir, a la mano que nos sacude tan cruelmente.
¿No oís los golpes? Prestad atención: los repite el triste tañer de las campanas cuando encordan, avisando que un vecino, un nuevo piñón, muere en el pueblo; es arrebatado de la piña. A esas campanas ya nuestros ancestros le dedicaron una coplilla:
Campanas del mi lugar,sé que me queréis de veras;tocásteis cuando nací,tocaréis cuando me muera.
Aunque a decir verdad, la piña no vale como ejemplo. Más bien nos deberíamos comparar con el gigante que surge de una sola y minúscula semilla. La alegoría sería para con el propio árbol, y su raíz, de donde partieron por sus circunstancias los ayoínos que allá donde fueron repitieron el extraño y bello nombre de su pueblo, lo deletrearon y mandaron acentuar para su correcta pronunciación. Ayoínos que ocuparon otras piñas, donde allí si, las montañas, las calles, las gentes repitieran los golpes desgarradores. Tristemente, la copla pierde el sentido, y la tierra que nos viera nacer quizás no nos acoja al final de los días.
Reflejo de lo expuesto ha sido el reciente fallecimiento de Evelio Tábara, desapercibido como tantos en nuestra comunidad. Había nacido en la calle Palomares, en una casa que hacía rincón. Era el año 1937, un 2 de diciembre. De cuatro hermanos fue el tercero, y como era y es costumbre, a los pocos días en la pila bautismal de la Iglesia, tomó el nombre de su padre. En la escuela del pueblo, donde la plaza de la audiencia, aprendió las letras y los números, en aquellas viejas enciclopedias que traían un poco de todo. El ansia por saber que pronto demostró, aconsejó su ingreso en otros colegios más avanzados. Primero sería la preceptoría anexa al Santuario de la Virgen del Campo, en Rosinos, bajo el atento control de su tío, sacerdote. De allí a Cáceres, Badajoz, Roma, Madrid… En 1962 fue ordenado sacerdote en Roma, enviado a Alemania y luego a Portugal. Hasta su muerte recorrió España con su actividad pastoral, como Vicario de la Provincia Ibérica, Superior y Capellán en Cáceres, , Director de colegio en Badajoz, Capellán en los centros penitenciarios de Cáceres y Madrid… y por último, y debido a su enfermedad, en una residencia de Cáceres, donde mientras pudo celebró la misa. Su última semana la pasó en el hospital de Coria, Cáceres, donde pronunció sus últimas palabras… “Muero feliz”.
Para Evelio el mundo fue parcela conocida, Europa la vuelta de la esquina, España la palma de su mano, y su querido pueblo ese lugar, inaccesible, difícil de visitar. Como tantos partió para no volver, y su ciclo de la copla quedó roto para siempre.
Piña o pino, los pueblos se secan, y solo queda un rincón para sus últimos frutos. El ruido de aquellas calles, de no hace tanto, apenas ya es un murmullo que asiente y se resigna en silencio. Solo las campanas están alerta, a sabiendas que su tañer melancólico no callará hasta que el último de nosotros calle. Es lo que nos han enseñado y será nuestro destino.














P: Evelio Tábara, 1937 - 2015
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Las sargas de la Pasión. (Rosinos de Vidriales)

Dom, 03/22/2015 - 22:27



En el trastero de la Iglesia Parroquial de Rosinos de Vidriales, debajo del coro balaustrado con un fragmento de un extraordinario artesonado mudéjar, reposan en ganchos de hierro varios rollos de grandes y sucias telas, lo que parece ser “El Monumento”. Con permiso de D. Miguel, rector del templo, y con su agradecida ayuda, comprobamos su estado más allá del polvo de varias décadas para en caso satisfactorio plantear una posible exposición.
Los más viejos del lugar lo recuerdan como “muy bonito”, pero con esa expresión que delata quien no atina a describir con otras palabras lo que representan recuerdos de juventud, familia, tradición y respeto. Respeto para unas costumbres heredadas, las que fueron tradiciones ancestrales muy arraigadas, en torno a las que la familia se congregaba, y con las sensaciones y sentimientos que la candorosa juventud vuelve imborrables. Qué difícil definir tanto cúmulo de vivencias; quizás, una vez más, nos den otra de muchas lecciones con su simple “muy bonito”.
“El Monumento” volvía cada año a los presbiterios por Semana Santa, transformándolos como por arte de encantamiento con esta variante de lo que se conoce como “arquitectura efímera”. Grandes lienzos de lino policromados, sujetos o pendientes de bastidores de madera llamados comúnmente “sargas”, montados y elevados mediante simples juegos de poleas para una rápida instalación y retirada. Uno de los objetivos era esconder el rico “pan de oro” dignificando la austeridad, la ausencia, y reflejando la tristeza por la muerte de quien era considerado salvador y guía, Jesús de Nazaret.
La pintura sobre las sargas es al temple con algún tipo de aglutinante, como huevo, cola animal, miel, aceite de nuez, etc., para poder enrollarlos y viceversa sin perder los pigmentos. La técnica era un tanto compleja, al no tener los lienzos ningún tipo de preparación para acoger la pintura, que además era de secado rápido y de difícil corrección.
El monumento, por lo general, imita una capilla con sus columnas, molduras y arcos de crucería, en la que se desarrollan escenas de la Pasión. Son típicas los soldados romanos de guardia, el lavatorio de Pilatos, la flagelación de Jesús, el beso de Judas, la crucifixión, la última cena…. también se pintan algunos útiles usados en aquella barbarie, como tenazas, martillos, clavos, escaleras…, y frases en latín referentes a las imágenes.
El monumento de la Iglesia de Rosinos actualmente consta de 3 telones de grandes dimensiones, unos 25 metros cuadrados; y un remate delantero que podría alcanzar en conjunto más de 8 metros de altura (Casi 3 pisos). Solamente una se las sargas se encuentra en mal estado: despintada y con el bastidor partido en varios trozos. Las demás, aunque acusan la edad, se pueden (y deben) exponer. Otra parte dañada es el fondo, ya que solo se conserva el lienzo sin bastidor de la parte central, una bien representada Última Cena.
Para la ya cercana Semana Santa, y sus oficios en el Santuario de la Virgen del Campo, se intentará exponer y usar este Monumento. Una mesa siguiendo la perspectiva del lienzo del fondo, la Última Cena, albergará también otra obra de arte sacro: un sagrario con la figura de un pelícano. Es una figura eucarística, por la creencia, desde el medievo, que esta ave en caso de necesidad alimenta a sus polluelos con su propia carne, picoteándose el pecho. Un símbolo muy usado desde tiempos remotos, que Santo Tomás de Aquino introdujo en su himno “Adoro te devote”: “Pie pellicane, Iesu Domine,…”(Bondadoso pelícano, Señor Jesús,…)
La suerte, y la profesionalidad del sarguero, ha querido dejarnos un importante dato, el párroco que le confió el trabajo, la fecha de elaboración y su propio nombre. Así, tras la escena central de La Pasión se puede leer “INV.º Y PIN.º ESTE MONUMENTO” (Inventó ¿? y pintó este monumento) y debajo “José de Silva” con su rúbrica. Al lado, en la misma caligrafía, “SIENDO CURA PARROCO D.ⁿ José Anton Cabrera. año de 1884.” Será interesante una futura investigación sobre el sarguero y sus obras; es más que evidente que también las sargas que se exponen todos los años en Fuente Encalada son del mismo autor, por la similitud de rasgos y formas. Por tanto se puede deducir que son de fechas similares, aunque en éste caso no dejara ni firma ni fecha.
Aunque las comparaciones son odiosas, hay que reconocer que las sargas de Rosinos son más grandes y “más bonitas” (entre comillas) que las de Fuente Encalada. Tenían razón los mayores, quienes han vivido desde niños una forma distinta la Semana Santa, vaya por ellos en especial la exposición de éste año en el Santuario del valle de Vidriales. Sus puertas abrirán para la misa de la Cena del Señor el jueves 2 de abril y para la celebración de la Pasión el viernes 3, a las 18:30 ambas; y para la Solemne Vigilia Pascual el sábado a las 21:00. Estáis todos invitados.













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... por una sonrisa, un cielo,...

Sáb, 03/21/2015 - 01:24

Esta mañana una parte importante de la humanidad, el mundo civilizado, observó directa o indirectamente el cielo. Decían que por no se cual casualidad el camino de la luna se interpondría al del sol, robándole su luz; algo que llamaron eclipse. Decían que era importante, un momento único. Cuantas máquinas con sus ojos artificiales buscarían el evento, inmortalizando el día y la hora, atrapando el instante. Y cuantas gentes de saber asistirían preocupadas a este baile de gigantes. Que suerte la suya por conseguir su objetivo; yo, por más que miré y miré, no atisbé a ver más que una enorme sonrisa celestial, de las de oreja a oreja. Una sonrisa que me ha enriquecido sin que notara pérdida alguna de valor de donde fue ofrecida, al contrario, hoy he sentido revalorizarse el firmamento. Ahora no me apetece escribir, solo seleccionar las fotos y meditar aquellos mágicos momentos. Si tan mal nos portamos aquí abajo… ¿por qué desde ahí arriba nos responden con ternura y desinterés? ¿Será porque una madre siempre perdona a sus hijos con una sonrisa…?



Fotos a través de un filtro de soldadura. Las de abajo aprovechando además su efecto espejo.


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La pizarra de Fuente Encalada.

Vie, 03/13/2015 - 15:53



El invierno de 1992-93 no fue generoso en lluvias o nieves; más bien al contrario, las crónicas lo recuerdan por seco. Aquel año en nuestros pueblos, las labores del campo propias de la primavera se adelantaron para aprovechar el poco tempero del terreno. Apenas había comenzado marzo y ya estaba casi todo ralvado.
En el pueblo de Fuente Encalada, Pedro Delgado Ferrero, quien fuera muy conocido en el valle Vidriales, terminaba de arar una parcela cercana al pueblo, en el pago denominado Teso Sordo. Como suele suceder más a menudo de lo que se quisiera, las rejas se engancharon hasta detener el avance del tractor. El experimentado agricultor y experto maquinista lo achacó a la aridez del terreno, cambió a una velocidad más corta su Fiat, y tras un seco tirón continuó la sucada con normalidad. Pero al volver con la siguiente frente a ese incidente encontró semienterrada la causa de la detención: una pizarra. No son propias de la zona, y mucho menos enterradas, así que detuvo el tractor y bajó curioso a inspeccionarla. De forma casi triangular, y de unos 40 por 40 centímetros, aquella laja parecía tener grabadas letras en una de las caras. Retiró con la mano los restos de tierra y efectivamente, allí había algo escrito. La subió al tractor y terminó de arar la parcela. Era la hora de comer.
En casa el chorro de agua del grifo le desveló una grafía extraña, delicada y elegante. Pero solo entendió un signo en la laja de pizarra, el que la cruza casi por el centro: la marca de su propia reja. Guardó la piedra y comentó el hecho con sus amigos y vecinos, a los que siempre invitó a contemplar su hallazgo.
Había transcurrido algo más de un año cuando recibió la visita de dos personas que se presentaron como arqueólogas, interesadas en estudiar y después exponer en un museo aquella pieza. Pedro no hizo objeción alguna, al contrario, colaboró con todas las explicaciones y respuestas pertinentes. A cambio recibió una simbólica retribución económica, y años más tarde un ejemplar de la separata de la revista de Prehistoria y Arqueología Zephyrus, editada en la Universidad de Salamanca, en la que se publica este extraordinario trabajo que se puede encontrar en PDF en la red:
http://rca.usal.es/index.php/0514-7336/article/viewFile/5034/5071
En 2001, la  novena muestra de Las Edades del Hombre en la Catedral de Zamora incluyó la ya conocida como “Pizarra de Fuente Encalada” entre sus piezas expuestas. También se publicó un libro en formato de gran tamaño y con más de 700 páginas con fotos y características de todo lo expuesto. La Fundación se acordó de Pedro regalándole uno de los libros, que la familia guarda junto con la revista Zephyrus y una fotografía enmarcada a tamaño natural de la Pizarra, en un lugar destacado de la vivienda. Un bonito recuerdo de una acción noble, como la de compartir una pieza histórica para que sea estudiada y expuesta en beneficio de todos. Actualmente se puede ver en el Museo de Zamora.
La parcela de Teso Sordo se sigue cultivando. Tractores de mayor potencia, y arados más profundos no han encontrado otros restos de la pizarra que completen el escrito, para saber a quien o qué iba dedicado. Difícil saber si fue cantero o escribano quien ahondó en la superficie negruzca con su cincel de punta fina para inmortalizar su mensaje. Y más difícil es leer entre caracteres visigóticos-mozárabes, en su mayoría capitales, tan dañados e incompletos. Pero los estudios arqueológicos han descifrado un fragmento del texto que ayuda a conocer el misterioso contenido. Se trata de un pasaje de la Pasión de San Bartolomé, en la que el apóstol maldice al demonio: “Si quieres que no te haga caer en el abismo, sal de esta estatua y hazla trizas. Luego, vete a los desiertos donde ni el ave vuela, ni el campesino ara, ni se ha oído jamás la voz del hombre” (c. 6,4). En algunas oraciones contra los daños atmosféricos se emplea parte de este pasaje, como se puede ver salvo detalles, en esta pizarra. También se ha cotejado con otro hallazgo, en el mismo material, en Carrio, del concejo de Laviana, Asturias. Ambos documentos coinciden en el pasaje de San Bartolomé, además del encabezamiento y finalización. Pudiera ser, y así parece aceptado, una filacteria o amuleto contra pedriscos y temporales, datada posiblemente en un temprano siglo X.
Este tipo de conjuros, o las oraciones a algunos santos invocando protección, o toques de campana para alejar o disolver nubes de tormenta, vienen a confirmar la eterna indefensión de las gentes del campo, agricultores y ganaderos, frente a las adversidades climatológicas. Se dice, con razón, que “por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico, un abogado, un arquitecto…, pero todos los días, al menos tres veces al día, vas a necesitar un agricultor” (o ganadero). Han sido, son y serán tan necesarios que paradójicamente también siguen siendo el escalafón más bajo de la sociedad, constantemente humillados por los caprichos del mercado. Fieles y luchadores, siempre implorando al cielo, pero afortunados por tener toda la tierra a sus pies, para ellos mi pequeño homenaje; que concluyo con un dicho popular:-         ¿De que te quejas, labrador honrao?-         Unas veces por seco… y otras por mojao.







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El antruejo de Alixa (Alija del Infantado)

Dom, 02/22/2015 - 23:38





Una treintena de figurantes y el patio de un castillo de finales del medievo: interesante mezcla, bien sazonada con tradición ancestral, para disfrute de cuantos se acercan cada año a Alija del Infantado el sábado previo al Martes de Carnaval. Acontecimiento declarado Fiesta de Interés Turístico; merecidamente, esa es la sensación general del público, tras ser arte y parte en el desarrollo de una representación arcaica. A mi modo de ver, se debe de entender y valorar, desde algunas fases claras, la evolución de este un rito milenario.

Así tenemos un ejemplo de sincretismo y otro de adaptación para espectáculo. El primero sería la convivencia con las ceremonias cristianas, con inclusión de personajes y monumentos religiosos como son Doña Cuaresma y la Iglesia de San Verísimo, y elementos laicos, como son la Corregidora o el Castillo-Palacio. El otro es la representación para un público, como llamada turística, concentrando en un solo punto lo que antaño ocurría por todo el pueblo. Esto último ha requerido la vuelta al origen, al fundamento, a la rareza que lo hace ser un antruejo único y especial.

La historia comienza en Alixa, poblado celta precedente a la actual Alija del Infantado, situado en el patio amurallado del castillo, aderezado con varios elementos típicos: sobre las hogueras penden los calderos para cocinar, las pieles secan sobre bastidores, y símbolos y talismanes marcan límites a la aldea. Aparece la figura del druida, un sacerdote con largo sayo de lino que cubre con pieles la cabeza; en voz alta invoca a los dioses solicitando protección, avisando del inminente peligro que solo él puede presentir. Entonces el Gran Jurru despierta de un sueño anual y convoca a sus guerreros. Cada vez más nerviosos y agitados aparecen por todos los rincones para reunirse en torno a su líder. Sobre las vestimentas blancas ciñen un fajín rojo, y correas sujetando esquilas y cencerros. En sus cabezas melenudas despuntan diabólicos cuernos, y poblados bigotes y barbas indican desaliño y dejadez. En el desfigurado rostro resaltan bocas y ojos sangrientos, henchidos por el odio. Con destreza manipulan largas tenazas provistas de dientes de sierra, diseñadas para agarrar y no soltar. Sus atributos son el fuego, la bronca, la burla o cualquier tropelía que acabe con el silencio y la paz. El mensaje que reciben del Gran Jurru es claro: deben salir a jurrar por Alixa. Con sus saltos, carreras y andares cómicos recorren el poblado, armados con sus tenazas, incomodando a los castrones, sus pacíficos moradores. Harto de los desmanes, el Castrón Mayor reta a luchar al Gran Jurru contra su mejor guerrero. La lucha es intensa, sin reglas, a muerte; pero acaba prevaleciendo el castrón, obligando al malvado Jurru y a sus secuaces a deponer las armas y rendirse, siendo conducidos a las mazmorras del castillo, y después, sin juicio previo, condenados al averno eterno. En otro tiempo, el jefe era después quemado colgado de un árbol.

Es fácil sentirse castrón al verse amenazado por los Jurrus. Pero también es bueno saber como se siente un Jurru, así que he recurrido al testimonio de una incondicional figurante: María Guadalupe Martínez. Amablemente nos explica el ritual de la vestimenta y de la fiesta en general. La camisa es de “tirillas”, sin cuello, y como el calzado, los guantes y los calzones, todo debe ser blanco. Antiguamente parece ser que el fajín podía ser un “pañuelo de Tiber”, pequeño mantón o pañuelo de hombros en el que prevalece el rojo. Un pañuelo blanco también rodea el cuello, las orejas y el cabello; es necesario ocultar por completo cualquier rasgo para no ser reconocido. Por último, las máscaras, llamadas popularmente “carantoñas” eran de madera, labradas a mano, sustituidas posteriormente por las de cartón, más ligeras y fáciles de construir. María nos describe la fiesta completa, las comparsas del lunes por la mañana, y los quintos corriendo tras la gente, especialmente las mozas, para untarle la cara con tizones, o últimamente con pintalabios. El martes era el día grande, en el que junto a los jurrus participaban antruejos y un “toro”. Y el miércoles se celebraba “el entierro de la sardina” para concluir la fiesta.

Es una tardía mascarada de invierno representando la trama clásica: el fin del invierno, sus días cortos y fríos y el comienzo de la primavera fertilizadora; el conflicto entre orden y caos con final feliz. Entre disfraces con feas máscaras, sonoros cencerros, pieles y amuletos, con declamaciones propias de aquella era, y con grandes dosis de alegría e ilusión, el espectador se ve atrapado y obligado a participar, nadie queda indiferente. Una permanente banda de percusión pone ritmo étnico al acto, y unos cuantos fuegos luz y calor. Se dice que puede ser uno de los carnavales más antiguos de la península, y razón no ha de faltar. A la vista está la evocación a otros tiempos, otras culturas. Es llamativa, por ejemplo, la presencia en escena de un maestro de ceremonias, invocando a los dioses para pedir ayuda, que nos recuerda al druida, mezcla de sacerdote, juez y hechicero, indispensable en el orden comunal celta. Las pieles que adornan el poblado, las polainas de los Jurrus o que cubren los Castrones, son vestigios de la actividad ganadera de los pueblos astures, mucho más importante que la agrícola. Pero las vestimentas blancas revelan otro rasgo: conocían, cultivaban y tejían el lino. Las máscaras de los jurrus provocan más recelo que miedo, es la encarnación del mal presente en todas las culturas, el eterno juego entre lo bueno y lo perverso. En un par de horas, y fieles a la etnografía, vemos como tras un antruejo se esconde una gran historia que los alixanos se empeñan cada año en recordarnos.

Como en los buenos acontecimientos, la despedida al público se hace con dulzura, en forma de chocolate y pastas. Buen sabor de boca, también literal, nos hemos llevado de Tierras de La Bañeza de parte de los vecinos de la vieja y nueva Alixa. El año que viene es menester volver; os invito, de corazón, a pasar un rato ameno reviviendo curiosas costumbres ancestrales, únicas e imprescindibles en la historia de nuestra comarca.

Antruejo de Alija del Infantado, tradición en estado puro.





























Reportaje televisión 8 León
                      
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1 de febrero, preludio de primavera.

Lun, 02/02/2015 - 23:49


He oído decir, que si en los primeros instantes de febrero no se repican las campanas, será signo de mal agüero. Los hacedores de pedrisco, “los diablos que amasan la piedra”, comienzan entonces sin descanso a producir y almacenar granizo con el que destruir todas las cosechas del año. Según dicen, esos seres malignos y despiadados solo se amedrentan con una cosa, que el tañer de las campanas haga eco en sus grandes y afiladas orejotas. Su pequeño cerebro no es capaz de asimilar ese sonido metálico y huirán a su lejano mundo hasta un nuevo febrero. Por eso las gentes están alerta, y en muchos campanarios esta noche, esté como esté, las campanas volverán a vibrar con fuerza, así ha sido en Ayoó de Vidriales y así deberá continuar.
La rato se presentaba muy frío, sin nubes, con una luna creciente iluminada en un 91%. Tanta claridad no es impedimento para distinguir las estrellas más brillantes y orientarse entre constelaciones, vigiladas de cerca por el gigante errante, padre de dioses y de hombres: Júpiter, padre también de la luz. En el cénit campa a sus anchas una escena de montería: Orión el cazador, dos perros y una liebre; sobre el cuadro unos mellizos con la luna a los pies, flanqueado por un toro, un cangrejo y un lejano león que viene trotando por un camino de estrellas. No ha tantos años con una piña de ellas alguien descubrió un reloj con forma de arado, consultado a cualquier hora de la noche para computar los sueños y las tareas; allá se ve, al poniente. Y también desde el alto se ve el gran carro, los Septem Triones romanos en su lento caminar en el círculo de la vida. Cuanta leyenda en un puñado de soles lejanos.
El toque de esta noche, bien documentado en el viejo reino de León y en algunas zonas de España, es uno de los muchos enigmas sin respuesta. El origen se acepta como la cristianización del rito celta de “Imbolc”; la veneración a Santa Brígida de Kildare. Ni una sola imagen de esta santa ocupa hornacina en nuestros retablos, ni un solo templo consagrado a la patrona de Irlanda, al contrario de Santa Bárbara, nominada contra las tormentas y con representación en muchos lugares. Pero todos y cada uno de los años Santa Brígida está presente en nuestro más íntimo acervo popular, y en las torres de las iglesias se alternan campaneros dispuestos a prolongar la tradición.
Nuestras campanas voltearon, y repicaron, porque es el “día de Santa Brígida”. En Congosta hacen lo mismo para “echar a enero fuera” y en otros sitios para alejar los renuberos. Pero este toque es mucho más que eso, es una gran fiesta invernal preludio de la primavera: 31 de enero (noche y víspera), 1 de febrero Santa Brígida, 2 de febrero Las Candelas, 3 de febrero San Blas (la cigüeña verás) y 5 de febrero Las Águedas. A lo ancho y largo de nuestra geografía son todavía días festivos reconocidos. Nada, al parecer, comparado con la repercusión que tuvo en otros tiempos. Ésta fiesta se me antoja como la mañana de viernes de un fin de semana primaveral.
Como natural de Calzada de la Valdería, pueblo con larga tradición de toque de campanas para deshacer las nubes de tormenta, y como afincado en Ayoó y campanero de Santa Brígida, termino con una inscripción curiosa, que he encontrado en Internet, grabada en una campana:“Funera plango, fulmina frango, sabbata pango, excito lentos, dissipo ventos, paco cruentos.”Traducido podría ser: (En los funerales lloro, quiebro los rayos, llamo a fiesta; apresuro a los perezosos, alejo las tormentas, pacifico el derramamiento de sangre.)
Y también con estos versos, como homenaje a campanas y campaneros:
Campana de mi lugar,tú si que me quieres de veras,tocaste cuando nací,tocarás cuando me muera.
SANTA BRÍGIDA


http://www.ecured.cu/index.php/Santa_Br%C3%ADgida_de_Kildare_,Abadesa
Campanas y campaneros 2015











Enlaces de interés:
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2012/07/meparece-imposible-hablar-de-mi-pueblo.html
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2014/03/el-cacho-la-truena.html
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2013/02/santa-brigida-y-los-renoberos.html


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"Y todas las aguas se convirtieron en sangre", segunda parte.

Jue, 01/29/2015 - 20:26



Escribo contento y satisfecho el presente artículo por varios motivos: el más importante sería haber llamado la atención sobre un tema que me preocupa casi tanto como extraña, que es mucho: unos residuos rojos en el agua de lluvia recogida. Para quienes no conozcan la parte primera:
http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2015/01/exodo-7-20-y-todas-las-aguas-se.html
Ya varias personas me han aportado sus hipótesis en torno a la explicación del fenómeno meteorológico, cada cual según su forma de ver las cosas. Voy a resaltar una de ellas, publicada el día 23 de enero en el Adelanto Bañezano, semanario comarcal de las Tierras de La Bañeza:
http://adelantobanezano.com/?p=27276
El autor del artículo, Javier Fernández Lozano, aparte de un amigo y de otros muchos títulos incluso más allá de nuestras fronteras, es, por resumir mucho, Doctor en Geología, Topografía y Fotometría, investigador y profesor en la Universidad de Salamanca. (En un próximo artículo desgranaremos su vertiginosa trayectoria académica y profesional, máxime cuando cuenta con poco más de 30 años). Javier nos aporta una muy buena explicación, al menos para algunos casos estudiados. Faltaría corroborar éste con las pertinentes pruebas de laboratorio y comparar. Me gusta su estilo de exagerar la situación para captar el interés del lector, y una vez metido dentro del artículo argumentar y enseñar un mucho de ciencia. Muy bien.
Yo solo sé que no sé nada, y aparte de exponer públicamente mi preocupación y extrañeza, también he seguido los pasos de la lógica para ahondar en la investigación y publicar resultados. Lo primero que hice fue mirar al microscopio las muestras rojas, como es obvio. De mis hijos tenemos dos microscopios, ambos poco más que de juguete y por tanto con importantes aberraciones ópticas. Con ellos ya se intuyen unas finísimas “células”, pero con muy mala calidad de visión.
El siguiente paso fue contactar con otro gran amigo, Manolo Cabezas, gran naturalista y muchos años profesor y director del CEIP “Sansueña”, para preguntarle acerca del laboratorio de éste colegio de Santibáñez de Vidriales. De los varios microscopios me recomendó uno, que por varios días me prestó con agrado el equipo directivo. Muchísimas gracias, ha supuesto una gran ayuda para descubrir un poco más la naturaleza de las pequeñísimas “células”. Como ya dije, mi intención también era publicar los resultados, esperando que alguien coteje este caso con otros parecidos y solucionados, pero lo que yo pudiera ver me tenía que ser muy difícil de contar.
Así que probé a fotografiar a través del ocular, con unos resultados bastante buenos, que resultaron muy buenos con la técnica de foco primario y ayudado del zoom de la cámara. Tengo una Olympus SZ-31MR, y abajo dejo unas tomas fotográficas con los objetivos 10-0,25 y 40-0,65 del microscopio y hasta 24X del zoom, pero no sabría hacer el cálculo de los aumentos reales. Eso lo dejo para los entendidos.
Desde mi profunda ignorancia veo infinidad de diminutas perlas rojas, de color muy vivo al microscopio, realmente preciosas. Aparentemente se reúnen en comunidades, o en filamentos, aunque creo que es producto de la alta concentración, puesto que se ven muchas solas y aisladas. No se aprecian aplastadas, tipo glóbulo rojo, son esféricas y ligeramente deformadas cuando se apoyan en las compañeras. Eso revelaría un efecto conocido del medio en el que se encuentran, el agua. Y por último se ven otras de mucho menor tamaño y de color verde muy claro; estas son, entiendo yo, las normales y causantes del color verdoso que adquiere de forma natural el agua estancada.
Termino agradeciendo a todos la atención prestada, al Adelanto Bañezano y a Javier por la publicación, a Manolo, y al personal del centro por tan valioso préstamo y a todos los lectores por el tiempo dedicado en seguir éste vuestro blog. Por supuesto continuo investigando hasta encontrar similitud entre estas “perlitas” con las de otros estudios realizados. De momento lo único que he encontrado parecido en Internet en una muestra de la famosa lluvia de Kerala, todavía objeto de intenso debate. Abajo os dejo la foto para que comparéis. Fascinante, a que sí.











Abajo, células rojas de la lluvia de Kerala. Foto eltiempo.tv.




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La bendición de San Antonio Abad

Sáb, 01/17/2015 - 19:19


Sábado 17 de enero, son las 11 de la soleada mañana. En Ayoó toque de campanas a misa, es la llamada para la fiesta en honor a San Antonio Abad, “diecisiete de enero, San Antonico verdadero”, como nos recuerda el dicho popular. Padre, (abad), y primer anacoreta, tutor de los animales por interpretación errónea; por ese cerdito a los pies como atributo se le ha encomendado popularmente la protección de los animales. Por otra parte nada ajeno a su forma de vida, él vivió solo, alejado de las urbes, integrado en la naturaleza y sus criaturas. Cuentan las crónicas que solo se alimentaba de pan y agua, y en constante meditación. Totalmente eximido de causar dolor a ningún ser; candidato perfecto, pues, para tan afectuoso cargo.
Temprano, llegó nuestro párroco Don Miguel; gustoso, como siempre que puede, de charlar al sol con sus feligreses. Esta vez acudimos más de medio centenar para continuar el rito de pedir intercesión y amparo para quienes comparten nuestro humano techo. En representación de todos, llevamos alguno para solicitar bendición al término de la misa, como es tradicional. Mayoritariamente perros, inseparables compañeros, guardianes y delegados del orden en el mundo rural animal. Pero también un cabritillo… y una cierva que defendió con valentía y confianza el derecho de protección para sus compañeros y vecinos allende los muros. Nuestra religión los incluye: “todos somos hijos de Dios” (Colosenses, 1:16).
El agua bendita estuvo abundante, lo mismo que la alegría en la ceremonia con los animales. Hoy todo estaba permitido, ladridos de impaciencia o de autoridad, berridos interrogadores y comentarios sobre el comportamiento del corro formado. Siempre es de agradecer la atención de Don Miguel con nuestro pueblo, y de proporcionarnos estos ratos de armonía.
Una de las anécdotas más curiosas que se pueden leer sobre los santos, tiene por protagonista a San Antonio Abad, en el pueblo de Trigueros, Huelva. Durante el movimiento antirreligioso de la Segunda República, el alcalde, socialista, y muchos triguereños temieron por la imagen de su Señor y Patrón San Antonio, por lo que decidieron afiliarlo al sindicato UGT. Parece ser que entre 1932 y 1936 se procesionó el santo con un carnet colgando de la muñeca que decía: “Nombre – Antonio Abad. Edad – 105 años. Profesión – Santo. Vecino de – Trigueros. Actividad en el sindicato - Varias”. La procesión religiosa se convirtió entonces en manifestación legal y autorizada; el respeto a la “militancia” lo salvó del fuego. Una historia real que demuestra que la fe y la ideología no tienen por qué estar reñidas
Foto: http://www.diezrazones.es/localidad/Trigueros


Algún observador se habrá fijado que no uso el vocablo “mascota”, ese que nos llega del francés para definir lo que no me parece fácil de concentrar en una palabra. Es curioso que en nuestros pueblos, donde más se vive rodeado de animales, no se use ese término ni ningún otro para designarlos. Será que no sabemos expresar nuestros sentimientos con quienes comparten nuestras enormes casas, no un par de habitaciones de un pequeño piso, y esa sea la diferencia. Porque nuestros animales, a los que muchas veces paradójicamente damos muerte por ley de vida, son mucho más que un juguete o amuleto encerrado, un animal urbanizado; aquella pequeña vivienda-granja-escuela rural que fue nuestro hogar nos enseñó a compartir espacio y trabajo con animales de todo tipo. Desde niños aprendimos el equilibrio entre el respeto y su verdadera función en la casa, y desde luego, la ausencia de uno solo siempre hizo hueco en nuestro agujereado corazón. 























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